La etapa inicial de amor matrimonial, es o debería ser, la más feliz.

Cuando una pareja de novios decide casarse, lo hace sabiendo que es para siempre. Porque el amor que se profesan ya no les permite vivir separados y anhelan que su felicidad sea perpetua. Para iniciar una vida en conjunto, formar una familia y dar este gran paso, hay que tomar en cuenta otros aspectos además que el amor que se tienen. Estos factores son clave para llegar a consolidar el éxito de una pareja.

La familia

Al momento de formar un nuevo hogar, cada uno aporta con las costumbres que aprendió en su casa. Estas, debieron ser conocidas y analizadas durante el noviazgo para ser aceptadas por ambos. Si esto no ocurre, las diferencias pueden convertirse en motivo de discusión o peleas.

Otro punto importante son las relaciones con la familia política. Estas deben cuidarse con verdadero esmero, pues difícilmente se puede ser feliz si el ser amado no mantiene estos indispensables lazos. Para conseguirlo es importante aceptar que nadie va a cambiar su forma de ser por complacer al nuevo integrante, por lo que depende exclusivamente de la pareja, ayudar a que los inconvenientes sean superados, siempre con respeto y buenas intenciones.

La comunicación

El amor no sobrevive sin la capacidad libre, sincera y espontánea de comunicarse. Es en esta práctica, donde se genera la confianza y amistad que los cónyuges necesitan para sentirse cómodos y felices. Descuidar este ingrediente, los conduce por el camino de la desconfianza y decepción. Un muro de silencio termina distanciando a cualquier pareja, por lo que no hay que darle cabida.

El respeto

La felicidad y el irrespeto no son compatibles. Hay que saber decir las cosas sin herir los sentimientos del otro. Debemos trabajar en equipo para mantener un equilibrio sobre las responsabilidades, con espacios en los que cada uno encuentre su realización personal, cediendo si la situación empieza a escaparse de control para retomarlo en otro momento. Además de repartir las tareas del hogar, según las preferencias individuales. Todas estas pequeñas consideraciones, afianzan la relación matrimonial, convirtiendo a la pareja en un equipo que persigue un mismo objetivo.

Los amigos

Generalmente las parejas ya han tenido tiempo suficiente para conocer a los amigos de cada uno. Saben con cuáles hay más afinidad y a quienes no les gustaría tener cerca. El campo de los afectos de cada uno de los esposos merece total y absoluto respeto, por lo que aceptar a un amigo entrañable de la pareja, aunque no se quiere, es motivo de desavenencia. Ya que no se puede impedir un lazo amistoso, se hace imprescindible agotar el tema para llegar a un punto aceptable para los dos, siempre con la mejor disposición posible. La recompensa será la gratitud y el reconocimiento del cónyuge para hacer lo mismo si la situación se repite con su pareja.

La tarea de amar es un arte que sugiere un programa para la vida eterna, decía San Josemaría Escrivá de Balaguer: “primero que os queráis mucho y después que no tengáis miedo a la vida, porque perteneces a tú marido, y él a ti”. Esto es muy cierto y si lo tenemos presente minuto a minuto estaremos construyendo bases más firmes en el amor y para el amor. Así, podremos luchar contra las adversidades, las tentaciones a las que estamos expuestos y contra las que tenemos que luchar constantemente.

Fuente: Revista Vive

 

Autor: Mariana Farah de Orellana

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