Dubái pertenece al grupo de los siete emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos ... La inyección económica que ha recibido especialmente por la venta de hidrocarburos y por la fuerte inversión extranjera ha generado en Dubái una transformación radical, pasando de ser un desierto a una ciudad desarrollada del primer mundo, generando así un estilo de vida alto, con gran cantidad de empleos y una infraestructura que ha sorprendido al mundo entero ... Kadula, por el otro lado, es una ciudad muy pequeña de Sudán del Sur. El 90% de su población vive con aproximadamente 1 dólar al día, y se dice que es la ciudad más pobre del mundo. Las personas en esta pequeña ciudad viven de la explotación del carbón que, si tienen suerte, venden en las ciudades cercanas. Aparte de esto, la vegetación es muy pobre, más aún cuando se acaban las lluvias y la estación seca amenaza con destruir las cosechas. No existen escuelas ni centros médicos. Los niños crecen sin educación y sin aspiraciones en su vida a parte de sobrevivir el día a día ...

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Probablemente hayas escuchado hablar de Dubái por las “Palm Islands”, primeras islas creadas por el hombre, o por el edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa que mide 830m, ¡casi un kilómetro de alto! En todo caso, si todavía no te suena esta ciudad, vas a quedar impresionado por todo lo que hay ahí. Dubái, en los últimos 40 años, ha tenido un desarrollo económico como ninguna otra ciudad en el mundo gracias a la industria petrolera que a partir de los años 70 comenzó a desarrollarse velozmente.

Dubái pertenece al grupo de los siete emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos, manteniendo aún así autonomía política y económica propia. La inyección económica que ha recibido especialmente por la venta de hidrocarburos y por la fuerte inversión extranjera ha generado en Dubái una transformación radical, pasando de ser un desierto a una ciudad desarrollada del primer mundo, generando así un estilo de vida alto, con gran cantidad de empleos y una infraestructura que ha sorprendido al mundo entero. A pesar del golpe que recibió por la crisis económica del 2009, “do buy” sigue siendo un lugar para “ricos y famosos”.

Kadula, por el otro lado, es una ciudad muy pequeña de Sudán del Sur. La independencia de este país fue reconocida el 9 de julio del 2011 convirtiéndose así en el país más “joven” del mundo. El 90% de su población vive con aproximadamente 1 dólar al día, y a lo largo de su historia ha sufrido constantes guerras y conflictos interiores. Kadula tiene apenas 1.500 habitantes, y se dice que es la ciudad más pobre del mundo ((este dato puede cambiar con el tiempo, ya que es muy difícil determinar exactamente por un periodo determinado el índice de pobreza de un lugar cuando existen muchos otros lugares en igual o peor situación de pobreza)). Las personas en esta pequeña ciudad viven de la explotación del carbón que, si tienen suerte, venden en las ciudades cercanas. Aparte de esto, la vegetación es muy pobre, más aún cuando se acaban las lluvias y la estación seca amenaza con destruir las cosechas. No existen escuelas ni centros médicos. Los niños crecen sin educación y sin aspiraciones en su vida a parte de sobrevivir el día a día.

Las diferencias entre ambas ciudades son abismales. Mientras en Dubái se venden helados adornados con oro comestible de 23 quilates en un tazón Versace a $800, en Kadula sufren para que el único pozo de agua que los abastece no se dañe y menos aún se seque. Mientras en Dubái se paga por noche $130.000 en la “Royal Suite” en el hotel Burj Al Arab, en Kadula aspiran a tener casas con ladrillos para protegerse de las fuertes lluvias. Mientras en Dubái se preocupan por ver la manera de invertir plata creando islas artificiales sobre el Golfo Pérsico, en Kadula se preocupan de la guerra que podría llegar a su ciudad en cualquier momento. Por un lado, las preocupaciones de unos son ver la manera de como invertir plata mientras que otros se preocupan por sobrevivir cada día.

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Creo que la respuesta a la pregunta sobre dónde preferirías vivir es un poco obvia. Cabe preguntarnos ahora: ¿por qué hay tanta desigualdad e injusticia en el mundo? Si vemos la historia del hombre, siempre ha habido unos que han tenido más riquezas que otros. No es algo nuevo. El problema está en que «la riqueza mundial crece en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades … se sigue produciendo el escándalo de las disparidades hirientes» ((Caritas in veritate, 22)). A pesar del gran desarrollo tecnológico; la globalización; innumerables iniciativas de ayuda social; el acceso fácil y rápido a noticias de todo el mundo; comunicación sin límites entre las personas por medio de las redes sociales; etc., cuando mejor ha estado el hombre, más diferencias encontramos en las distintas clases sociales. Entonces, ¿qué está pasando?

[pullquote]El Papa Francisco, en su visita a Corea del Sur, decía: «nos preocupa la creciente desigualdad en nuestras sociedades entre ricos y pobres. Vemos signos de idolatría de la riqueza, del poder y del placer, obtenidos a un precio altísimo para la vida de los hombres» ((S.S. Francisco, Discurso en el encuentro con los jóvenes de Asia, 15/08/2014, tomado de https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2014/august/documents/papa-francesco_20140815_corea-giovani-asia.html)). Muchas personas viven en una burbuja que los hace insensibles frente a la realidad que los rodea, y para mí, este es el gran problema. ¿Qué significa para una persona comerse un helado con oro que cuesta $800? Esta persona o ya no sabe cómo gastar su plata, o peor aún, ha perdido la conciencia de su valor. ¿No sería mejor comprarse un helado en cualquier gelateria, que podría ser igual o hasta más sabroso con la posibilidad de repetir si es necesario, por un precio más humano? La visión del mundo llega a ser muy superficial y se pierde la sensibilidad frente al sufrimiento y las necesidades de las demás personas.[/pullquote]

Los medios de comunicación y la cultura actual del mundo bombardean al hombre con la idea de que la felicidad está en el poder-tener-placer: “Mientras yo esté bien, todo está bien”. Vivir de acuerdo con estos paradigmas nos lleva a vivir una vida autorreferencial, autosuficiente y por lo tanto egoísta, en donde cada uno se convierte en el centro de la realidad haciendo que la vivencia del amor sea algo cada vez más burdo y secundario.

Envuelto en estas ideas mundanas y formas de vida, el corazón del hombre se va endureciendo poco a poco, a tal punto que se va perdiendo el sentimiento de compasión y dolor por el otro, haciendo que los problemas de los demás nos sean ajenos. Solo en el amor y en la entrega por los demás podremos abrir los ojos y mirar la realidad que nos rodea sin ser indiferentes y conscientes de que hay todo un mundo que sufre y necesita ayuda.

El amor es lo único que nos puede sacar de nosotros mismos. Es lo único que puede luchar contra la insensibilidad y la superficialidad que tanto nos hace daño. La indiferencia se ataca en el servicio a los demás. Tomemos conciencia del valor de la vida porque al fin y al cabo todos vamos a morir. ¿Qué nos vamos a llevar con nosotros? Nada. Entonces vale la pena preguntarnos: ¿de que le sirve al hombre ganar el mundo? (ver Mc 8, 36).

© 2015 – Bernardo Sauter para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Bernardo Sauter

Bernardo nació en San José de Costa Rica, tiene 23 años y pertenece al Sodalicio de Vida Cristiana. Actualmente vive en Perú.

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