Estilo agresivo

Generalmente se ha asociado al modelo triunfador con una personalidad agresiva, en la que la fuerza parecería tener la última palabra para obtener las metas. Si bien existen algunos rasgos positivos, como por ejemplo la tenacidad, muchas veces la forma de llegar a esos fines es errada y genera malestar en el proceso.
Este estilo puede fácilmente caer en autoritarismo, y dominación, lo cual va mermando la apertura y creatividad de los miembros del equipo que se ven intimidados o cohibidos de expresar opiniones que difieran de la del líder agresivo. Las actitudes agresivas de los líderes van generando en los subalternos una experiencia de resentimiento, sensación de no ser tratados con justicia. Incluso si obedecen las órdenes lo hacen por miedo y no por convicción.
Lo más dañino para la organización es cuando se dan agresiones que atentan contra la dignidad de la persona, tratándolas de manera despótica o con actitudes que hieren al otro.
En estos casos la herida del resentimiento es más profunda lo cual imposibilita una adhesión a las órdenes o lineamientos futuros.
En vez de tener un modelo en el que uno se impone e intenta ganar su posición frente al otro se debe implementar un estilo de trabajo cooperativo en el que las dos partes miran juntos en una misma dirección, en las que se propone y no se impone. Lejos de promover la polarización de posturas en la que una opinión vence a la otra, se trata de rescatar los puntos positivos y valorarlos para construir una dinámica positiva.
Un líder que tiene personalidad fuerte debe saber detenerse ante las necesidades de los demás, y orientar la dinámica organizacional en una dinámica positiva que a la vez que es desafiante es constructiva, que puede ser firme pero siempre motivadora.
La agresividad en sí misma puede ayudar en ciertos casos para ser determinante frente al peligro y decidido para luchar contra el mal. No se trata necesariamente de reprimir la agresividad, sino de saber canalizarla adecuadamente de tal forma que se encauce y sirva como sustento para fortalecer al equipo, sostenerlo en la adversidad.

© 2017 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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