Trabajo en equipo.

Uno de los principales focos del liderazgo debe estar centrado en la alineación del equipo a su cargo para que todos apunten a una sola dirección. Esto no significa que todos piensen igual o que todos propongan soluciones homogéneas, pero sí que compartan una visión común del horizonte al que quieren llegar.

Para ello, cada miembro debe entender cuál es su aporte específico en ese horizonte común y cómo cada una de las áreas de la organización debe interactuar entre sí para lograr las sinergias adecuadas.

Existen diversos obstáculos que impiden la cohesión de un equipo de trabajo. Uno es la dispersión de fuerzas. Al no haber un discernimiento claro cada uno interpreta sin considerar al resto cómo debe hacer uso de su tiempo y energía, pero sin tener en cuenta al resto del equipo. Es como si en una carrera de remos cada uno decidiera hacerlo a su ritmo y en direcciones opuestas.

Otro riesgo es el eficientismo que busca resultados en el corto plazo y de manera individual. En estos casos se logran los objetivos de manera individual, pero sin ser discutidos y aceptados por el grupo de trabajo. Incluso si el líder llega a tomar decisiones apropiadas, si éstas no han sido entendidas, aceptadas y asimiladas por el grupo humano no darán los resultados esperados o sólo serán de corto aliento.

En el proceso de implementación surgen resistencias internas culturales frente al cambio. Es necesario darse el tiempo también para verificar si lo que creemos que las personas han entendido de las decisiones tomadas son las que tenemos como expectativas.

La alienación del equipo de trabajo no se da de un momento a otro, ni por mandato. Se va construyendo día a día a través de relaciones y compromisos duraderos que vayan generando un ambiente de confianza y cooperación mutua.

En la medida que los miembros de la organización miren en la misma dirección, sean partícipes de la misión y tengan la motivación para implementar los cambios necesarios la empresa pondrá cimientos sólidos pues tendrán su fundamento en un cuerpo cohesionado y no en esfuerzos aislados.

© 2017 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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