Mucho se viene hablando sobre el proyecto de ley de uniones civiles entre personas homosexuales. Como en toda polémica siempre es bueno evitar calificativos que lo único que logran es enturbiar el debate. Se trata precisamente de lo contrario: de tratar de lograr claridad. En ese sentido recuerdo que en Derecho una cosa son los problemas patrimoniales y otra los matrimoniales-familiares. Estos últimos, por su naturaleza, suponen también problemas patrimoniales, pero no funciona igual a la inversa. Trataré de explicarme.

Si de lo que se trata es de lo primero, no viene al caso discutir ni de sexualidad ni de familia. Lo patrimonial puede resolverse en sede propia –por ejemplo, haciendo alusión al problema más comentado– acomodando como haga falta la legislación sobre sucesiones para evitar que personas que no lo merecen se hagan injustamente de masas hereditarias. Y así con los demás problemas patrimoniales.

Si por el contrario de lo que se trata es de discutir qué es un matrimonio o una familia, la cosa cambia. La institución matrimonial clásica occidental tiene una estructura básica: un varón y una mujer que hacen vida en común con el objeto de ayudarse y de educar a los hijos que eventualmente puedan engendrar. La relevancia en orden al bien común es clara: los ciudadanos nacen y son educados en lo esencial en este espacio privilegiado. De ahí la protección por parte del Estado y su relevancia constitucional. Desde luego, no es un requisito que la pareja logre tener hijos, lo que depende de infinidad de factores en los que al Estado no le compete inmiscuirse. Sobre este modelo familiar hemos construido nuestras sociedades a lo largo de los siglos. Creo que no es necesario defenderlo.

[pullquote]Pero ¿por qué no otros modelos? La pregunta es jurídicamente válida. ¿Cuál es entonces la estructura familiar alterna –si se quiere “moderna”– a la señalada en el párrafo anterior? Si no existe una estructura esencial para esta institución –algunos la llamarían “natural”, como lo hace nuestra Constitución– la imaginación puede echarse a volar. ¿Por qué sólo dos personas homosexuales que conviven entre sí? ¿Por qué no tres o cuatro independientemente de su sexo u orientación sexual? ¿Sería necesario que se quieran o sólo que mantengan relaciones sexuales? ¿Sería necesario que cohabiten? ¿Para ser una familia que el Estado deba proteger patrimonialmente debería bastar que algunos ciudadanos se sientan subjetivamente parte de una?[/pullquote]

Por supuesto que hay que rechazar la discriminación para cualquier ciudadano. Obviamente las personas homosexuales no son una excepción. Eso no significa que cualquier deseo sea transformado automáticamente en derecho. Cabe recordar que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos –al que difícilmente se le puede achacar homofobia– reconoció que no hay obligación por parte de los Estados europeos de regular el llamado “matrimonio homosexual” con lo cual se desmorona la idea de que si no se legisla el matrimonio homosexual –con ese u otro nombre– se estaría violando el derecho humano a la no discriminación.  ¿Estamos para jugar al aprendiz de brujo  –quizá con las mejores intenciones– con una cosa tan seria como el matrimonio y la familia? Creo que el Derecho debe solucionar problemas sociales, no crearlos. Honestamente no veo moralina ni conservadurismo en esto, sino la mínima prudencia política que hemos de exigirle a cualquier legislador.

© 2013 – José Chávez-Fernández Postigo para el diario El Comercio (Perú). Publicado el 23 de septiembre de 2013
 
 

José Chávez-Fernández Postigo

José es Máster en Derecho por la Universidad de Zaragoza – España. Actualmente realiza su tesis doctoral en Filosofía del Derecho en la misma casa de estudios. Cursó estudios de Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú y se licenció como Abogado en la Universidad Católica de Santa María, Arequipa.
Ha dictado clases o participado como conferencista en eventos académicos sobre Derecho Natural, Derechos Humanos y Filosofía del Derecho en Perú, Argentina, Chile, Brasil y Colombia. Ha publicado artículos de su especialidad en el Perú y en el extranjero.
Es autor de los libros: Persona humana y derecho. Un diálogo con la Filosofía jurídica de Javier Hervada, Porrúa, México, 2014; La dignidad como fundamento de los derechos humanos en la sentencias del Tribunal Constitucional peruano. Entre la mera autonomía y la libertad ontológica, Palestra, Lima, 2012; y coordinador y coautor del libro colectivo: Derecho y moral en el debate iusfilosófico contemporáneo, Universidad Católica San Pablo, Arequipa, 2010.
Actualmente es Profesor Asociado y Titular de Derecho Natural y de Filosofía del Derecho, Investigador, Coordinador de la Línea de Fundamentos del Derecho y Director del Círculo de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica San Pablo, Arequipa.

View all posts

Add comment

Deja un comentario