He tomado el título de una conferencia pronunciada por Romano Guardini en 1956, en la reunión de Madres de Familia Alemanas de la Cruz Roja, para describir una realidad particular de nuestra época, la inquietud por disponer de nuestro tiempo en bien de los demás.

Hoy, podemos afirmar lo mismo que Guardini pero en otras circunstancias. Preguntémonos: ¿Qué pone en peligro nuestro servicio al prójimo? Un primer elemento externo es el aproximarnos al otro como una pieza más de la cultura de consumo, es decir, no logramos comprender la dignidad y valor de quien tengo al frente, por el influjo de una atmósfera relativista, superficial. Se cae en un mero sentimentalismo y como producto que nos gusta o nos deja de gustar, escogemos las circunstancias, forma y tiempo que le debemos dedicar. Una vez al año parece suficiente; el prójimo es un producto más en la vitrina de mis opciones de crecimiento personal. Este es un peligro, pues un anhelo profundo y auténtico, puede, por la influencia del mundo, desvirtuarse y no llegar a su plenitud.

[pullquote]Otro elemento es creer firmemente que el desarrollo económico es la única bandera que debemos izar para que los pobres crezcan como personas. Reducimos nuestra ayuda a dar un bien material. Que en sí mismo no es malo, pero que no es suficiente. Es parcial para mí y para el otro. Dentro del entorno de compra y venta tiene sentido pues lo tangible, material, tiene tal importancia que pareciera que lo estoy dando todo. Pero esto es un engaño, una ilusión, nuestro interior reclama algo más, nuestro corazón no se conforma con eso. Anhelamos la grandeza que no es material, buscamos entregar un amor que no acabe.[/pullquote]

¿Podemos, sólo nosotros, entregar ese amor eterno? O ¿necesitamos de alguien más? ¿Yo, que no soy eterno, puedo entregar eternidad? ¿Es esto posible? Si yo necesito esa plenitud eterna, ¿el pobre también la necesita? Claro, sobre todo necesita esa respuesta que junto con lo material llene su corazón y el mío, pues la respuesta de Caridad es esencial. Vienen a nuestra memoria las palabas del Señor «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser » y «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Son dos caras de la misma moneda, son dos experiencias de plenitud y generosidad; que naturalmente nos llevan al servicio, a la auténtica entrega por los demás. Sólo si construimos sobre esta tierra firme podremos afrontar los peligros con serenidad y confianza brindando en ese sentido un servicio eficaz.

© 2014 – Víctor Ramos para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Víctor Ramos

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