¿Se imaginan el estruendo que ocasionaría si todos los cristianos del mundo a una sola voz, en un mismo momento, dijéramos en voz alta, casi gritando, un Padrenuestro? ¿No sonaría como un rayo? ¿O como un terremoto? Y lo curioso es que así suena en el cielo. Tal vez el silencio de la oración, la vergüenza del que lo calla en público y lo reza en privado no permiten escuchar el clamor del Padrenuestro en toda su potencia.

The-Morning-after-the-Deluge-c.-1843-2El siglo pasado un autor francés, León Bloy, dijo la siguiente frase: «Cuando un cristiano reza un Padrenuestro el cielo tiembla». ¿Por qué podrá temblar el cielo? ¿Puede temblar el cielo? Es claro que es una figura para expresar algo más profundo. ¿Qué ocurre cuando rezo un Padrenuestro? Algo muy  “común” es que cada vez que lo rezo Cristo lo reza conmigo. Sea el más distraído o el más angustiado, el Padrenuestro más concentrado o el más gozoso: Cristo lo está y lo estará rezando siempre conmigo. Él nos enseñó esa oración. Él nos dijo que la rezáramos. ¿Y nos podrá dejar solos cuando lo hacemos? Creo que no. Cristo reza siempre conmigo. Y con mucha más certeza reza cuando yo pronuncio en mi mente, con mis labios de la forma más superficial o más profunda la oración que Él nos pidió rezar.

Establezcamos algunos razonamientos: Dios ha creado todo por amor.  Dios me ha creado por amor. Dios me ama. Y el amor no se tiene con horario. El amor es permanente. Dios me ama permanentemente. Dios, en consecuencia, me escucha siempre. Lo sienta o no. Lo piense o no. Cada uno de sus hijos es tan valioso para Él que está atento al menor susurro, así parezca ser el menos escuchado, el más desgraciado, o el menos valioso para este mundo. Como él mismo dice, si un hijo le pide un pan a su padre, éste no le va a dar una serpiente, sino un pan. ¿Cuánto más el Padre no estará atento a darnos cosas buenas a sus hijos?

[pullquote]La simpleza de un Padrenuestro ocasiona un estruendo celestial. Esta evidencia me lleva a ser más reverente cuando rezo y a hacer más caso de las palabras que pronuncio o digo mentalmente. También me lleva a ser más confiado. Y también me permite rezar adormilado: ¡igual rezo! Incluso, me atrevería a decir, si rezo con pereza soy escuchado: ¡porque soy hijo! Eres escuchado por ser hijo, no por ser bueno o malo. El cielo tiembla cuando un “otro Cristo” como lo es cada bautizado enuncia esa plegaria. Animémonos a rezarla. El Padre nos espera. El cielo hará fiesta.[/pullquote]

Antes de que Jesús enunciara a los Apóstoles el Padrenuestro, creo, el Señor escuchó a su Madre rezar. ¿No le habrá dado ella ideas para elaborar la llamada oración dominical? Cuando la Madre, ante la prima Isabel, nos habla de su relación con el buen Padre Dios, ¿no esboza ya esa mirada que Jesús nos enseñará a tener con Él? María puede haber enseñado al Hijo a rezar con confianza en el Plan del Padre, así como la Madre debe haber enseñado a Jesús a rezar para que evitemos lo malo, para que pidamos lo bueno. Es bueno pedirle a la Madre que nos enseñe a pronunciar el Padrenuestro con el mismo Espíritu de su Hijo. Ella misma lo debe haber rezado con los Apóstoles. También lo reza con nosotros.

© 2015 – Rafael Ismodes Cascón para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Rafael Ismodes Cascón

Rafael nació en Lima (Perú), en el año 1965. Es licenciado en Filosofía por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Ha sido profesor de en las universidades San Pablo de Arequipa (Perú), Juan Pablo II (Costa Rica) y Gabriela Mistral (Chile).

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