Mesianismo.
En el mundo empresarial pueden darse estilos de liderazgo con sesgos mesiánicos en los que la dinámica organizacional gire en torno a una persona que se considera a sí misma “salvadora”. En momentos de crisis existe el riesgo de esperar soluciones mágicas o inmediatistas. La realidad nos ha demostrado que el cambio no es posible si se sustenta en una sola persona por más capaz que sea.
El líder mesiánico está nublado por su propia soberbia: se pone a sí mismo como medida de la realidad, juzga a los demás como incapaces, confunde su propio pensamiento como si fuera la realidad total. Ve su entorno como amenazante cuando alguien lo contradice. Mira con desconfianza todo lo que no encaja con su forma de pensar. Este estilo de liderazgo es frágil pues genera dependencia y poco compromiso entre los miembros de la organización.
La antítesis o cura frente a este estilo de liderazgo es la humildad. La persona humilde se descubre necesitada de los demás; sabe que la verdad no es poseída, sino que debe ser descubierta; tiene una sana desconfianza de sí mismo que lo lleva a verse necesitado de los demás, y por ello recurre al consejo, escucha activamente a sus colaboradores en quienes busca un apoyo para suplir sus propias deficiencias. Es capaz de integrar más que dominar, de inspirar más que dogmatizar, de proponer más que imponer.
El mundo y las organizaciones necesitan líderes que lejos de ponerse a sí mismo como centro de la realidad inviten a todos a una participación activa y responsable. En las organizaciones las reales transformaciones se dan en un marco colaborativo que incluya unidad y complementariedad.
La verdadera transformación se da cuando cada uno asume la responsabilidad en su propia vida, empezando por el propio cambio personal, que no es delegable ni transferible a una persona o dependiente de una circunstancia externa. Resulta peligroso e insensato delegar a otros lo que es patrimonio nuestro, es decir, la conciencia de ser coherentes con nuestros valores, la libertad de optar basada en éstos, y la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros actos.

© 2017 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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