El patrimonio cultural de cualquier sociedad humana incluye los conocimientos desarrollados, tanto desde el punto de vista técnico y científico, como también las expresiones artísticas, las experiencias, las formas de pensar y de actuar, así como la percepción y la aplicación de los valores éticos y morales, la religiosidad, y, no menos importante, la transmisión de todo esto a las generaciones siguientes.

De entre todas las expresiones culturales, sin embargo, se puede resaltar los pilares representados por la religión –donde están arraigados los valores ético-morales que, a su vez, van a encaminar toda la concepción y la praxis de la convivencia en comunidad—; la educación, a través de la cual los conocimientos adquiridos y acumulados se transmiten y desarrollan para así dar permanencia y capacidad de crecimiento a una determinada cultura; y las expresiones artísticas, que traducen el “alma” por decirlo de alguna manera, la sensibilidad específica de un pueblo, una sociedad, una nación o etnia; y desde las cuales se puede auscultar la respiración, el aliento de vida más particular y profundo de una cultura, desde las relaciones que la delicadeza de la percepción artística, así como su expresión intuitiva, revela acerca de la construcción de las diferentes sociedades humanas.

Ciertamente el aspecto técnico-científico es imprescindible en la identificación de una cultura, pero en el presente enfoque, con el préstamo de una perspectiva resaltada por Corção (1967) sobre las relaciones entre la civilización y el arte, son más esenciales las concepciones, las ideas que fundamentan la estructura social –por lo tanto una perspectiva del ámbito humanístico– y no tanto por sus conquistas de cuño más práctico y de utilidad, identificadas generalmente con los logros técnicos y científicos.

Educación, Fe y Arte tienen así un punto en común en la formación de una sociedad, y sus variadas manifestaciones se entrelazan en el tejido cultural. Un aspecto curioso de toda cultura es la presencia de juegos, a menudo típicos, otros más universales. No cabe aquí un análisis específico de la representatividad cultural de los juegos; basta que sean entendidos como tal, en la medida en que de alguna manera reflejan múltiples formas de la creatividad y disposiciones humanas. Aunque más direccionados al ocio, los juegos también están relacionados de muchas maneras a los aspectos educativos y de formación personal, especialmente cuando también son considerados como deporte (cf. por ejemplo Magalhães, 2013).

[pullquote]Ahora, el juego de ajedrez tiene características únicas, y extremamente privilegiadas, que lo hacen digno de una clásica definición – “juego-arte-ciencia” (Becker, 1978), además de ser reconocido oficial e internacionalmente como un deporte (FIDE 2009). El ajedrez reúne así condiciones especiales que lo acercan de manera privilegiada al ámbito educacional, y en este sentido igualmente a algunas perspectivas en el ámbito religioso. El modo como se manifiestan estas condiciones será desarrollado en las siguientes líneas.[/pullquote]

El juego del ajedrez

Alfonso-LJ-27VEl ajedrez es un juego de tablero (64 cuadros, alternando blancos y negros) para dos personas, con 16 piezas para cada jugador, y en el que no hay un factor aleatorio, ya que descarta los dados o similares. Cada conjunto de piezas -uno blanco y otro negro- se compone de ocho peones, dos torres, dos caballos, dos alfiles, una dama (reina) y un rey. Cada tipo de pieza tiene características y movimientos específicos, contribuyendo a la gran complejidad estratégica del juego. El objetivo es dar jaque mate al rey del oponente, o sea, amenazarlo de forma que no haya defensa posible, terminando el partido en este tipo de posición. Las blancas siempre inician la partida, y las jugadas se alternan entre los competidores, sin que exista un límite en el número de estas.

Un juego similar al ajedrez, Bao, es conocido desde el antiguo Egipto, pero el origen del ajedrez actual es el Chaturanga, un antiguo juego de la India del siglo V d.C. y de tipo militar, para cuatro jugadores y aún con dados, donde cuatro ejércitos se disputan la supremacía. Pasó después a Persia con el nombre Shatrang (“Shah mat”, es decir, “el rey está muerto”, de ahí la expresión “jaque mate” actual). En 651, los árabes conquistan Persia, y el juego se desarrolla considerablemente, surgiendo los primeros grandes jugadores, expertos en problemas, los teóricos del juego y los primeros libros sobre el tema.

