Una persona divorciada vuelta a casar, ¿está excluida de la Iglesia? ¿Está fuera de la Iglesia? ¿Esto es así?

Lo primero que vale la pena aclarar, es que una persona divorciada, vuelta a casar, no está excluida de la Iglesia y por lo mismo, nosotros no podemos tratarlos a ellos como si estuviesen excluidos. Es como que cualquiera de nosotros cometa un pecado, decir una mentira, robar, sabe Dios, cualquier cosa y por eso estamos excluidos. Queridos hermanos, todos somos pecadores y por lo mismo, todos necesitamos de la misericordia y Dios no nos excluye por eso.

En segundo lugar, es importante también que entendamos que ante esas personas nosotros tenemos que tener la sensibilidad y el tacto para comprender que han pasado por situaciones familiares muy dolorosas y por lo mismo, nuestra primera actitud debe ser de apertura y misericordia, de abrir los brazos, acoger con misericordia. De eso se trata, no se trata de ser los jueces del mundo, los jueces de la Iglesia: “¡Ah! ¡Mira! Hay una persona divorciada vuelta a casar…unos pecadores”. Todos somos pecadores y por lo mismo, nosotros tenemos que acogerlos a ellos con apertura, con misericordia para justamente hacernos uno con ellos, en esa situación de dolor que lamentablemente han vivido.

En tercer lugar, hay que recordar que ese dolor familiar no fue solamente de los cónyuges, no fue solamente del esposo y la esposa que decidieron separarse, divorciarse y después alguno de ellos o tal vez los dos, estar en una nueva unión, sino que también están los hijos y por lo mismo, esa actitud de apertura y misericordia también tiene que ir hacia las familias de aquellas parejas que decidieron divorciarse. Por lo mismo, atendamos bien a esas familias, acojámoslos. Yo tengo que reconocerlo…yo vengo de una familia donde mis padres se divorciaron. ¡Qué bonito ha sido encontrar en la Iglesia un abrazo de nuestro Padre! De nuestro Dios a través de tantas personas que en su momento me acogieron, me acompañaron y me ayudaron a vivir en la paz y en la alegría que vivo hoy.

Y por último, el tema que suele ser más complejo, si es que ellos pueden acceder a recibir la Comunión o no. Para esto quiero ser un poquitito esquemático, ¿ya? Para que podamos entender bien.

La Iglesia enseña que para que cualquiera de nosotros pueda recibir la Eucaristía tiene que estar en estado de Gracia y para estar en estado de Gracia, Dios tiene que haber perdonado nuestros pecados a través del sacramento de la Confesión, del sacramento de la Reconciliación. Para que podamos recibir ese perdón en el sacramento de la Reconciliación tiene que existir arrepentimiento por nuestros pecados y propósito de enmienda.

Por eso, las personas divorciadas vueltas a casar no suelen recibir la Eucaristía, no porque haya fallado su primer matrimonio, sino porque están en una nueva unión y esa nueva unión hace que ellos estén actualmente siendo infieles a ese Sacramento que recibieron y por lo mismo, no están arrepentidos de esa nueva unión y no tienen el propósito de enmienda, por lo tanto, no pueden recibir la absolución sacramental y así no pueden recibir la Eucaristía.

Entonces, no es que la Iglesia los quiera excluir o dejar fuera, no, sino que la Iglesia sabe que al estar en esa unión, están en una situación sumamente difícil y no tienen las condiciones, en ese momento específico, para recorrer ese camino.

Pero el Papa Francisco nos ha pedido primero a los Obispos y especialmente a los sacerdotes, ¿no cierto? Junto con nuestros Obispos, que acompañemos en una vía de discernimiento a esas parejas, para que puedan caminar, acercándose cada vez más plenamente a Jesucristo hasta poder llegar a tener las condiciones para recibir ese Sacramento que tanto anhelan. Pero eso no quiere decir que una persona que está divorciada vuelta a casar va a poder comulgar así como así, no, es muy distinto, pero ese camino tiene que vivirse en Iglesia y con la Iglesia.

Por lo mismo, los invito a que si es que conocemos personas que están en esta situación, o si algunos de ustedes está en esta situación, a que se acerquen a un sacerdote, que se acerquen a su parroquia, su capilla más cercana y vivan en esa Iglesia ese camino de acercamiento cada vez más pleno a Jesucristo. Todos lo necesitamos y también ustedes que están viviendo esta situación de dolor y tal vez, de lejanía y que por lo mismo, los hace estar tan necesitados de Dios.

Recuerden, esta es una situación compleja que exige de nosotros apertura y misericordia pero también verdad y justicia. Son todas actitudes católicas que no podemos negar y por lo mismo, tenemos que vivir bajo la misma verdad que es la que Jesucristo ha enseñado.

El matrimonio es uno y para toda la vida y eso no va a cambiar y la Eucaristía es un don de Dios que para recibirlo tenemos que estar preparados. No es el don de los elegidos, los preferidos, los mejores, no, es un don de Dios que nosotros tenemos que poner todo lo que esté de nuestra parte para poder recibirlo dignamente.

Queridos amigos, ¡que Dios los bendiga! Y espero haberlos ayudado.                            

P. Sebastián Correa Ehlers

El P. Sebastián nació en Santiago de Chile en 1982. Desde muy joven se dedicó a la pintura y a la fotografía, habiendo realizado exposiciones de su trabajo en Perú y Chile. Ha publicado dos libros: "El Espíritu del Lugar. Naturaleza y arquitectura en Arequipa", estudio fotográfico sobre la arquitectura y cultura de algunos lugares del Perú; y "Suyajruna", que contiene el testimonio fotográfico y periodístico de 10 artistas populares del Perú, sobre sus orígenes, sus tradiciones, su arte y su religiosidad.
Realizó estudios de arquitectura en la Universidad de Chile, y de filosofía y teología en la facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.
En la actualidad es capellán de la Universidad Gabriela Mistral, miembro del Consejo Directivo de la Fundación CRECE CHILE y director general del Centro de Estudios Católicos CEC.

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1 comment

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  • Jesús dijo en su última cena: “Tomad y comed TODOS de él porque este es mi cuerpo/sangre”. La invitación de Jesús es para todos. El no dijo: Solo los que están casados una vez, solo los niños que ya pasaron por los cursos de catequesis, no dijo, los buenos que nunca se equivocan, no dijo solo los que ayunaron y no han comido por x horas. Su invitación es para todos y El no excluyó a varios traidores que fueron los que lo encaminaron a su muerte. ¿Por qué entonces lo que dice la iglesia católica nada tiene que ver con lo que dijo Jesús?