Cada uno tiene el derecho de ser escuchado y tener sus propias creencias. Pero nunca podemos imponer y exigir que todos piensen y actúen según la visión de un determinado grupo de personas. Vivimos en una sociedad democrática. Por supuesto existen distintos puntos de vistas, distintas opiniones. Eso no es un problema. Estaríamos hablando más bien de un autoritarismo, o, como algunos dicen, la democracia de la minoría. Eso es lo que buscan los difusores de la ideología de género ((http://revistavive.com/destruccion-de-la-familia/)), enseñando a los niños, desde temprana edad (hablamos de 6 años, niños de primero de primaria), con material de estudio, que más parecen libros de sexualidad, en vez de una sana educación en valores. Son 4 cursos, en los que esa ideológica postura, quiere promover una nueva cultura, en la que ya no se hable de sexos masculino y femenino – evidenciados por la genética, y la visible morfología. Con la excusa de que se debe “abrir los ojos a los jóvenes sobre nuevas tendencias culturales”, lo que pasa en la práctica es presentar esa postura como lo normal que debe ser aceptado. No se enseña la evidente naturaleza humana. En el mejor de los casos, podría enseñarse dichas posturas “actuales”, pero de modo crítico, dejando claro, además, que son propuestas que no están de acuerdo a la evidencia natural humana, que repito, se trata de una sexualidad complementaria entre un hombre y una mujer.

No me opongo al diálogo. Pero se debe favorecer una sana búsqueda de la verdad. Sin embargo, lo que vemos actualmente, es la insensatez de una ideología ((En ciencias sociales, una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus sistemas específicos, como son el económico, social, científico-tecnológico, político, cultural, moral, religioso, medio ambiental u otros relacionados al bien común. Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción. La representación proporciona un punto de vista propio y particular sobre la realidad vigente, observándola desde una determinada perspectiva compuesta por emociones, percepciones, creencias, ideas y razonamientos, a partir del cual se le analiza y compara con un sistema real o ideal alternativo, finalizando en un conjunto de juicios críticos y de valor que plantean un punto de vista superior a la realidad vigente. El programa de acción tiene como objetivo acercar en lo posible el sistema real existente al sistema ideal pretendido. https://es.wikipedia.org/wiki/Ideolog%C3%ADa)) que no quiere aceptar la realidad ((La realidad es aquello que acontece de manera verdadera o cierta, en oposición a lo que pertenece al terreno de la fantasía, la imaginación o la ilusión. Lo real, por lo tanto, es lo que existe efectivamente. http://definicion.de/realidad/)), que se puede apreciar por el sentido común. Encerrada en una burbuja, tarde o temprano se derrumbará, al enfrentarse contra la realidad, que siempre termina por imponerse. Lo triste y lamentable son las próximas generaciones, hijas de esta “renovada educación”, que vivirán una profunda frustración, fruto de una bizarra crisis de identidad.

Esta ideología acomoda la natural realidad (que según ellos supuestamente no existe) según intereses personales, lo cual lleva a actuar de modo contrario a la evidencia sensata, que por siglos ha aceptado la complementaria y necesaria relación entre el hombre y la mujer. Poco a poco se crea una nueva cultura, la cual no permite la sana realización personal, puesto que sólo puede darse si es que se vive de acuerdo a la recta sexualidad. Cuando hablamos de “naturaleza” –en este caso humana– vale la pena decir que se trata de “algo” –por decirlo de alguna manera más sencilla– que hace una persona hombre o mujer. Si negamos la existencia de esa naturaleza, entonces “construimos” ((El constructivismo plantea que nuestro mundo es un mundo humano, producto de la interacción humana con los estímulos naturales y sociales que hemos alcanzado a procesar desde nuestras “operaciones mentales (Jean Piaget). Esta posición filosófica constructivista implica que el conocimiento humano no se recibe en forma pasiva ni del mundo ni de nadie, sino que es procesado y construido activamente, además la función cognoscitiva está al servicio de la vida, es una función adaptativa, y por lo tanto el conocimiento permite que la persona organice su mundo experiencial y vivencial, La enseñanza constructivista considera que el aprendizaje humano es siempre una construcción interior. Para el constructivismo la objetividad en sí misma, separada del hombre no tiene sentido, pues todo conocimiento es una interpretación, una construcción mental, de donde resulta imposible aislar al investigador de lo investigado. El aprendizaje es siempre una reconstrucción interior y subjetiva. El lograr entender el problema de la construcción del conocimiento ha sido objeto de preocupación filosófica desde que el hombre ha empezado a reflexionar sobre sí mismo. Se plantea que lo que el ser humano es, es esencialmente producto de su capacidad para adquirir conocimientos que les han permitido anticipar, explicar y controlar muchas cosas.

(https://www.ecured.cu/Constructivismo_(Pedagog%C3%ADa)#Concepci.C3.B3n_filos.C3.B3fica_del_Contructivismo))) las cosas según esa ideología propuesta. Es algo totalmente arbitrario y relativista. Dicen ellos que lo único que rige nuestra consciencia genérica son creencias o ideas, regidas por las tendencias y circunstancias culturales actuales, que cada vez más se pone a espaldas de la realidad. Solamente con los pies en el suelo anclados firmemente en la realidad, se puede construir algo positivo. Lo resto es pura ilusión, que no tiene ningún asidero fundamental.

Albert Einstein escribió alguna vez: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Critica la indiferencia de los “buenos”, que permiten la escalada descontrolada de los perversos. Estos “buenos” son una verdadera lacra social, pues no construyen nada, sino que, a sabiendas de una equivocada ideología, permiten el caos cultural que de ello se origina.

Obviamente, esta postura malévola de los “buenos” tiene muchas causas. Sin embargo, quiero resaltar simplemente una de las tantas. En muchos casos, los problemas que existen son hijos de la pereza de aquellos que podrían salir al paso y enfrentarse contra la actual ideología de género. Con mucha alegría vemos la impresionante convocatoria que se formó para dejar claro el día 4 de marzo, que “con mis hijos no se metan”. Si los que, supuestamente, conocen y entienden lo que está pasando no hacen nada, entonces estamos a merced de los que sí quieren proponer una visión, que tristemente deforma y tergiversa la verdad de las cosas. No hay tiempo para la poquedad y cobardía. El tiempo apremia y demanda una acción decidida. Decir: “Es imposible contrarrestar la ola ideológica que se viene gestando hace décadas”, es fruto de esa pereza. Son excusas de los que no están dispuestos a enfrentar una auténtica batalla cultural. Así estamos. No nos dejemos engañar por aquellos que tienen la “cara dura” para decir que no existe la “supuesta” ideología de género.

© 2017 – Pablo Augusto Perazzo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista “Vive” de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

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