[pullquote]Posteriormente, las conquistas musulmanas traen el juego al sur de Europa, en cuya “Edad Media” goza de un gran prestigio, sobre todo entre la nobleza. A lo largo de este período se van fijando las reglas que se establecerán en el juego moderno, y surgen importantes referencias al juego en la literatura –poesía, épicas, gestas. En 1575, Felipe II de España organiza el primer gran torneo “mundial”, entre los cuatro mejores jugadores de la época. Desde el siglo XIV surgen, entonces, los nombres de referencia de los grandes jugadores de la época moderna, siendo el sacerdote español Ruy López de Segura inmortalizado por la apertura que lleva su nombre y una de las más utilizadas hasta hoy (Becker, 1978; Dextreit; Engel, 1981).[/pullquote]

En pocas palabras, el ajedrez es entendido como un juego porque requiere habilidad, como ciencia por la necesidad de cálculos, y como arte por la creatividad, la imaginación y el sentido estético que el desarrollo de las posiciones en el tablero puede proporcionar para el intelecto y la sensibilidad. El “rey de los juegos y el juego de los reyes”, por su profundidad (y en la antigüedad por ser más conocido y apreciado por la nobleza) ofrece aún muchas posibilidades de analogías con numerosas situaciones de la vida, sacándose de esto su valor educativo. Es fuente de inspiración para diferentes manifestaciones artísticas, como la pintura, la escultura, la literatura, el teatro e incluso el cine (“El Séptimo Sello”, de Ingmar Bergman, es una referencia esencial). De hecho, desde las premisas del juego es posible desarrollar temas de cuño filosófico, sociológico y del comportamiento humano, especialmente para la psicología (cf. Dextreit; Engel, 1981). Sin pretensión de enumerarlas exhaustivamente, es importante comentar algunas de estas características del juego.

Una de las notables particularidades del ajedrez es, precisamente, el hecho de que no incluye el factor de la suerte, como en muchos otros juegos. Cada jugador, por tanto, es totalmente responsable por cada movimiento que elige para sus piezas. Esto implica, por un lado, una absoluta libertad de elección –a excepción de las limitaciones impuestas por las reglas— y por otro la responsabilidad por las acciones elegidas, ya sean buenas o malas las consecuencias. La necesidad de seguir reglas es también un factor muy relevante, pues condiciona el comportamiento honesto ante parámetros reconocidos y aceptados universalmente. Ambos aspectos hablan mucho de las condiciones de la vida humana, explayando horizontes para muchas reflexiones. La característica de la individualidad también es resaltada, y cada jugador tiene su estilo propio e inimitable, que valora a la persona como única e irrepetible. Al mismo tiempo, se puede jugar por equipos –cada jugador en un equipo enfrentando otro del equipo contrario— y en este sentido se desarrolla también la noción de cooperación mutua, ya que el resultado de una partida afecta el resultado general, manteniéndose sin embargo la importancia individual.

El tema de la libertad individual también se perfecciona en el ajedrez, y uno de los aspectos más interesantes en este sentido es el caso de la hegemonía del ajedrez soviético, a partir de los años sesenta. Bajo un régimen totalitario, arbitrario y falsamente igualitario como el comunismo, el deporte nacional soviético, donde los grandes maestros ajedrecistas recibieran la condición de verdaderos héroes nacionales, permitió el engrandecimiento del valor individual y de la libertad de elección (cf. Pachman, 1974; Dextreit; Engel, 1981), siendo muy probablemente una de las razones para el gigantesco desarrollo del juego en el mundo soviético.

Desde un punto de vista filosófico, el ajedrez también permite consideraciones importantes. Por ejemplo, el libro de Emanuel Lasker (1960; “Lasker´s Manual of Chess”), campeón del mundo durante impresionantes 27 años seguidos (1894-1921), trae ponderaciones no simplemente técnicas sobre el juego, sino una elaboración de ideas generales y profundas, como el concepto de “antes de atacar, considerar el fortalecimiento de los puntos débiles de su propia posición”. Entre otras cosas, tales como la prudencia, este enfoque aboga por el desarrollo de la humildad en el reconocimiento de nuestras propias limitaciones, y por una objetividad concomitante de reconocer la realidad de una situación. Lasker desarrolló también la percepción de elegir estilos de juego en función de sus competidores, eligiendo a menudo no las mejores jugadas (consideradas objetivamente en una determinada posición) sino las que dirigirían la partida hacia una posición que fuera más exigente para los demás competidores… se puede decir, un “juego psicológico”, que junto con su extraordinaria capacidad personal, inducía al error a los otros jugadores. El estudio del estilo personal de los otros competidores es hoy obligatorio para cualquier jugador profesional que va disputar torneos, especialmente a nivel internacional.

