1000px-JRRT_logo.svgHace poco se estrenó la última película de “la trilogía” de El Hobbit, con la cual termina la historia que años antes se había iniciado con «El Señor de los Anillos». Por el año 2001, yo fui de aquellos que no se cautivó con Harry Potter, no he leído las novelas ni he visto las películas. Por el contrario, fui de aquellos que se dejó cautivar por «El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo», estrenada ese mismo año. Así es, yo no fui de los que aprovecharon su tiempo leyendo las novelas de Tolkien; era un homo videns, más bien soy de los que se entusiasmaron por la superproducción y las escenas de lucha que aparecerían en los avances de la película.

A los trece años, no conocía nada de la Tierra Media, no sabía que estaba viendo una famosa novela escrita muchos años antes. Simplemente la atracción a lo épico, a las grandes batallas, a la lucha entre el bien y el mal era algo que ya estaba presente y que encontró nueva forma en esta película. Sin embargo, «El Señor de los Anillos» exigió un paso de madurez, pues consistía en ver la heroicidad en una forma nueva, puesta en un modelo, no especialmente poderoso (como muchas veces se muestra entre los héroes norteamericanos), sino sencillo y bondadoso, pero que tendría que enfrentarse ante un mal casi todopoderoso, un mal expresado de forma genial a través de la fuerza, la oscuridad, barbaridad y monstruosidad de sus personajes.

Hasta el momento en ninguna otra película había visto tanta desproporción entre el bien tan discreto y el mal expresado con tanta grandeza, oscuridad, produciendo la subjetiva experiencia de desconfiar en si era posible vencer todo aquello que amenazaba el mundo inventado por Tolkien. De hecho, al final de «La Comunidad del Anillo» me desilusioné por la incertidumbre sobre la continuación de la serie, para lo cual tendría que esperar todo un año.

Tanto Bilbo como Frodo son “Hobbits”, que viven en la Comarca y disfrutaban de la prosperidad y paz de la misma. Al ver la casa de Bilbo en «El Hobbit» o en «El Señor de los Anillos» se ve un hogar muy acogedor, como si fuera el centro de la vida de estos personajes. Y ello es lo común para un hobbit, vivir a su ritmo, en el campo, celebrar en familia, vivir bien con el fruto del propio trabajo. Son estos dos hobbits protagonistas de estas historias fantásticas, historias que no quisieron asumir en un primer momento debido a la grandeza de sus exigencias, debido a la incertidumbre de su final.

Pues cómo alguien que tiene todo controlado, que vive en una paz constante, conformándose con lo que tiene, puede querer abandonar esa paz y seguridad, para trocarlo por una aventura en donde no hay control, ni certeza de nada, donde hay peligro y espada, donde hay enemigos y dolor.

Tanto Bilbo como Frodo son invitados a iniciar cada uno una aventura por Gandalf. Y aunque el Mago Gris intuye lo que hay que hacer, en ninguno de los casos conoce la resolución de la historia, nadie sabe lo que pasará, ello dependerá de la respuesta de cada uno de los personajes a la misión. Esta historia retrata, en la incertidumbre de la victoria sobre el mal, la realidad de la esperanza en la victoria en medio de un contexto muy complejo. Pienso que es muy pedagógica para la vida de todo hombre que busca hacer el bien. Pues muchas veces enfrentará a lo largo del camino de la vida dificultades incalculables, las cuales deberá sortear y enfrentar, dando con ello testimonio de la esperanza y hacer realidad su ideal.

“El mundo no está en tus libros o en tus mapas. Está allá afuera”- Gandalf a Bilbo en «El Hobbit».

“No podemos elegir los tiempos en los que nos toca vivir. Lo único que podemos hacer es decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado”- Gandalf en «El Señor de los Anillos».

En cierto sentido, la historia de «El Hobbit» hasta el final de «El Señor de los Anillos» guarda un hilo conductor en torno al mal y al anillo, los cuales van ganando fuerza en el mundo, teniendo como meta dominarlo. Al mismo tiempo, se muestra la presencia de una sutil esperanza entre aquellos que no han renunciado al bien y que van a combatir por él. En un inicio, la fuerza destructora de este mal no es tan evidente; de hecho los hobbits que habitan la Comarca no la perciben. Solo Frodo, Sam, Merry y Pipin son conscientes de las consecuencias de dejar que el mal siga creciendo cuando se encuentran con su fuerza destructora.

Esta lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, entre el amor y el odio son una constante en toda la historia. Su representación en la bondad, la amistad que es aliento para el caminar, la nobleza entre los personajes que buscan justicia y el bien de la Tierra Media, contrasta con la destrucción, el desorden y la traición de aquellos que han renunciado al bien para dejar que el mal reine. En cómo se va resolviendo la historia de la destrucción del anillo, voy comprendiendo como todo se va hilando y va cobrando sentido la vida y misión de cada uno de los personajes, haciendo con su parte realidad aquello que en un inicio no tenía clara resolución.

«Ha sido un error. No deberíamos ni haber llegado hasta aquí… pero henos aquí. Igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final porque ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser como era después de tanta maldad como ha sufrido? Pero al final todo es pasajero, como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el Sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón, porque tienen mucho sentido aun cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo, ahora lo entiendo: los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante, porque todos luchan por algo» – Sam a Frodo.

Han pasado 13 años desde que conocí «El Señor de los Anillos», y esta última película de «El Hobbit» señala el fin de la historia y la comprensión mayor desde su comienzo en «La Comunidad del Anillo». Y con ello me llevo una historia con personajes cargados de esperanza en la humanidad, dispuestos a la luchar por el bien a pesar de su pequeñez, y es ahí donde se muestra su grandeza, enfrentados a retos más grandes que ellos mismos, pero custodiados unos a otros en un ejemplo de unidad y valentía. Aquí está “El último adiós”, y la gratitud mía y de quienes probablemente no hubiesen conocido a Tolkien y sus épicas y valiosas historias sino fuese por las películas que despertaron mi deseo de conocer su genialidad.

© 2015 – José Luis Villalobos Mendiola para el Centro de Estudios Católicos – CEC

José Luis Villalobos Mendiola

Jose, realizó estudios de psicología en la Universidad Técnica Particular de Loja (Ecuador), especializandose en el ámbito laboral en Recursos Humanos, participando en organizaciones y proyectos agroindustriales, metalmecanica, así como en consultoría a empresas. Posee un interés por el desarrollo del potencial humano en todos los ámbitos de la vida y cree firmemente en la importancia de las relaciones personales y el diálogo como espacios de transformación de la realidad para el bien común. Es un apasionado del deporte, especialmente del basket. Quiere ofrecer a todos los lectores insides valiosos sobre aspectos de desarrollo personal y profesional, partiendo de miradas creativas y profundas que generen soluciones efectivas a los desafíos en el día a día.

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