Cuando nació nuestra primera hija yo estaba aterrada, de hecho como toda madre primeriza me moría de miedo de que le pasara algo, que tuviera un accidente grave, que se quemara, que se cayera, que se muriera, que sufriera.

Hasta que me di cuenta de que la única manera en que yo podía estar tranquila era encomendando a mi hija a Dios.

Sí, porque físicamente es imposible que los padres estemos todos los días, todo el día pendientes de los hijos; sin embargo, Dios y la Virgen sí son capaces de hacerlo, que mejor que tener una protección full day para los más chiquitos.

Y es cierto, la oración tiene un poder magnífico y más aún si viene de una madre y de un padre. De repente no vamos a ser conscientes de toda esa magia que surge cuando nosotros rezamos, sin embargo, yo les aseguro que nuestros hijos se han librado de muchas y bien duras, gracias al poder de la oración.

Si somos personas de fe, tenemos que encomendar a nuestros hijos. Recemos aunque sea una oración chiquita en la mañana y en la noche o cada vez que nos acordemos.

La mejor manera de que nuestros hijos estén protegidos y cuidados es bajo el manto sagrado de la Virgen y el poder infinito de Dios. Esto no significa que van a estar libres de cualquier mal o peligro pero sí estoy segura de que van a estar especialmente protegidos por la gracia.

Así que padres no subestimen el poder de su oración, nuestros hijos lo necesitan y al final nos agradecerán.

© 2017 – Giuliana Caccia Arana para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Giuliana Caccia Arana

Giuliana está casada y tiene dos hijos. Comunicadora social (Universidad de Lima) y Master en Matrimonio y Familia (Universidad de Navarra, España), es creadora de La Mamá Oca y autora del libro “Educación en serio. Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan” (Ed. Planeta/Sello Diana). También es Directora del área de Familia del CEC.

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