papafrancisco5Sin proponérselo, el Papa Francisco en sus palabras revela enseñanzas muy ricas sobre el desarrollo sostenible. Desde una perspectiva espiritual y trascendente denuncia aquello que no está de acuerdo con el Evangelio e invita a todas las personas a tomar un nuevo rumbo. Sin embargo sus reflexiones no son extraterrenales ni elevadas por los cielos sino que están encarnadas en el drama social, económico y ambiental que se vive hoy en día.

En su reciente exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» critica fuertemente la teoría del “derrame” que supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo una mayor equidad e inclusión social en el mundo. Los hechos han demostrado que el crecimiento económico no necesariamente se refleja en desarrollo y bienestar social. Indica que es necesario equilibrar el mercado con un Estado regulador que busque el bien común, y en caso contrario se podría llegar a una tiranía del capital.

54. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

20051211021903-dolar3El Papa denuncia que el dinero se ha convertido en un nuevo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) al cual adoramos. La economía ha perdido su orientación antropológica, se busca un crecimiento sin rostro humano.

56. Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límite.

Estas declaraciones le han valido la calificación de “marxista” al Papa Francisco por parte del Tea Party y otros sectores radicales de derecha. Con esa brillante humildad que lo caracteriza, el Papa ha respondido que “la ideología marxista está equivocada. Pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenos como personas, y por esto no me siento ofendido”. Además aclaró que en el documento no habló como técnico sino que quiso hacer una fotografía de la situación actual y que lo expresado está en perfecta concordancia con lo que siempre ha manifestado la Doctrina Social de la Iglesia.

[pullquote]Pero el Papa no se limita al ámbito socioeconómico en su análisis situacional, sino que incluye la variable ambiental: En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.[/pullquote]

En sus homilías también invita a recordar la misión que Dios le dio al hombre en el Génesis: “cultivar y cuidar su creación”. Lejos de los ecologismos radicales, el Papa habla de una necesaria ecología humana. Solamente si nos preocupamos unos por otros, también podremos preocuparnos por la naturaleza. Mientras más humanos seamos, más velaremos rectamente por plantas, animales y por todo lo creado.

Así mismo el Papa critica fuertemente la “cultura del descarte”, que no se limita a botar cosas materiales sino que hace a las mismas personas descartables, especialmente si son pobres o discapacitados, si aún no sirve –como el niño que está por nacer— o ya no es necesario –como los ancianos. Esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles incluso a los desperdicios, a los residuos de los alimentos, que es aún más despreciable, cuando en todo el mundo, por desgracia, muchas personas y familias sufren hambre y desnutrición.

Pero como todo profeta, el Papa Francisco no se limita a denunciar el mal, ¡sino que anuncia el bien! Su descripción del mundo es dramática pero esperanzadora. En el Día Mundial del Medio Ambiente realizó una bonita explicación con el pasaje del milagro de los panes y los peces. Indicó que la narración señala que se llenaron 12 canastas con la comida que sobró, es decir, no se desperdició nada y añadió: Doce es el número de las tribus de Israel, simbólicamente representa a todo el pueblo. Y esto nos explica que cuando la comida se comparte de manera justa, solidaria, no se priva a nadie de lo necesario, cada comunidad puede satisfacer las necesidades de los más pobres. La ecología humana y la ecología ambiental caminan juntas.

Así mismo, en Youtube se puede observar un video en el cual el Papa grabó su “Mensaje a los Cartoneros y Recicladores de todo el mundo” donde indica: Ustedes reciclan y con esto producen dos cosas, un trabajo ecológico, necesario, y por otro lado una producción que fraterniza y da la dignidad al propio trabajo. Son creativos en la producción y también son creativos en el cuidado de la tierra, del mundo, con esta dimensión ecológica.

Mientras grandes multinacionales tienen departamentos de I+D+I (Investigación, Desarrollo e Innovación) para elaborar complejas estrategias de sostenibilidad, los recicladores con su trabajo humilde son puestos como ejemplo de creatividad y conciliación entre el ambiente y la sociedad. ¡Cuánto más se podría lograr si todos camináramos en esa dirección!

Finalizo con las palabras que el Papa utilizó para cerrar su carta dirigida al Foro Económico Mundial reunido en Davo (Suiza) y que de seguro apelarán profundamente a todos los empresarios de buena voluntad:

Estoy convencido que una apertura tal a lo trascendente puede dar forma a una nueva mentalidad política y económica, capaz de reconducir toda la actividad económica y financiera dentro de un enfoque ético que sea verdaderamente humano. La comunidad económica internacional puede contar con muchos hombres y mujeres de gran honestidad e integridad personal, cuya labor se inspira y guía por nobles ideales de justicia, generosidad y atención por el auténtico desarrollo de la familia humana. Os exhorto a aprovechar estos grandes recursos humanos y morales, y a haceros cargo de este desafío con determinación y visión de futuro. Sin ignorar, por supuesto, los requisitos específicos, científicos y profesionales, de cada sector, os pido que os esforcéis para que la humanidad se sirva de la riqueza y no sea gobernada por ella.

© 2014 – José Miguel Yturralde para el Centro de Estudios Católicos – CEC

José Miguel Yturralde Torres

José Miguel nació en Guayaquil (Ecuador). Es Ingeniero ambiental, con Maestría en sistemas integrados de gestión de la calidad, ambiente y seguridad; Master executive en desarrollo sostenible y responsabilidad social corporativa; y Master en exploración y producción de petróleo y gas.

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