Están muy de moda las series, principalmente las de Netflix y eso ha generado que la producción de estas se haya potenciado considerablemente. Si antes no era extraño escuchar a algunos de nuestros familiares hablar de las telenovelas, hoy es muy común comentar sobre las series que estamos viendo y siguiendo en Netflix o HBO. Las propuestas son amplias y los temas diversos, entonces hay para todos los gustos.

Merlí es una de las series, que el último tiempo, ha tenido gran aceptación entre los usuarios. Sobre esta serie catalana comentaré solo algunas cosas que me parecieron muy interesantes sin necesidad de hacer la temida “advertencia Spoiler”.

Esta serie española trata sobre la llegada de un profesor de filosofía, Merlí, a un instituto o liceo de enseñanza pública. La serie gira en torno a la revolución que genera este novedoso, apasionado y poco ortodoxo profesor, principalmente en una clase de adolescentes de primero de bachillerato.

Hasta ahí con la descripción para no “quemarles la película”, o serie, como quieran decirlo.

La primera temporada de esta serie me pareció muy interesante por la cantidad de temas cotidianos que saltan a escena y que hoy nos pone frente al desafío de hacerles frente.

Increíblemente, en un contexto donde se busca reducir o eliminar las clases de filosofía de los colegios, esta materia y sus pensadores dejan mucho para la reflexión en los estudiantes, y obvio, en los que vemos la serie.

Cuando pensé en el título del artículo se me ocurrió ponerle: “Merlí, una serie patética”, pero explicaré por qué recurriendo solo al primer capítulo y al diccionario. “Patético” es aquello que nos conmueve profundamente, entre varias otras definiciones. Por otro lado, en el primer capítulo, Merlí invita a sus estudiantes a conformar un grupo llamado los “peripatéticos”, haciendo referencia al grupo de seguidores de Aristóteles a los que se les llamaba así por el término griego peripateín que significa paseadores, de hecho, se dice que ellos caminaban por los jardines de un templo mientras pensaban y hablaban sobre diferentes temas relacionados a lo Aristóteles les proponía.

En todo caso, es una serie que conmueve y que nos lleva a recorrer variados temas cotidianos que son relacionados con el pensamiento filosófico y que realzan el importantísimo valor de pensar, reflexionar, contemplar, etc. Pienso también que no es casual que se haya usado una clase de adolescentes, pues como su mismo nombre llama, adolecen y están en vías de la ansiada madurez. Son personas que están buscando respuestas y seguridades, todo ello junto a una rebeldía propia de la edad y a la necesidad de saciar algún tipo de ideal que los vaya definiendo como persona.

Este profesor genera pensamiento, rompe esquemas, no muestra una norma moral, no define nada, no se muestra como un iluminado pensador, aunque a veces se cree el cuento del personaje, como algunas veces sucede con quienes vamos acumulando conocimientos con los años, en otras palabras, aquello a lo que le temía san Francisco de Asís allá por el siglo XIII, la vanidad que genera el conocimiento.

Sus métodos podrían llamar la atención en quienes están cercanos a los temas de educación, tanto para bien como para mal. Estos son criticados y admirados por los que también viven de forma apasionada su labor como educadores, dando una buena suma de matices a las emociones que nos permite recorrer cada capítulo.

Un dato no menor, es que el escenario principal es una Escuela Pública, por lo tanto, una dimensión casi parasitaria que se compone de muchas perspectivas, líneas políticas, estructuras

morales, valores, creencias, formas de vida y, obvio, muchos problemas. Si pensamos en la enseñanza pública de nuestros países, estos temas sonarán conocidos, partiendo por agregar una larga lista de problemáticas propias que podrían volverla más interesante y decadente a la vez, salvo Finlandia claro.

Finalmente, quise hacer esta instrucción para animarlos a ver esta serie. Sé que a no pocos va a

escandalizar, aunque sea un poquito, pero creo que eso mismo podría ser un buen síntoma inicial para volver a reflexionar, volver a ponernos en una situación de adolecer de criterios, aunque por la madurez de los años podríamos ampliar las perspectivas, y hasta enfocarlas o ver nuevos ángulos, recordando que jamás llegaremos al conocimiento total de las cosas o a una posición completamente elaboradas sobre la realidad y las definiciones que hagamos de ella.

¿Relativismo?, no. Verdad.

¿Verdad? ¿Existe?, creo que sí. Búscala, escúchala, mírala, no la encierres en conceptos Totalitarios.

¿Te atreves? Bueno, piensa… ergo sum.

Disfruta.

Raúl La Torre

Raul ha llevado estudios de arquitectura y filosofía. Es licenciado en historia y en pedagogía de enseñanza media. Actualmente está encargado del Área Educativa del Museo del Carmen de Santiago de Chile.

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2 comments

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  • El protagonista “Merlí” cómo usted lo dice, es un amoral, así que no valdría la pena recurrir a tal serie y perder el tiempo que puede hacerse valioso leyendo a los filósofos que se pretenden mostrar en el trayecto de la historia de Neflix… Disculpe usted, pero aquella producción es un bodrio pedagógico que espanta cuando la verdad es dulcificada con el relativismo ideológico y hedonismo cruel de una España trashumante de nuestros días…

    • Estimado, gracias por su comentario. Con respecto a ello, el artículo no señala que Merlí carezca de moral (amoral), sino que actúa según una moral que podría verse distante a la moral cristiana.
      Por otro lado, por lo visto, la serie no pretende presentar un modelo de persona a seguir, sino la generación de crítica y pensamiento en los espectadores, justamente lo que usted hizo con su comentario. Es por ello interesante, siendo que el contenido no es dañino, que la serie pueda verse para que nos produzca una constante crítica. Finalmente, no necesariamente la serie invita a la lectura de los filósofos mencionados, sino que es una puesta en escena, en la vida cotidiana, relacionada lo propuesto por estos pensadores. Saludos y gracias por contribuir al debate.