angel_coverHe revisado algunos estudios en donde se evidencia una relación entre soledad y mala salud. En el caso de los ancianos el problema se hace más grave no sólo por estar solos, sino por sentirse solos. Sabemos que los estudios pueden decir muchas cosas, pero en este caso creo que señalan algo importante: el siglo XXI parece estar siendo un siglo de soledades en medio de mucha compañía virtual. Seguramente todos los seres humanos hemos experimentado la soledad. Ignace Lepp habla de una soledad benéfica para la persona, pero que si se instala, paradójicamente, como única compañera de camino, puede ser letal. Dios no nos creó para la soledad, sino para la comunión y el encuentro de unos con otros. Biológica, psíquica y espiritualmente estamos hechos para la comunión, el encuentro, la compañía, la amistad.

En el peregrinar del bautizado por la tierra hay muchas experiencias de compañía, pero también de soledad. Muchas decisiones implican enfrentar situaciones adversas sin nadie al costado. Pensemos en la experiencia del universitario que tiene que expresar o defender su fe en un ambiente hostil. ¿No es también la experiencia del profesional que se siente muchas veces solo en su esfuerzo por ser fiel al matrimonio u honrado en su labor? ¿Y el que tiene que viajar de una parte a otra del mundo, rodeado de muchos, pero no de su familia? Sin embargo, el bautizado nunca está solo. Siempre estará en presencia de Dios, de los santos y de los ángeles. En particular, en presencia del santo ángel “de la guarda”.

¿Quién es el ángel de la guarda? Lo mismo que su nombre indica, y mucho más. El ángel es una persona espiritual que tiene alguna misión dada por Dios. A través de ellos Dios va dando a conocer su Plan de salvación para cada persona y para la humanidad. El “ángel de la guarda” tiene una misión específica: acompañar al bautizado durante toda su vida terrena. Cada bautizado tiene un ángel de la guarda personal, específico, solo dedicado a uno mismo (¡qué gran amabilidad del Creador al pensar en cada uno de sus hijos de modo tan personal y especial!). Es intercesor y protector del cristiano. El ángel, ser espiritual, no se cansa. Siempre nos acompaña. Está siempre intercediendo por nosotros, está continuamente solicitando gracia para nuestra vida cotidiana. El ángel de la guarda es tan cotidiano como el respirar. Es tan presente como el oxígeno. Y el ángel de la guarda es nuestro protector. Algún día nos enteraremos de cuántos peligros nos salvó, cómo intercedió para que fuéramos fieles, para que amáramos de verdad, para que fuéramos coherentes con nuestra fe.

[pullquote]Designarlos como “de la guarda” pretende mostrar no sólo su presencia permanente, sino también su amistad y compañía hacia cada uno de nosotros. Me atrevería a nombrarlo en vez de “de la guarda” como el “ángel amigo”: el siempre fiel, el que me acompaña, me corrige, me anima, me sostiene, se banca mis problemas y siempre está dispuesto a ayudarme en el camino de conformación con Cristo. Con esto deseo remarcar que su presencia silenciosa no es ociosa. Que su bondad para conmigo no excluye su celo y firmeza. ¿No parecerá un buen ejercicio espiritual invocarlo, tratar de conocerlo, relacionarse con él, tratar de descubrir su presencia amable y amical en mi vida cotidiana? Tengo la certeza de la fe: Cristo me habla de los ángeles. Cuando el Señor está más solo que nunca, en la agonía, unos ángeles acuden a consolarlo.[/pullquote]

Hay algo más: los primeros en anunciar el nacimiento de Cristo son los ángeles. Y su canto se eleva en cada Misa dominical. Los ángeles nos enseñan a ser apóstoles, a hacer apostolado. Son los primeros apóstoles: anuncian la Buena Nueva a la Virgen, a Zacarías, a los pastores. Los ángeles confortan a Jesús sufriendo en la pasión. Y son los testigos de la resurrección que señalan a los Apóstoles y a las mujeres que van al sepulcro que Cristo ha resucitado. Los ángeles dicen a los Apóstoles, también, que no se queden mirando al cielo, sino que vayan a cumplir la misión que el Señor les ha dejado. No son los ángeles de la guarda quienes hacen eso, pero sí podemos ver cuánto interviene un ángel en la vida del apóstol.

Hoy celebramos a los ángeles de la guarda, a los ángeles amigos que nos vienen acompañando en nuestro caminar cristiano. Puede ser un buen momento para renovarnos en la fe, para empezar, tal vez, a tener una relación mayor con este buen amigo que me acompaña y me muestra a Cristo para que yo, a mi vez, lo anuncie a mis hermanos.

© 2015 – Rafael Ísmodes Cascón para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Rafael Ismodes Cascón

Rafael nació en Lima (Perú), en el año 1965. Es licenciado en Filosofía por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Ha sido profesor de en las universidades San Pablo de Arequipa (Perú), Juan Pablo II (Costa Rica) y Gabriela Mistral (Chile).

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