Existen diversas teorías motivacionales en el mundo empresarial que corresponden a una determinada visión de la persona y de la organización. No basta satisfacer las necesidades salariales o económicas si éstas no vienen acompañadas de una propuesta integral que atienda las necesidades más profundas de la persona: ser valoradas, dejar huella en su entorno, desarrollar sus capacidades, integrar y atender diversos ámbitos de su vida personal y familiar, tener un horizonte de crecimiento y proyección, entre otras.

En una ocasión un gerente de una empresa compartía su teoría motivacional de la siguiente manera: «Yo llevo a las personas constantemente al límite y cuando no pueden más les brindo algo que las mantenga motivadas». Detrás de esta visión, que parece buscar la excelencia, se esconde una instrumentalización de la persona donde se busca “exprimir” lo que más pueda al trabajador. Este tipo de acciones basadas en la presión pueden dar resultado, pero sólo en el corto plazo.

Por el contrario, cuando el trabajador considera significativo lo que se le pide alcanzar, llegando a interiorizar el valor de lo que hace y lo asume con libertad, entonces no necesitará siempre de estímulos externos pues ha llegado a apropiarse del ideal. En lugar de enfatizar un esquema de constante supervisión es recomendable proporcionar las oportunidades de capacitación, aprendizaje de tal forma que la persona sea cada vez más protagonista de su propio desarrollo y su aporte a la organización pueda ir más allá de lo estipulado.

Un estímulo adicional es el tipo de organización de la que uno forma parte. Trabajar, por ejemplo, en una empresa que genera impacto positivo en la sociedad será de alta motivación para sus miembros. El líder debe ser capaz de comunicar dicho ideal a todos los trabajadores y establecer un itinerario adecuado para que cada área de la organización pueda aportar a esta visión común de la institución.

En la medida que la persona se descubra valorada por la institución y acompañada en su proceso de desarrollo podrá aportar de manera significativa en la consecución de los objetivos organizacionales que aporten al bien común de la sociedad.

© 2014 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

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