Cuando hablas de Cristo a los demás das alegría. Y es que el Evangelio da alegría y su anuncio regala a los demás esa alegría, como señala el Papa Francisco en las primeras líneas de la Evangelii Gaudium: “La Alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”[1]. En estos días, mientras leía el capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles, reparé en el testimonio del apóstol Felipe. Leí dos relatos, Hechos 8, 1-8 y 8, 26-40. En ambas lecturas encontré algo en común que llamó mi atención: la alegría como resultado del anuncio, de la vida de Jesús, hecho por Felipe. También, despertó mi interés fijarme en la primera lectura, que ese fruto –la alegría– se haya dado en circunstancias adversas, como lo fue la persecución que sufrieron los primeros cristianos.

Hagamos un breve repaso a las lecturas mencionadas. La primera[2] comienza explicando que se había desatado una violenta persecución contra la Iglesia en Jerusalén y muchos se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. Felipe baja a la ciudad de Samaria y allí se pone a predicar a la gente sobre Cristo. Lo escuchaban con aprobación, señala la lectura, y vieron a Felipe hacer algunos signos que había obrado Jesús: Expulsó demonios y curó paralíticos y lisiados. En el segundo relato[3]  vemos a Felipe que obedece lo dicho por el ángel del Señor y se pone en camino de Jerusalén a Gaza. Observa acercarse a un etíope sentado en su carroza; entonces, el Espíritu le dice que se acerque, él, lo hace pronto, y le oyó leyendo al profeta Isaías. Entonces le pregunta “¿Entiendes lo que lees?” y el etíope le responde “¿Y cómo lo voy a entender, si nadie me lo explica?”. Esta es la ocasión para que Felipe, partiendo de aquél pasaje, le anuncie el Evangelio de Jesús. Más adelante veremos que este encuentro termina en el bautizo del etíope.

En ambos relatos el autor de Hechos de los Apóstoles deja claro que tanto los ciudadanos que escucharon a Felipe predicarles a Cristo, como el etíope, al que Felipe le anunció el Evangelio de Jesús y le bautizó, terminan llenos de alegría. Como lo podemos constatar en las lecturas: “Y hubo una gran alegría en aquella ciudad”[4], “que siguió gozoso su camino”[5].

[pullquote]El Evangelio da alegría. Al que lo lee, lo vive y lo transmite, como al que lo escucha y lo acoge. Así lo enseña el documento de Aparecida: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”[6]. Cuando recibimos un regalo, siempre nos alegramos. Como vemos, el mensaje de la Vida de Jesús es “fuente de gozo”[7], como lo deja claro la Evangelii Gaudium: “Nuestra alegría cristiana bebe de la fuente de su corazón rebosante. Él promete a los discípulos: «Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría» (Jn 16,20). E insiste: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón, y nadie os podrá quitar vuestra alegría» (Jn 16,22). Después ellos, al verlo resucitado, «se alegraron» (Jn 20,20)”[8]. Entonces, nos hacemos un bien leyendo el Evangelio y hacemos un bien a los demás predicándolo.[/pullquote]

Mirando el ejemplo del Apóstol Felipe, consideremos, los que seguimos a Cristo, que aún en medio de los momentos más difíciles debemos seguir anunciando el Evangelio. Y, aprendamos que en el servicio del anuncio del Evangelio a los demás, el Espíritu Santo es el principal protagonista, como lo vemos en Hechos 8, 26-40. Estemos atentos al Espíritu Santo para colaborar con el anuncio del Evangelio, especialmente a los que no conocen a Jesús, para que ellos, al conocerlo, sigan gozosos su camino.

[1] Papa Francisco. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. No. 1.

[2] Hechos 8, 1-8.

[3] Hechos 8, 26-40.

[4] Hechos 8, 8.

[5] Hechos 8, 39.

[6] Aparecida, No. 32.

[7] Papa Francisco. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. No. 5.

[8] Papa Francisco. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. No. 5.

© 2016 – Carlos Antonio Sánchez Bracamonte para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Antonio Sánchez Bracamonte

Carlos nació en Trujillo (Perú) en mayo de 1980. Es músico aficionado y comunicador social de profesión. Laico Consagrado que actualmente desempeña su misión apostólica en el Callao (Perú).

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