Es importante identificar el estilo de trabajo de cada persona para orientarla adecuadamente. Los trabajadores que tienen un estilo pasivo, a diferencia del estilo perfeccionista descrito en el artículo anterior, suelen ser personas que tienen dificultad para asumir responsabilidades.

Expresan desánimo o frustración, ansiedad, resentimiento, o desmotivación hacia las tareas. Es importante ayudar a quienes tienen un estilo pasivo a identificar qué los motiva o qué los está frenando. En muchos de los casos, por ejemplo, la persona no se siente capaz de emprender la tarea asignada y por eso evade sus responsabilidades. Si el líder acentúa en exceso sus defectos o presiona por el cumplimiento de metas probablemente el trabajador se bloqueará aún más disminuyendo su capacidad de reacción.

Muchas veces el estilo pasivo de trabajo se caracteriza por postergar indefinidamente las decisiones pretendiendo un rango de certezas para no equivocarse, afectando así la dinámica organizacional que requieren decisiones en situaciones de incertidumbre. Se debe educar a la persona en la capacidad de asumir los riesgos y a responsabilizarse de las decisiones positivas o negativas sin justificarse o desviar la responsabilidad en su entorno inmediato. Incluso las equivocaciones son oportunidades formativas en las que el trabajador puede aprender desde un refuerzo positivo que acentúa el aprendizaje obtenido del error más que a la censura, la cual inhibiría aún más al trabajador en futuras situaciones.

Se sugiere un tipo de acompañamiento que permita al trabajador ir dando pasos progresivos en la complejidad de las tareas asignadas para evitar un exceso de ansiedad que disminuya la productividad. También será de ayuda una retroalimentación frecuente que sea positiva ayudar al trabajador a ir ganando confianza en sí mismo resaltando sus logros cotidianos por más pequeños que parezcan.

Cuando la razón de la pasividad es la falta de motivación entonces se deberá buscar tareas significativas en las que el trabajador descubra cómo su aporte hace la diferencia. Así mismo frente al temor de la ambigüedad es de mucha ayuda tener claridad de un plan de carrera y desarrollo en la organización canalizando los ideales que son un motor positivo para la acción.

© 2017 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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