Me Preguntan: Mi amiga se va a “unir” con su novio y no quiere casarse por la Iglesia. Por favor oriéntenme para convencerla, sus argumentos son que primero debe ver si su novio se porta bien con ella, qué tal padre es, si es responsable, si sale buen esposo, que no la tenga tan segura y se porte mejor… Además, así lo han hecho sus hermanas también.

couples-living-togetherCreo que cada vez más con mayor frecuencia escuchamos estas afirmaciones, incluso con planteamientos aparentemente positivos y razonables que buscan, supuestamente, el bien del “futuro matrimonio”; pero detrás de ese aparente bien se disfraza una mentira o una idea equivocada y muy dañina para lo que anhela el ser humano.

Y aquí va mi primera reflexión sobre el tema, ¿Es que acaso tu amiga no anhela un amor verdadero y permanente? O ¿Con cuántos hombres tendrá que hacer esta “prueba”, para darse cuenta cual es aquel que cumple con los requisitos adecuados para ser un buen esposo y padre de familia? Creo las preguntas son completamente válidas hacérselas.

Además leyendo algo sobre este tema, me encontré con alguien que decía que normalmente el hombre y la mujer tienen ideas distintas sobre esta cohabitación antes del matrimonio. La mujer lo ve como un peldaño para poder llegar a ese matrimonio para toda la vida. Mientras que el hombre, no. Él suele ver en esta cohabitación el camino perfecto para dilatar una responsabilidad que no quiere asumir, seguir viviendo con una puerta de escape para cualquier problema que se presente. Obviamente, le gusta compartir el lecho con alguien, tener quien lo quiera, le haga cariño e incluso que lo ayude con los quehaceres domésticos para los cuales quizás no es muy hábil; pero queda claro que en su gran mayoría no le interesa llegar a asumir el compromiso matrimonial.

Por otro lado la misma convivencia es una causal de futuras separaciones en el matrimonio, porque los convivientes no están dispuestos a asumir la generosidad, la entrega, el sacrificio, la donación que implica el matrimonio. Por lo tanto la psicología que existe entre aquellos que se quieren casar y aquello que optan por la cohabitación es totalmente diferente. Quien se casa y está dispuesto amar para siempre, genera en sí las actitudes para ello, y las cultiva. Pero la cohabitación no lo hace; las personas entran ahí sin estar dispuestas a darlo todo. El que se casa entra con la idea clara que tiene que ceder y vivir el elemento sacrificial de la vida; La psicología de aquel que quiere convivir no es la del que se dona sino la de aquel que de alguna manera se busca solamente a sí, y no está dispuesto a darse enteramente, cada uno entra a la relación de cohabitación pensado: “Voy a ver si esto resulta satisfactorio para mí.”

Un amigo comparaba estas cohabitaciones con un “test drive” que es esa prueba que uno puede hacer, en algunos lugares, cuando uno quiere comprar un carro, lo prueba, se lo enseña a la familia, a los amigos, da unas vueltas en él, y de ahí si le acomoda y cumple con sus requerimientos, se lleva el auto. Bueno, esto funciona con los vehículos, pero no es lo mismo con las personas por obvias razones.

[pullquote]Además los últimos estudios revelan que esta cohabitación antes del matrimonio no ha hecho que desciendan los casos de divorcio sino que ocho de cada diez parejas que cohabitaron antes de casarse, se terminaron separando. Creo mas bien que quizás lo que puedes hacer es llevar un noviazgo más profundo, donde esas preguntas que tienes sobre él: “Si se porta bien contigo, qué tal padre es, si es responsable.” las podrías responder desde ya. Con sus actitudes, con sus comportamientos actuales puedes ver qué clase de persona es. No necesitas vivir con él, tener relaciones sexuales, para saber esas cosas. Así que no escuches esas voces engañosas y mentirosas que buscan confundirte.[/pullquote]

Y por último, sin ser lo menos importante, no te olvides que vivirías en pecado, porque para nosotros los católicos el matrimonio ha sido elevado a la categoría de sacramento por el Señor Jesús, así que estarías yendo contra algo que Dios en su infinita sabiduría y amor ha querido para el hombre, y que en el fondo tú anhelas. Recuerda: «El auténtico amor tiende por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. La donación mutua de dos personas como el bien de los hijos exigen la fidelidad de los cónyuges y urgen su indisoluble unidad» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1646)

© 2014 – P. Enrique Granados Cueto para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

P. Enrique Granados Cueto

El P. Enrique pertenece al Sodalicio de Vida Cristiana. En la actualidad reside en Guayaquil (Ecuador).

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