Si bien el poder en sí mismo puede ser usado para el bien común, existen factores que pueden distorsionar su sentido. Una distorsión es caer en la autosuficiencia en la cual la persona que ejerce la autoridad no se ve necesitada de personas de su entorno, o censura las críticas que no se ajustan a su propia visión. Esto es sumamente peligroso pues genera aislamiento de la realidad y contacto con las necesidades de la persona a su alrededor.

Otra ilusión grave que genera el poder es el sentido de omnipotencia creyendo ser una especie de figura mesiánica destinada a resolver los problemas de su entorno. Reconociendo la importancia del consejo y guía, en la antigua Roma los emperadores tenían una persona cercana a ellos para recordarles en todo momento que ellos eran mortales. Los emperadores eran conscientes del riesgo de ser enceguecidos por el poder. En nuestros días este riesgo permanece. En la actualidad los líderes organizacionales siguen necesitando personas que le recuerden que no son dioses y que el poder mal llevado enceguece. Es por ello vital que cuente con interlocutores maduros que sean capaces de expresar otros puntos de vista, aunque no sean del agrado de la persona que está a cargo.

Hay un cierto sentido de gratificación para el jefe de sentirse imprescindible, pero no estaría ejerciendo un liderazgo eficaz si no permite a su equipo desarrollarse y asumir la parte de su tarea con autonomía y responsabilidad.

Un antídoto contra los riesgos descritos es vivir la dinámica del servicio y la humildad. Cuando el líder busca servir a los demás sale de la visión egocéntrica en la que busca ponerse en el centro de la realidad. Así mismo, la humildad previene el creerse dueño de la verdad y lo hace experimentar la necesidad de buscar consejo y ser capaz de reconocer los propios límites y errores. Lejos de inspirar temor, el líder servicial y humilde brinda confianza pues transmite generosidad, autenticidad y sencillez, inspirando a su equipo y exhortándolos a asumir con madurez y responsabilidad un papel protagónico en la organización.

© 2016 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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