Nuestra hija de seis años, ha entrado hace poco a primer grado de primaria y ha cambiado un poco la dinámica familiar porque ahora tiene que hacer tareas, tiene que estudiar, tiene exámenes y es algo totalmente nuevo para nosotros.

Sin embargo, hay un punto que me llama mucho la atención de esta nueva faceta de nuestra hija que es: no le gusta hacer tareas. Y por todos lados escucho que debo motivarla, y que la motivación por aquí y por allá, sin embargo, no me convence mucho y les voy a decir por qué.

Hoy, las nuevas pedagogías, por todos lados nos van diciendo que nuestros hijos tienen que estar motivados y que el aprendizaje siempre tiene que ser como un campo de juego o un circo, y yo no estoy de acuerdo, porque la vida real no es así y nosotros los adultos lo sabemos.

Cuántos de nosotros vamos a trabajar, muchas veces, con el ánimo bajoneado y con cero ganas de subirnos a la movilidad para transportarnos y pasar un día entero en la oficina. Sin embargo, lo tenemos que hacer y, ¿alguien se está preocupando en cantarnos, sacar panderetas y motivarnos para que vayamos contentos? No. Pero hay que cumplir el deber.

Por eso, nuestros hijos, si bien sería ideal que todo les motive y les parezca maravilloso, no siempre van a tener ese impulso, sin embargo, no por eso van a dejar de hacer las cosas que tienen que hacer, sentados, concentrados y cumpliendo los deberes.

Hacerlo de otra manera es criarlos en una burbuja, es hacerles un daño porque cuando salgan al mundo y se den cuenta que no todo es así, van a sufrir muchísimo y les va a costar el triple lograr sus objetivos. No nos creamos esos cuentos, exijámosles a nuestros hijos que hagan lo que tienen que hacer, porque el valor del esfuerzo es irreemplazable y eso sí les va a traer muchos beneficios en su vida.

© 2017 – Giuliana Caccia Arana para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Giuliana Caccia Arana

Giuliana está casada y tiene dos hijos. Comunicadora social (Universidad de Lima) y Master en Matrimonio y Familia (Universidad de Navarra, España), es creadora de La Mamá Oca y autora del libro “Educación en serio. Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan” (Ed. Planeta/Sello Diana). También es Directora del área de Familia del CEC.

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