En muchos países del mundo es cada vez más común que existan leyes donde todos somos donantes al morir; quien no desee ser donante de órganos deberá expresarlo en vida para que su voluntad sea respetada.


Cada año se realizan más de 100.000 trasplantes de órganos en el mundo, frente a una lista de espera promedio de 250.000 personas. Muchos pacientes mueren a diario esperando algún donante.


Donar órganos, es un verdadero acto de caridad; sin embargo, deben respetarse algunas exigencias éticas:

  1. En el caso de un donante vivo, es necesario que haya consentimiento y ausencia de riesgos desproporcionados para la salud
  2. En el caso de órganos vitales, sólo es ética su extracción cuando la persona ha fallecido
  3. Es un acto de donación. En consecuencia, al ser el cuerpo sagrado, no es un objeto de mercado.

“El acto de amor que se expresa con el don de los propios órganos vitales es un testimonio genuino de caridad que sabe ver más allá de la muerte para que siempre venza la vida” SS Benedicto XVI

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