“Cuando el pozo está seco, sabemos el valor del agua” – Benjamin Franklin

En el capítulo XII de la “Imitación de Cristo”, Tomas Kempis, su autor, afirma: «Es conveniente para nosotros que de vez en cuando soportemos algunas molestias y contrariedades, porque frecuentemente retraen al ser humano a su propio corazón para que reconozca que vive como exiliado y no sustente su esperanza en alguna realidad creada». Me parece una frase muy interesante y no menos “subversiva”, subversiva hacia los nuevos paradigmas de paz y tranquilidad. En muchas ocasiones, en esta vida terrena, nos enfrentamos a dificultades y desafíos que nos dejan en una especie de cuarto oscuro, llenos de incertidumbres, con una especie de fatiga crónica, nos olvidamos de que el obrar de Dios y su plan son misteriosos, complejos y no son tan fáciles de leer. Tratamos de cargar solos, cerrados incluso a nuestros mejores amigos, nuestra situación de dificultad.

La fatiga, el desencanto, el desasosiego y el estrés, se van convirtiendo en estados cada vez más recurrentes del mundo moderno. Y pareciera que la vorágine nos absorbe, nos toma entre sus brazos y nos perdemos en ella. A veces, simplemente, es difícil detenerse y elevar la mirada. Por eso, «cuando el pozo está seco, sabemos el valor del agua», como afirmó Benjamin Franklin, y por eso es tan importante preguntarse: ¿Cuáles son las fuentes de agua? ¿De qué agua necesito? ¿Cómo mantenerme y con qué mantener mi corazón hidratado?

Sabemos bien que el ser humano necesita del agua para sobrevivir. Así podemos usar el agua, como figura, para lo que necesita nuestro corazón para sobrevivir. Por lo tanto, si todo corazón necesita agua, asegurarse de que nuestros pozos estén llenos es una necesidad absoluta para el éxito de una vida realizada, que sea capaz de sobreponerse a las dificultades o situaciones que exigen el agua del corazón. Las aficiones, intereses y autocuidado son algunas de las fuentes que ayudarán a colmar nuestro depósito, para poder encarar los desafíos comunes y los factores de estrés a los que nos enfrentamos cada día. San Bernardo de Claraval en una de sus homilías sobre el Cantar de los Cantares decía:

«Si eres sensato, preferirás ser reserva de agua y no canal; éste, según recibe el agua la deja correr. La reserva no: espera a llenarse y, sin menoscabo propio, rebosa lo que le sobra, consciente de que caerá la maldición sobre el que malgaste lo que le ha correspondido… Hoy nos sobran canales en la Iglesia y tenemos poquísimas reservas. Parece ser tan grande la caridad de quienes vierten sobre nosotros las aguas del cielo, que prefieren derramarlas sin embeberse de ellas, dispuestos más a hablar que a escuchar, y a enseñar lo que no aprendieron. Se desviven por regir a los demás y no saben regirse a sí mismos» (SCant 18, I, 2-3).

Qué claridad para decir con otras palabras, un lema que tan bien conocemos: “Nadie da lo que no tiene”. Cuide de sí mismo, no como un vano egoísmo, sino respondiendo a la misión y vocación que usted tiene. ¿De qué tipo de agua necesito para saciar la sed de mi corazón? Recordemos una frase muy clara de Jesús: “la boca siempre habla de lo que está lleno el corazón” (Mt 12,34)

Soy un hombre casado: ¿Cómo puedo dar tiempo de calidad a mi familia después de un día de trabajo? ¿Es mi familia una de mis fuentes de agua cristalinas? Soy una joven universitaria: para ser buena hija y alumna, ¿Qué lecturas, música, palabras escucharé? Soy un trabajador dedicado: ¿Qué necesito para procurar ser siempre la mejor versión de mí mismo? Consagrado: ¿Cómo nutrirme del amor de Dios y la comunidad para sobreabundar en el apostolado?

Un punto fundamental para responder las preguntas anteriores, es velando por el propio bien y asegurándose de que cada día tienes tiempo para que tu reserva de agua se mantenga rebosante. Dar un paseo, leer un buen libro, tiempo de meditación y/o la oración, un hobby, estar con amigos, ver una película, estar al aire libre en la naturaleza, escuchar o tocar música, creando, construyendo, siendo; incluso el sencillo ejercicio de detenerse a respirar. ¡Todas estas cosas y muchas más, son las pequeñas formas en que podemos cada día llenar nuestros pozos! Por supuesto sin olvidar una fuente fundamental, sine qua non: Jesús; Él mismo hizo una sentencia muy importante “el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (cf. Jn 4,14). ¡Ojo! Hacer todas estas cosas, no debe ser visto como un egoísmo de nuestra parte, sino un tiempo personal necesario, para un encuentro con Dios, conmigo mismo. Nutriéndome de la gracia de Dios, que se manifiesta de tantas maneras a lo largo de nuestra vida.

