Me pasé horas leyendo los abundantes comentarios en las redes sociales sobre el plebiscito y el proceso de paz en Colombia. La saturación llegó a un punto límite hace dos días. Lo que presencié no fue un diálogo, era una trifulca, un todo vale, una pelea callejera de la más baja calaña en donde lo más importante era quién vencía al otro. Y lamentablemente las discusiones dividieron familias, amigos, sociedades, regiones y a todo un país. Y podría decir, que hasta la misma Iglesia Católica quedó mal parada y dividida. Y lo que queda al final de estos rounds interminables es un país hastiado una vez más de la política y de sus dirigentes.

Ahora vivo en Ecuador. Sin embargo, viví 20 años en Colombia y me duele y alegra todo lo que se vive en el país del café. Y seguí, en la medida que pude, todo el proceso de paz y las discusiones previas al plebiscito y sus consecuentes resultados sorpresivos. Si fuera colombiano me hubiera sido muy difícil inclinarme hacia el Si o hacia el No. Y creo que después de más de una semana ya me di cuenta por qué.

Leyendo a Eduardo Posada Carbó –columnista serio del diario capitalino El Tiempo– pude entender que las orillas en las que se encontraban varados tanto los del Sí como los del No, estaban más cerca que lejos. Quizás hasta podríamos decir que estaban en la misma orilla. Ninguno de ellos fue capaz de reconocer que ambos querían la paz para Colombia. Que antes que sentarse a dialogar con las FARC, Colombia necesitaba ponerse de acuerdo entre sí. Un 50 % con el otro 50 %. Todo un país quería y quiere la paz; sin embargo, hay elementos en los que no estaban de acuerdo el uno con el otro. Primero había que tener un diálogo que le diera unidad a Colombia y luego sentarse a dialogar con los grupos armados.

[pullquote]Lamentablemente lo que un bando y otro quería era vencer al otro, humillarlo, derrotarlo ideológicamente y sepultarse como fuerzas políticas. Se antepuso la ideología, la componenda política y las fuerzas manipuladoras de los medios de comunicación sobre la realidad, sobre lo que el pueblo colombiano realmente quiere y desea. Por eso lo que se pudo observar es una lucha ideológica entre líderes políticos que saben ejercer influencia sobre el país, antes que un diálogo alturado sobre la paz de Colombia: un asunto que requiere la más alta nobleza humana para poder ser encarado con la importancia que requiere.[/pullquote]

Deseo de todo corazón que los líderes de este momento en Colombia depongan sus intereses ideológicos y sean capaces de escuchar el verdadero sentir del pueblo colombiano que no se reduce a un Sí o un No frente a un plebiscito mal armado. Que escuchen al pueblo colombiano que ama la vida y la familia, un pueblo que ama y respeta a Dios y por eso quiere perdonar y acoger a todos. Un pueblo que quiere la paz de verdad.

© 2016 – José Alfredo Cabrera Guerra para el Centro de Estudios Católicos – CEC

José Alfredo Cabrera Guerra

José Alfredo nació en junio de 1967 en Lima (Perú). Es licenciado en Psicología en la Universidad Católica del Norte en Colombia como también Licenciado en Filosofía y Ciencias Religiosas de la Universidad Católica de Oriente también en Colombia.
Es Coordinador de Formación y Coaching de la Escuela de Negocios Humane en Guayaquil (Ecuador). Realiza psicoterapia en el PIAC (Psicoterapia Integral y Análisis Conductual). Es Director Regional en Ecuador del Centro de Estudios Católicos CEC.

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