Se puede y se debe dar la vida por Dios que nos dio la vida. Jamás se puede quitar la vida en su Nombre. Pocas cosas generan pasiones más encendidas que lo sagrado en la vida de los hombres, pero si ese apasionamiento no está moderado por la razón se convierte en un veneno mortal de la religión misma. Insultar lo más sagrado es tan absurdo e irreligioso como asesinar al ofensor. Por donde se comience, se genera un espiral que gira hacia abajo cada vez con mayor velocidad y ferocidad.

Como escribió hoy un amigo, hay que repudiar con la misma convicción tanto los insultos del semanario francés como la enferma reacción de los asesinos en nombre del Islam, aunque evidentemente no hay proporción entre el torpe insulto del semanario y la demencial venganza. Matar en Nombre de Dios es la manera más eficaz de tomar su Santo Nombre en vano, de negar que Su amor es posible y Su perdón es real, en una palabra, es negar que Él existe.

Debo decir sin embargo que comparto irrestrictamente el repudio por el atentado pero no comparto necesariamente las razones que se esgrimen. Si ese repudio significa la defensa de una pseudolibertad para insultar las creencias de las personas, no estoy de acuerdo para nada. El atentado no es consecuencia de los insultos pero los insultos dieron ocasión para el atentado. Una cosa es diferir en el modo de ver el mundo, discrepar y hasta discutir, y otra muy distinta es insultar y burlarse de las creencias de los que no piensan como uno. La burla es una forma de violencia.

Como sea, lo más sensato será siempre poner la otra mejilla. Hay que ser más valiente para perdonar que para vengarse.

© 2015 – José Manuel Rodríguez Canales para el Centro de Estudios Católicos – CEC

José Manuel Rodríguez Canales

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