86En los círculos ambientalistas es común señalar a la cosmovisión judeo-cristiana como la raíz filosófica de la depredación que ha sufrido la naturaleza. Se dice que el mandato genesíaco de «dominar la tierra» (Gn 1,28) ha servido como justificación para la devastación ambiental que se ha incrementado desde la Revolución Industrial. Sin embargo, pocos son los que conocen que esta idea surgió a partir de un artículo publicado en 1967 en la revista SCIENCE por parte del historiador norteamericano Lynn White.

Es innegable que este pasaje del primer capítulo del Génesis ha sido interpretado de diversas formas a lo largo de la historia con un marcado acento antropocéntrico, dando a la creación un sentido netamente instrumental: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra» (Gn 1,28). Las palabras “dominar” y “someter” parecen contener una clara tendencia hacia el abuso de poder y la sobreexplotación de naturaleza.

Sin embargo, el término “someter” viene del hebreo KABA que tiene varios significados, incluyendo tomar posesión, amparar y proteger (Sal 8,7; Jos 18,1). Lo mismo sucede con la palabra “dominar” del hebreo RADAH que se emplea para describir la acción de un pastor bueno y justo hacia su rebaño.

Esta interpretación guarda coherencia con el segundo relato de la creación donde los seres humanos son creados a partir de la tierra. La tarea del ser humano era “cultivar” y “guardar” el mundo que va siendo creado por Dios (Gn 2, 15).

Justamente este fue el mensaje que rescató el Papa Francisco el pasado 5 de junio al conmemorarse el Día Internacional del Medio Ambiente: «El verbo “cultivar” me recuerda la atención que el agricultor tiene por su tierra, para que dé frutos, y éstos sean compartidos: ¡cuánta atención, pasión y dedicación! Cultivar y cuidar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al principio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; significa hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos».

[pullquote]Así mismo el Papa denunció que a menudo por la soberbia del dominio, del poseer, de manipular, de explotar, nos olvidamos que la creación es un don gratuito que debemos cuidar. Ideas similares ya estaban presentes en el Documento de Puebla (1979) donde se indica que «si no cambian las tendencias actuales, se seguirá deteriorando la relación del hombre con la naturaleza por la explotación irracional de sus recursos y la contaminación ambiental, con el aumento de graves daños al hombre y al equilibrio ecológico» (139).[/pullquote]

Queda claro que la actitud de depredar la naturaleza no es coherente con el pensamiento cristiano. Todo lo contrario, como se enseña en el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: «Si se llega a descubrir la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa, captar su significado evocativo y simbólico, y así penetrar en el horizonte del Misterio, que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y la tierra. El mundo se ofrece a la mirada del hombre como una huella de Dios, lugar en el que se desvela su potencia creadora, providente y redentora» (487).

José Miguel Yturralde Torres

José Miguel nació en Guayaquil (Ecuador). Es Ingeniero ambiental, con Maestría en sistemas integrados de gestión de la calidad, ambiente y seguridad; Master executive en desarrollo sostenible y responsabilidad social corporativa; y Master en exploración y producción de petróleo y gas.

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