Inscrito está en el corazón del hombre el deseo de ser bueno, de amar y ser amado. Por eso es paradójico el fenómeno que sucede en la fiesta de la Navidad.

santa_clausEscuchamos ya con cierto cansancio que vamos viviendo a nivel social y mediático una fiesta cada vez más descristianizada, la cual se va transmutando año tras año en una predominancia de regalos y cena familiar, es decir, una fiesta de la abundancia.

Conocemos una serie de sitios comunes de este trastrocamiento: las campañas navideñas de ventas son anunciadas antes de que se inicie el Adviento; los árboles de Navidad reemplazan a los nacimientos o belenes con Jesús, María y José; o el consabido reemplazo de los Reyes Magos por Papa Noel.

Pero estos cambios son los más evidentes. Hay un cambio más sutil y que también preocupa y que deseamos señalar aprovechando un reciente comercial de Navidad de la multinacional Ikea que puede verse al final de este artículo, llamado «La otra carta».

De una manera brillante y muy profesional los creadores de este comercial hacen que un grupo de niños escriban dos cartas para esta Navidad pidiendo sus deseos: una para Papa Noel y otra para sus padres. Con la inocencia de los niños al escribirlas y la emotividad de los padres al recibir los deseos de sus hijos (más tiempo para estar juntos, jugar con ellos, etc.), el comercial alcanza su clímax cuando a los niños les preguntan cuál carta escogerían si sólo pudiesen enviar una, y todos los niños prefieren la carta para sus papás. Al final uno se siente asombrado de la claridad de la forma y contenido del comercial, hasta agradecido con Ikea, porque ese mensaje de mostrar que en materia de regalos el mejor regalo para los niños provienen de sus padres, expresado en tiempo y dedicación para con ellos.

[pullquote]Pero surge una pregunta: si este es un comercial en el cual se habla del amor, de la preocupación por el otro, donde no se gira el mensaje con un fin comercial, sino al revés y que encima es de Navidad, una fiesta religiosa… ¿dónde se encuentra Dios?[/pullquote]

El mensaje de Ikea es muy bueno, lleno de bondad y amor humano; pero sintomáticamente es un mensaje de Navidad sin Dios. Parece decirnos, la bondad humana no necesita de Dios. La Navidad actual es en verdad la fiesta de la bondad humana, en la que se desea ser bueno y eso basta.

Y como no hay nada nuevo bajo el sol, esta aproximación a una bondad del hombre sin necesidad de la fuerza o la gracia de Dios, nos hace recordar en algo a una vieja herejía del siglo V cuyo fundador se llamaba Pelagio y era conocida como pelagianismo. En esta herejía se señalaba que el hombre «podía o ser bueno a la altura de su capacidad con sus propias fuerzas», que la gracia de Dios no era necesaria pues no existía el pecado original.

Esta bondad que ignora a Dios, se encuentra en la misma línea de aquellos mensajes de buenos deseos de instituciones o personajes públicos que auguran para esta Navidad: vivir el perdón, la unidad, la paz, el amor, pero sin ninguna referencia a de dónde saldrá tanta energía interior para el bien o para cambiar. Tiene ese paralelo de ese sitio común en que ya no se manifiesta que se va a rezar por el otro, sino que se le envía «buenas vibras». Lo cual tiene una mezcla de chamánico con new age.

Hay una pregunta que al contestarse resuelve cualquier duda sobre si se está siendo muy crítico con el comercial de Ikea o no, y que hace resaltar sobre lo que es auténtico y verdadero de la Navidad de lo que no lo es: ¿porqué Dios quiso nacer y hacerse uno de nosotros? En la respuesta a esta pregunta, a «las razones de Dios» para abajarse y tomar nuestra condición humana, está la respuesta a la alegría de la Navidad. Lo demás pasa a un segundo plano. De esta pregunta se deriva otras: estos padres que aparecen en el comercial de Ikea, ¿necesitan de Dios para ser mejores padres?

Al igual que los árboles de Navidad sin nacimiento carecen de raíz, los buenos deseos de Navidad sin Dios carecen de sentido y de la auténtica alegría que proviene de quien comprende lo asombroso del misterio del nacimiento de Jesús.

[pullquote]Inscrito está en el corazón del hombre el deseo de ser bueno, de amar y ser amado. Por eso lo trágico y paradójico de esta situación, es que ese deseo de bondad es autoría del mismo Dios, y fue puesto por Dios en cada hombre con un sentido y una dirección: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti».[/pullquote]

Pelagio ha regresado y se ha puesto el traje de Papa Noel.

Video “La Otra Carta”

© 2014 – Andrés Tapia Arbulú para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Departamento Editorial del CEC

El Departamento Editorial del CEC tiene a su cargo la gestión del programa de publicaciones, la organización de los sistemas de evaluación de originales, la corrección de manuscritos (impresos o electrónicos) y la dirección del proceso de producción en todos los niveles de trabajo. El Departamento Editorial está a cargo del Director Editorial y su equipo de trabajo.

View all posts

1 comment

Deja un comentario