La tragedia con el avión de la Chapecoense ha generado una tristeza inmensa. Un equipo de fútbol, de tradición mediana, que llegaba por primera vez a una final internacional y que era portador de la ilusión de toda una ciudad, Chapecó.

Es imposible encontrar razones que nos permitan asimilar una fatalidad como ésta. Son situaciones que nos sobrepasan. Un misterio de dolor que nos resulta difícil entender.

Me acordé que San Juan Pablo II, hablando a los deportistas, enseñó que Jesucristo nos permite «comprender el sentido profundo de la vida, especialmente frente a las tinieblas del mal y de la muerte. Incluso el campeón más grande, ante los interrogantes fundamentales de la existencia, se siente indefenso y necesitado de Su luz para vencer los arduos desafíos que un ser humano está llamado a afrontar».

El fútbol, que genera tanto entusiasmo y pasión, de pronto parecía sin importancia al ser confrontado con algo tan radical como la muerte. Y tal experiencia profunda ha transformado súbitamente un equipo mediano en el equipo más grande del mundo.

[pullquote]Sí, hoy la Chapecoense es el equipo más grande del mundo, porque nos ha unido a todos y nos ha hecho recordar que esta vida es pasajera y que cada uno de nosotros es un “disparo a la eternidad”, como lo decía San Alberto Hurtado.[/pullquote]

La corriente de solidaridad que se ha generado mundialmente ha sido impresionante. Fue conmovedor asistir a los hinchas del Atlético Nacional de Medellín y a todo el pueblo colombiano sufrir la tragedia como propia. Los brasileños seremos eternamente gratos a los hermanos y hermanas de Colombia. ¡Nunca lo olvidaremos!

En la misma mañana que los cuerpos de las víctimas llegaban a los funerales en la Arena Condá, los equipos europeos les prestaban sentidos homenajes. En Latinoamérica, equipos de todos los países han manifestado su cercanía, incluso ofreciendo jugadores para que el plantel de la Chapecoense se recomponga.

Que Dios tenga en su gloria a los que murieron en la tragedia y consuele a sus familias. Sigamos rezando por la recuperación de los heridos. Y que la bella luz de humanidad que vimos brillar en estos días se multiplique en nuestros pueblos.

© 2016 – Alexandre Borges de Magalhães para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Alexandre Borges de Magalhães

Alexandre nació en 1972 en Brasil. Es Bachiller en Teología y Licenciado en Pedagogía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. En la actualidad es el Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana MVC. Reside en Lima (Perú).

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