El juego de ajedrez requiere el uso de los valores éticos (cf. Abrahams, 1974), y esta perspectiva es un paso decisivo para las relaciones entre el juego y los valores religiosos. Por todos estos aspectos, y otros más, el ajedrez se va consolidando como un especial instrumento en el área de la educación, facilitando el desarrollo de numerosas cualidades en la formación de los estudiantes.

Juego de ajedrez y Educación

chessEl valor educativo del ajedrez es hoy reconocido internacionalmente. La ayuda que el juego ofrece al desarrollo de otras materias del currículo va más allá de la idea obvia de estímulo al raciocinio y concentración. De hecho, dadas las características peculiares del juego, se trabajan aspectos diversos del comportamiento, incluyendo por ejemplo la iniciativa, la responsabilidad, las nociones de respeto y jerarquía, etc. De este modo, el ajedrez es un auxiliar invaluable para una educación más completa del estudiante -de cualquier edad-, un enfoque esencial en el mundo moderno, que requiere, además de la formación clásica, posturas de ciudadanía y ética responsable, condiciones para hacer frente a situaciones complejas, la claridad de ideas a través de la multitud de estímulos; en fin, una actitud de discernimiento profundo, capacidad y decisión (características del juego) para ubicarse correcta y satisfactoriamente ante la realidad y los retos de la vida.

Esta formación completa del alumno aporta beneficios más amplios que la mejora del rendimiento escolar, lo que, por sí mismo, ya sería motivo para la adopción pedagógica del ajedrez. Sin embargo, la escuela es una institución con responsabilidad social, formando no sólo a los estudiantes, sino los ciudadanos; de ahí la importancia de los aspectos no meramente curriculares. No es otra la razón por la que, por décadas, el ajedrez ha sido materia, obligatoria o extracurricular, en gran parte del mundo y en la mayoría de los estados brasileños, siempre con éxito consistente y bien documentado. Por ejemplo, en Brasil la Escuela Santa Maria, en el Distrito Federal (en el documental emitido por la TV Escola el 27 de abril de 2005), recibió R$ 30.000,00 en premios por el proyecto de ajedrez adoptado, envolviendo más de 2000 estudiantes y disciplinas como matemáticas, arte, física y educación física, integradas por las diferentes oportunidades de desenvolvimiento que ofrece el juego.

[pullquote]La larga lista de beneficios proporcionados por el ajedrez en la formación escolar y humana corre el riesgo de convertirse en tediosa, si es mencionada extensivamente. Es suficiente enumerar algunos aspectos, citando el hecho de que áreas tan diversas como el conocimiento, el raciocinio, la filosofía, el arte, los aspectos físicos, la ética, etc. se tratan favorablemente, y que muchos (y continuados) estudios comprueban tales beneficios. Por hacer una mención breve, se puede citar la obra del profesor Charles Partos (Departamento de Instrucción Pública, Cantón de Valais, Suiza; cf. Dextreit; Engel, 1981), comprobando el desarrollo de: atención y concentración; juicio; imaginación y anticipación [capacidad de previsión]; memoria; deseo de ganar; paciencia y autocontrol; espíritu de decisión y coraje; lógica matemática, raciocinio analítico y sintético; creatividad, inteligencia; organización metódica del estudio y el interés por las lenguas extranjeras.[/pullquote]

El juego favorece igualmente la educación cívica y moral. Al no depender de la suerte, enfatiza la responsabilidad de sus propias acciones, desarrollando así: la humildad en la victoria y en la derrota; el reconocimiento real del valor propio y del oponente, y por lo tanto el respeto mutuo; la ética (jugar de acuerdo con las reglas, que en este caso no tienen como ser burladas). En resumen, ejercita y resalta la individualidad responsable y su formación necesaria en la convivencia social y el respeto por los demás, basado en valores bien establecidos, coherentes y estables, para la solución de problemas concretos a lo largo de la vida. Objetivos justos y medios lícitos para llegar a ellos, de modo inteligente, creativo y con equilibrio emocional son la tónica tras los mecanismos del juego. Por esto varios pensadores, como Goethe y Benjamin Franklin (éste último en un texto clásico, 1779; “The Morals of Chess”), entre muchos otros, recomendaban el ajedrez como un gran auxiliar en la formación del carácter de los niños.