Y ahora, para quien se mueva por la dirección opuesta, unas palabras sobre lo que puede suceder cuando estamos operando desde los depósitos y pozos vacíos, cuando somos canal y no reserva. La persona puede convertirse en una víctima de su propia sequedad, empieza a mirar el mundo y su realidad desde las sombras o neblina que cubre sus ojos, puede centrarse sólo en la cizaña que crece y no en el trigo que lo acompaña (cf. Mt 13,24-30). La grieta más pequeña puede tirar abajo la más grande de las represas. Si no cuidamos de nuestro corazón, de ese depósito interior de cada uno, pequeñas fisuras, heridas, grietas pueden estar drenando nuestros depósitos y dejarnos, al final, totalmente secos.

Para darse cuenta de esto es necesario detener el paso acelerado y a veces frenético en el cual nos encontramos, salir del carril de alta velocidad para preguntarnos si no somos, en algunas ocasiones –y tal vez más de las que imaginamos–, culpables de la situación en la cual nos encontramos, si tal vez la pesadumbre, tristeza, cansancio, dolor, es porque el agua de la cuál bebemos, la fuentes con las cuales nos colmamos, traen agua empozada y rancia, con ideas muertas y dañinas, o tal vez es agua contaminada pero no podemos reconocerlo a simple vista. Así mismo es importante llevar a cabo “visitas de mantenimiento y reparación”, curar viejas heridas, perdonar a quien nos ha ofendido, cerrar aquellas grietas del corazón… todo os conforta y sabemos entonces, que si llevamos y ponemos nuestro corazón a los pies de Dios, Él prometió: «Los rociaré con agua pura y quedarán purificados […] les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo» (cf. Ez 36 25-26)

Cuidarse y correr a las fuentes de agua viva, puede permitir mantener fresca la mirada y la vida. Todos necesitamos descansos y momentos para refrescar nuestro corazón, necesitamos llenarnos por nuestro propio bien. En momentos de dificultad tratemos de redirigir los pensamientos, salir de la mirada que nos oculta en las sombras, que como fantasmas nos invaden y conduzcamos la mente hacia la luz que siempre está ahí, existiendo. Abrir nuestro corazón, compartir con una persona de confianza, nos puede ayudar a refrescar la mirada, incluso puede ayudar a reducir el miedo, la angustia o la incertidumbre. Cuando mostramos angustia, Dios cuida de nosotros a de personas concretas, que están disponibles en el momento oportuno, en el lugar oportuno, esperando por nosotros. No temamos a explorar la posibilidad de iniciar un diálogo, propiciar el encuentro, crear un ámbito creativo. En algunas ocasiones soy portador de agua para una persona, en otras ocasiones son otras personas las que traen agua para mí.

Estamos todos juntos en este viaje de la vida, trabajamos arduamente en nuestras tareas y misiones. La vida nos engaña, sin embargo, también nos envía sacudidas que nos sorprenden y mueven profundamente nuestro interior. Por favor, hagamos todo lo posible por cuidarnos. Descubrir las fuentes que pueden mantener las reservas llenas, y una vez llenas, salir al encuentro también de los demás. Tendiendo a sí mismo, para salir al encuentro, nos hace más fuertes, y logramos estar más en sintonía con lo que otros están pasando y viviendo. Es nuestra misión llenar y cuidar nuestro corazón para que brote agua pura, viva, que nos permita llenar el corazón de otros, que viven en oscuridad, y así, caminar juntos, con corazones llenos de felicidad.

 

Ricardo Andrés Salas Dorado

Ricardo nació en Bogotá (Colombia) en 1984. Es Economista, Historiador y Magister en Educación de la Universidad de los Andes (Colombia).
Actualmente es docente y encargado del departamento de Acompañamiento de Middle School en el Colegio San Pedro en Lima. Anteriormente fue asistente de investigación y profesor de Economía y Educación.

View all posts

Add comment

Deja un comentario