Después de la Vigilia Pascual, conversé con un amigo sobre la experiencia de encuentro con el Señor Resucitado a través de la liturgia. Comparando con su parroquia, me preguntó: ¿Y aquí dónde resucitó Jesús? Debo confesar que me marcó en lo profundo. Mi experiencia era enteramente distinta y me hizo preguntarme porqué para él no había sido así. La respuesta, intuí, estaba en la liturgia. He venido meditando y rezando, tratando de comprender. Aquí expongo lo que logré vislumbrar:

Todo en la vida de Jesús revela quién es y su amor por nosotros. Siempre lleva a sus interlocutores hacia el encuentro con su Corazón. Así toda su vida es un acto litúrgico, sus acciones son litúrgicas. ¿Por qué esto? Porque llevan a lo esencial, porque a través de signos revela lo que permanece, lo fundamental.

«No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos». Estas palabras de Saint-Exúpery fueron una luz en el camino. En la liturgia de la Iglesia, todo está dispuesto para que siguiendo las acciones del Señor, nos encontremos y nos configuremos con Él. Estos signos visibles apuntan a ver lo esencial, enseñan el camino, lo descubren. Pero es la persona quien decide recorrerlo, quien debe abrirse, acoger el misterio que se vive y adherirse a ello. Sólo lo verá si hace silencio y ve con el corazón, si ve más allá de lo visible para encontrarse el Señor Jesús y su obra reconciliadora.

El sacerdote representa a Cristo, es signo visible de Él. Su actitud hace parte de los gestos litúrgicos. Por tanto, la liturgia no es obra del sacerdote, es obra de Jesús, que en su Iglesia, en la comunidad toda del pueblo de Dios manifiesta el querer encontrarse con cada uno de nosotros. De ahí que los sucesores de los Apóstoles, enviados de Jesús, sean los responsables de que los actos en la liturgia sean expresión viva de Él y de su vida. Por eso, la liturgia se vive en comunión con toda la Iglesia.

[pullquote]La liturgia no es un show, no es un espectáculo, no es un concierto donde el cantante es admirado, pero no se le conoce, donde entretiene a un público que no conoce. No es un momento efímero, simpático, cautivador por sus adornos, lleno de sorpresas. Es expresión de Alguien que quiere encontrarse con cada uno: en el silencio, en lo que permanece, en lo que no caduca, en lo que no muere, en lo que vive, en lo más profundo del interior.[/pullquote]

Es el misterio de un encuentro con Alguien, con Jesús, que en la humildad de los gestos litúrgicos se hace presente y nos prepara para que nos fijemos en lo esencial: el Amor con que nos ama. ¡En cada Misa el Señor muere y resucita por cada uno de nosotros para llenarnos de su amor! ¡Cada liturgia es un encuentro con el misterio pascual de Jesús!

Así que si volviera al momento de la pregunta, respondería: en el corazón. La alegría que viví ese día es una que permanece, producto de un encuentro, de una amistad, una que es muestra de la unión con una persona, que es signo de una transformación. Es la alegría espontánea que brota de un encuentro con lo esencial a través de la liturgia, con el Resucitado.

© 2015 – Juan Esteban Valencia Rey para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Juan Esteban Valencia Rey

Juan Esteban es Comunicador Social-Periodista, candidato a Magíster en Comunicación organizacional. Tiene intereses en temáticas como relaciones sociales y empresariales, desarrollo humano, acompañamiento espiritual y grupal, antropología y psicología.

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