Ahora que estamos disfrutando de los partidos de la Copa América 2015, teniendo como sede el hermoso país de Chile, y con los recientes episodios antideportivos que han surgido precisamente en el ambiente futbolero, me hago la reflexión de que no es fácil reconocer los atributos morales que tiene el fútbol como juego reglado, porque la cultura del fútbol ha generado una subcultura de violencia, maltrato, agresión, riñas, discusiones, discordias, sectarismo, racismos, discriminaciones y rivalidades que desvirtúa la intención educativa con que dio origen al fútbol en las escuelas de Inglaterra durante los siglos XVII y XIX ... Tendríamos que aceptar que en el contexto del fútbol actual se ha filtrado ese lado oscuro que desenfoca al jugador y al espectador del ideal humano del juego, la belleza, y la justicia, pero que aún persiste este otro lado luminoso que centra a quienes lo practican y lo disfrutan, en las virtudes morales y espirituales a la que aspira el ser humano. Es el reflejo de la condición humana...

james_455Ahora que estamos disfrutando de los partidos de la Copa América 2015, teniendo como sede el hermoso país de Chile, y con los recientes episodios antideportivos que han surgido precisamente en el ambiente futbolero, me hago la reflexión de que no es fácil reconocer los atributos morales que tiene el fútbol como juego reglado, porque la cultura del fútbol ha generado una subcultura de violencia, maltrato, agresión, riñas, discusiones, discordias, sectarismo, racismos, discriminaciones y rivalidades que desvirtúa la intención educativa con que dio origen al fútbol en las escuelas de Inglaterra durante los siglos XVII y XIX.

Tendríamos que aceptar que en el contexto del fútbol actual se ha filtrado ese lado oscuro que desenfoca al jugador y al espectador del ideal humano del juego, la belleza, y la justicia, pero que aún persiste este otro lado luminoso que centra a quienes lo practican y lo disfrutan, en las virtudes morales y espirituales a la que aspira el ser humano. Es el reflejo de la condición humana; tal vez esto fue lo que quiso decir Albert Camus cuando dijo que «Todo lo que sé de moral lo aprendí en el fútbol». Por mi parte, prefiero con este artículo encender las luminarias del estadio e iluminarlo para asomarnos a ver desde las graderías ese lado virtuoso que compite con el lado oscuro.

[pullquote]Comencemos por decir como Camus que todo lo que podemos aprender de bueno y virtuoso, también lo podemos aprender en el fútbol, ya sea viéndolo, pero mejor si es jugándolo. Uno puede realizar un inventario de valores que se pueden aprenden jugando al fútbol, como por ejemplo humildad, unión, cohesión, disciplina, respeto, obediencia, alegría, celebración, amistad, compromiso, convivencia ((Ver Tomás Emilio Bolaño, Moral y Deporte, 2014)) y muchos otros que se derivan de la experiencia de juego. Pero prefiero en esta ocasión que miremos tres virtudes esenciales para la vida moral y espiritual: Fe, Esperanza y Caridad.[/pullquote]

Es sorprendente el alto nivel de confianza que se desarrolla durante el entrenamiento y los partidos; el jugador se entrega absolutamente a su compañero de juego, confía en que con su equipo realizarán las estrategias tal y como fueron planeadas, tiene plena seguridad de sus capacidades físicas para enfrentar y mantenerse activo durante todo el partido. Esta plena y absoluta confianza de lo que tiene y la certeza de lo que espera, así como la convicción de lo que aún no ve, es un ejercicio mental y espiritual que le ayuda a comprender el misterio de la Fe. Estoy convencido de que toda esa manifestación corporal que los futbolistas hacen señalando al cielo, bendiciendo el terreno de juego, o santiguándose después de anotar o fallar un gol, es la expresión instantánea de la experiencia de fe durante la jugada. Por eso sería importante que los entrenadores, al menos en el ámbito católico, retomaran estos instantes para poner en evidencia la virtud de la Fe como un acto de absoluta confianza en nuestro DT que nos guía en el gran juego de la vida y nos promete una gran victoria al final del partido.

La confianza en sí mismo, en su entrenador, en sus compañeros de equipo y en Dios genera una plena seguridad en que los esfuerzos, sacrificios, ejercicios, tareas y disciplina se verán recompensados al final del partido, del torneo o del campeonato. La expectativa, el optimismo, la actitud positiva de un buen resultado, es un preludio para entender y crecer en la esperanza. Existe en el espíritu deportivo un anhelo de un más allá mejor y más feliz que le inspira a luchar en el terreno de juego y en el campo de entrenamiento. Qué alegoría tan didáctica para una catequesis sobre la virtud de la Esperanza. El modo en que la Fe alienta la Esperanza de la salvación es un nivel más alto que el de la confianza que impulsa al futbolista a tener una expectativa en mantenerse invicto.

¿De qué sirve la confianza, la seguridad en los resultados, si el futbolista no le pone Amor a su entrenamiento, a los partidos, a su equipo, a sus compañeros de equipo, a su técnico, a sí mismo, a su adversario, y primordialmente a Dios? Sin duda alguna que no se sacrificaría, ni se esforzaría, ni entregaría lo mejor de sí mismo para el bien de su equipo, y para la alegría de los alentadores de su selección. Verdad hay en la palabra de Dios cuando por medio del apóstol San Pablo nos dice: «Si yo no tengo amor, yo nada soy Señor» (1Cor 13,1). El acto de amor se despliega en distintos órdenes, siendo el primero el amor a Dios, luego el amor a sí mismo, después al prójimo, y enseguida a las cosas y acciones que nos llevan a mantener una buena relación con ellos, por ejemplo, el amor al equipo, a la camiseta, al mismo fútbol, etc. Digamos también, que estas tres virtudes; el amor, la esperanza y la caridad, van acompañadas de prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Les propongo un ejercicio para hacerlo durante la Copa América 2015.

  1. Dibuje en una pizarra o tablero de juego como el que usan los técnicos, el sistema de juego de un partido de fútbol entre las virtudes amor, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza y templanza, contra los pecados o vicios de la soberbia, lujuria, avaricia, envidia, ira, gula, pereza. ((Ver P. Carlos Padilla, 12 en la cancha: El partido de tu vida, págs. 158-159)).
  2. Dibuja en el campo de juego a cada uno de los vicios o pecados capitales marcando a su respectiva contraparte.
  3. Trate de encontrar en los jugadores, durante un partido de fútbol de la Copa América, expresiones de virtudes y conductas viciosas, y haga una oración para pedir a Nuestro Señor Jesucristo que tanto los jugadores como nosotros podamos vencer a la soberbia con humildad, la avaricia con generosidad, la lujuria con castidad, a la ira con paciencia a la gula con templanza, la envidia con caridad, y a la pereza con diligencia.

© 2015 – Tomás Emilio Bolaño Mercado para el Centro de Estudios Católicos – CEC 

Tomás Emilio Bolaño Mercado

Doctor Honoris Causa CICHE. Doctor Honoris Causa ODAEE. Magister en Teología Universidad Pontificia Bolivariana. Especialista en Sistemas. Universidad EAFIT. Especialista en Investigación Social INER. Especialista en Sicopedagogía ISFLA. Diplomado en Educación Virtual.

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