El ajedrez es democrático e inclusivo, puesto que no depende para su práctica de la edad, condiciones físicas especiales, condición social o de una cultura específica. De este modo, es utilizado con éxito en el rescate de la autoestima de personas desfavorecidas económicamente, en la rehabilitación social de delincuentes (Peres 2013), en la asociación de personas de culturas diferentes e incluso antagónicas. No es casualidad que el lema de la FIDE (Fédération Internationale d’Échecs) sea “Gens Una Sumus“.

En términos prácticos, tiene un costo mínimo que permite el acceso, escolar o particularmente, a cualquier persona, de cualquier condición social. Por último, permite una de las mayores ventajas en términos de aprendizaje: la evolución del alumno de acuerdo con su propio ritmo, con respeto integral a la individualidad y capacidad personales, valorando su potencial particular y así dando a cada uno un tratamiento exclusivo, único, y de plena acogida al individuo, esto en medio de una vida social.

La amplitud de posibilidades pedagógicas a partir del ajedrez incluyen, entre otros, la asistencia en la alfabetización (Calixto, 2004) y el aprendizaje de personas con necesidades especiales (de audición; con retraso mental; con parálisis física; con síndrome de Down; Neves, 2000), facilitandoles una mayor inclusión social. Por todo esto, la enseñanza del ajedrez en las escuelas fue aprobado y sugerido por la UNESCO para sus países miembros, y es hoy una realidad en la mayor parte de Europa (por ejemplo Alemania, Francia, España, Suiza, Hungría…), en Estados Unidos y Canadá, América Central y América del Sur (Argentina, Venezuela, Cuba), Oriente (Israel, Irán…), África (Túnez), y especialmente en los países de la antigua Unión Soviética. En Brasil, el ajedrez escolar existe desde la década de 1980, y a partir de 2003 un proyecto a nivel nacional aprobado e iniciado en Mato Grosso do Sul por el Ministerio de Educación (Batista, 2003).

Juego de ajedrez y Enseñanza Religiosa

Xadrez-3dfoto3d.blogspot.com-13Las consecuencias éticas relacionadas con el ajedrez remiten a valores que pueden ser aprovechados también en la enseñanza religiosa, sobre todo cristiana y católica. Este aspecto es actualmente objeto de un trabajo académico en preparación por el autor. Algunos enfoques en este sentido son, por ejemplo, además de las ya mencionadas libertad, responsabilidad personal en las decisiones, etc., la noción de claridad de un objetivo final – un fin último, que, para ser beneficioso, hay que perseguir con empeño y perseverancia; la idea de que el aspecto material no es el más importante, pero que el sacrificio del material es a menudo la condición para lograr la victoria (la entrega de piezas en numerosas situaciones, aunque deja al jugador en desventaja de material, permite la obtención de una posición ganadora);el valor relativo de las piezas –la Reina, debido a su mayor movilidad, es la más valiosa, pero dependiendo de la posición en el tablero puede ser menos importante que un peón, la pieza de menor valor absoluto. De ahí, se tiene la comprensión de que el valor absoluto de los bienes materiales es algo falso (una referencia a esto se hace explícita en el valor del óbolo de la viuda y lo de la oferta de los fariseos, cf. Mc 12, 41-44; Lc 21, 1-4). Al mismo tiempo, hay una sola pieza que no puede ser sacrificada –el Rey—, ya que es alrededor de él que se desarrolla el juego: por lo tanto, hay valores que no son negociables, independientemente de la situación, una fuerte analogía con lo que no puede ser jamás sacrificado en términos religiosos, es decir, el alma, cuya victoria espiritual es el centro de la vida humana.

