Desde el día de su elección, en que se reconoció “un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”, hasta el momento histórico en que con cristiana sencillez reconoció por la edad avanzada su “incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”, el Papa Benedicto XVI deja un legado cuyas dimensiones apenas podemos empezar a aquilatar. 

El lema de su pontificado, Cooperatores Veritatis, puso el servicio a la verdad como una clave fundamental de su ministerio. Un primer rasgo que brilla con fuerza es la enorme riqueza y hondura de sus enseñanzas: sus tres encíclicas, sus tratados sobre Jesús de Nazaret, sus numerosas homilías, catequesis y discursos. Con gran sencillez y hondura, muestra de su talla intelectual y de su profunda mirada de fe, supo dar una y otra vez testimonio de la verdad, con rigor intelectual y fina sensibilidad ante el drama de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Un segundo aspecto, no menos importante, ha sido su capacidad de diálogo. Siguiendo la huella del Concilio Vaticano II, Benedicto ha querido ponerse al servicio del mundo, mostrando que la adhesión a la verdad no frena el diálogo, sino que es su condición. Ha sabido salir al encuentro de todos, con la libertad que viene de la confianza en la verdad. Lo muestra un aspecto característico de su pontificado: los diálogos sin texto preparado, con sacerdotes, periodistas, padres de familia, jóvenes, niños, enfermos, presos y tantos otros. Ese espíritu ilumina sus discursos en los foros internacionales, en los parlamentos y en el mundo universitario, tan cercano a su corazón.

En ese mismo espíritu también, ha dado pasos históricos de reconciliación hacia las demás comunidades cristianas, y en el encuentro con representantes de otras religiones y no creyentes.

[pullquote]También queda como legado muy importante, su firmeza al abordar las dificultades de la Iglesia, en particular la situación dolorosa relacionada con los abusos de menores por parte del clero. Con amor por la verdad y a la justicia, ha sabido dar los pasos necesarios, sin temor a señalar la gravedad de los males cometidos, ni a tomar las medidas necesarias y mostrar el camino de purificación y reconciliación que el Evangelio exige.[/pullquote]

Por sobre todo, el Pontificado de Benedicto XVI deja el testimonio de su vida cristiana, de su fe alimentada de un encuentro vivo con Jesucristo, en quien siempre encontró la Verdad que ilumina todos los aspectos de la existencia. Esa fe, que no antepone nada al Amor de Dios, se ha transparentado en todos sus actos. El gesto valiente de humildad y coherencia que cierra su ministerio lo confirma una vez más.

© 2014 – Miguel Salazar Steiger para el diario El Comercio (Perú). Publicado el 12 de febrero de 2013
 
 

Miguel Salazar Steiger

Miguel es Director del Centro de Estudios para la Persona y la Cultura de la Universidad San Pablo de Arequipa, Perú.

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