conflictoLos conflictos más difíciles de solucionar en las organizaciones no son los que surgen de factores externos, sino los que brotan de las propias rupturas interiores de sus miembros. Quien está en conflicto consigo mismo, irradiará esa ruptura a su alrededor.

La soberbia es uno de los vicios que genera mayores conflictos en las organizaciones. El soberbio se cree superior al resto y suele ser autosuficiente. Al creer que siempre tiene la razón, no hará ningún esfuerzo en escuchar ni entender la posición del otro; estará pensando en convencer o imponer su punto de vista, cegado en ocasiones por prejuicios hacia los demás.

La soberbia impide tener una visión crítica sobre la propia realidad, creyendo que los problemas de las organizaciones obedecen siempre a falencias de terceras personas. Por ejemplo, un líder del área evaluará duramente a un colaborador por ser negligente, pero no se preguntará si su propio estilo de liderazgo es el más adecuado o si sus actitudes son las causantes de los problemas organizativos. Así mismo, un trabajador que tiene áreas ciegas tenderá a criticar con facilidad al resto, pero tendrá dificultad en generar propuestas proactivas. Recuerdo un diálogo ante un grupo de trabajadores, muy críticos hacia a su jefe, les pregunté qué harían ellos en su lugar y no pudieron dar ideas constructivas.

[pullquote]Otra característica de la soberbia es la tendencia a buscar justificativos frente a los propios errores, o la dificultad de reconocerlos públicamente por miedo a mostrarse vulnerable. Será de gran utilidad en estos casos tener una sana desconfianza de uno mismo, aceptando la posibilidad de estar equivocado. La auténtica humildad implica vivir en la verdad y estar abierto a las opiniones de los demás, valorando lo que cada uno tenga para aportarnos, sin actitudes defensivas, agradeciendo incluso las correcciones que nos permitan crecer como personas.[/pullquote]

Valorar a cada trabajador como persona nos impulsará a realizar el esfuerzo de entender a cada uno, escuchar y dejarme enriquecer por cada miembro de la organización. Sólo quien vive en paz con Dios y consigo mismo podrá ser artífice de comunión, unidad y reconciliación con los demás.

© 2014 – Carlos Muñoz para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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  • […] Os conflitos mais difíceis de solucionar nas organizações não são os gerados por fatores externos, mas os que surgem das próprias culturas interiores de seus funcionários. Quem está em conflito consigo mesmo irradiará esta ruptura ao seu redor.   A soberba é um dos vícios que gera maiores conflitos nas organizações. O soberbo considera-se superior aos outros e costuma ser autossuficiente. Ao achar que sempre tem a razão, não fará nenhum esforço por escutar nem entender o ponto de vista alheio; estará pensando em convencê-lo ou impor seu parecer, muitas vezes cego devido aos seus preconceitos com relação aos seus colegas.   A soberba impede de ter uma visão crítica sobre a própria realidade e faz acreditar que os problemas das organizações obedecem sempre a falhas de terceiros. Por exemplo, um gestor avaliará duramente seu colaborador por ser negligente, mas não se perguntará se o seu próprio estilo de liderança é o mais adequado ou se são as suas atitudes que geram os problemas organizacionais.   Da mesma forma, um funcionário que possui pontos cegos tenderá a acreditar com facilidade seus colegas, mas terá dificuldade de gerar propostas proativas.   Outra característica da soberba é a tendência a buscar justificativas frente aos próprios erros, ou a dificuldade de reconhecê-los publicamente por medo de mostrar-se vulnerável. É de grande utilidade nestes casos ter uma desconfiança saudável de si mesmo, aceitando a possibilidade de estar equivocado.   A autêntica humildade implica em viver na verdade e estar abertos às opiniões dos outros, valorizando o que cada um tem a oferecer, sem atitudes defensivas, inclusive agradecendo as correções que nos permitem crescer como pessoas.   Valorizar cada funcionário como pessoa impulsiona a realizar o esforço de entender cada um, escutar e deixar-se enriquecer por cada colaborador da organização. Só quem vive em paz com Deus e consigo mesmo poderá ser artífice de comunhão, unidade e reconciliação com os outros.   (Artigo publicado originalmente pelo Centro de Estudios Católicos) […]