Otro enfoque interesante es la del peón que, a pesar de que tiene el valor más pequeño, es el único que puede, si llegar al otro extremo del tablero, ser promovido a una pieza de mayor valor: también el ser humano, si llega correctamente al final de su peregrinar en esta vida, recibe como premio la participación en la naturaleza divina. En fin, muchas analogías son posibles y presentan, bajo la forma lúdica del juego, valiosas enseñanzas en el ámbito religioso. Además, actitudes concretas ante los demás competidores, como el necesario reconocimiento de su valor individual, independientemente de su apariencia, edad, condición social, etc. llevan a la reflexión sobre el valor intrínseco de cada ser humano y de dónde viene, en última instancia, este valor, remitiendo a la igual dignidad de todos los seres humanos como hijos de Dios y la valoración de sus características únicas.

Estos ejemplos ilustran de forma simplificada la potencialidad del juego de ajedrez también en el ámbito religioso. Se trata, así, de una valiosa herramienta para la evangelización de la cultura, como deseada y alentada por los últimos Papas, especialmente a partir de San Juan Pablo II (él mismo un gran jugador de ajedrez, incluso llegando a desarrollar una variante de apertura que lleva su nombre). En fin, con propiedad, se puede decir que “El ajedrez, que reúne orgánicamente elementos artísticos, científicos y deportivos, a lo largo de los siglos constituyó parte inalienable de la cultura y de la civilización mundial” (Isaac Linder, historiador con grado de la Universidad de Moscú, escritor y experto en la historia del ajedrez).

Referencias

Abrahams, G. 1974. Not Only Chess. London, George Allen & Unwin, 264 p.

Batista, G. 2003. Projeto Federal de Xadrez nas Escolas tem Início em Mato Grosso do Sul. Disponible en: <http://www.clubedexadrezonline.com.br/artigo.asp?doc=483>. Consultado el 9 de noviembre 2013

Becker, I. 1978. Manual de Xadrez. São Paulo, Nobel, 316 p.

Calixto, R. 2004. Alfabetização e Xadrez. Disponible en: <http://www.clubedexadrezonline.com.br/artigo.asp?doc=498>. Consultado el 9 de noviembre 2013

Corção, G. 1967. Dois Amores Duas Cidades. 1. Na Antiguidade e na Idade Média. Rio de Janeiro, Agir, 281 p.

Dextreit, J; Engel, N. 1981. Jeu d’Échecs et Sciences Humaines. Paris, Payot, 296 p.

FIDE. 2009. World Chess Federation. Disponible en: <http://www.fide.com/fide>. Consultado el 10 de noviembre 2013.

Franklin, B. 1779. The Morals of Chess. Disponible en: <http://fegatello.blogspot.com.br/2009/09/morals-of-chess-by-benjamain-franklin.html>. Consultado el 01 de noviembre 2013 .

Lasker, E. 1960. Lasker’s Manual of Chess. New York, Dover, 349 p.

Magalhães, A.B. 2013. Esporte e Compromisso Cristão. Aparecida, Santuário, 80 p.

Neves, L.M.S. 2000. O Xadrez Aplicado à Educação Especial. Disponible en: <http://www.compuland.com.br/cxp/educespc.htm>. Consultado el 10 de noviembre 2013.

Pachman, L. 1974. Ajedrez y Comunismo. Barcelona, Martínez Roca, 409 p.

Peres, M. 2013. Agentes Penitenciários são Capacitados para Ressocializar Apenados por meio do Jogo de Xadrez. Disponible en: <http://www.clubedexadrezonline.com.br/artigo.asp?doc=13483>. Consultado el 9 de noviembre 2013.

© 2014 – José Duarte de Barros Filho para el Centro de Estudios Católicos – CEC

José Duarte de Barros Filho

José es biólogo con un posdoctorado en Zoología por la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).
Comenzó a participar en torneos oficiales de ajedrez en 1979, siendo bicampeón del Estado de Rio de Janeiro en las categorías infantil y cadete, así como campeón petropolitano y del interior del Estado. Se desempeñó como profesor de ajedrez en escuelas de Petrópolis y promoviendo cursos particulares.
Está vinculado al Movimiento de Vida Cristiana desde 2008, donde inició un curso de Catequesis para Adultos. Tiene un posgrado de Extensión Universitaria en Enseñanza Religiosa por la Universidad Católica de Petrópolis.

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