Me preguntan: Padre, ¿Qué responsabilidad tienen los periodistas cuando manipulan o no dicen la verdad o dan a conocer la vida privada de las personas? ¿Es pecado el sensacionalismo? ¿Cómo deben reparar el daño que han causado?

sensacionalismoTransmitir la verdad es un deber que nos concierne a todos; pero tienen una responsabilidad mayor sobre este asunto aquellos que trabajan en los medios de comunicación social. Es natural que a nadie le guste que le mientan o que se mienta sobre él o su familia, y menos aun que esa mentira sea difundida por los medios de comunicación masiva. Quizás aquí se puede aplicar eso de: «no hagas a otro lo que no te gustaría que hagan contigo».

El Catecismo de la Iglesia Católica desarrolla muy bien tu pregunta y la enmarca en el desarrollo que hace del octavo mandamiento, y nos da los criterios necesarios para discernir cuándo se falta a la verdad; así que, para responderte voy a copiar algunos textos de este importante documento pues creo que van a iluminar las interrogantes que planteas.

Una de las cosas que nos recuerda el Catecismo es aquello que dice el apóstol, que como cristianos hemos de rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresía, envidias y toda clase de maledicencias. (Ver 1Pe 2,1) Por lo tanto todo aquello que afecte la buena honra de los otros hemos de rechazarlo. Pero, hay que aclarar que la mentira cobra una culpa mayor dependiendo de lo que se dice, quién la dice, y los efectos que esta causa, ya sea por quien soy, el cargo que desempeño o por la difusión que soy capaz de hacer de la misma.

Me parece importante también resaltar aquello que el Catecismo nos dice acerca de la reputación de las personas: en este numeral se nos indican todas aquellas actitudes que de palabra pueda causarle un daño injusto a cualquier persona, por lo tanto:

  • Se hace culpable de juicio temerario el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral del prójimo.
  • De maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran.
  • De calumnia el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos al respecto a ellas.

Creo que con estos criterios generales vamos despejando las interrogantes que planteabas.

Queda claro para todos que los medios de comunicación social desempeñan un papel importante en la difusión de la información, la promoción cultural y la formación. “La información de estos medios es un servicio del bien común. La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad.” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2494) Por lo tanto: “El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación.” (Concilio Vaticano II, Inter mirifica, 5)

[pullquote]Creo que el Catecismo es claro en que ha de haber un sano equilibrio en el manejo de la información que se da. Por otro lado la persona tiene todo el derecho de guardar reserva de cosas que son personales y pertenecen a su intimidad. Por lo tanto el sensacionalismo, que se define como la acción por la cual se produce, sensación, emoción o impresión, por medio de la información que se da, muchas veces deformando la verdad o exagerando cosas, o buscando simplemente despertar el morbo, frente a un acontecimiento determinado, es también contrario a lo que la Iglesia enseña.[/pullquote]

Y por ultimo hemos de recordar que todo aquel que daña la buena honra de alguien o la reputación de alguien, tiene el deber moral de reparar el daño que ha hecho a esa persona.

© 2014 – P. Enrique Granados Cueto para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

P. Enrique Granados Cueto

El P. Enrique pertenece al Sodalicio de Vida Cristiana. En la actualidad reside en Guayaquil (Ecuador).

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