A todo ser humano le es connatural celebrar. A todos nos gusta, aunque no sepamos muy bien qué celebramos. Se acerca el día del padre, una fecha para celebrar, una fecha importante para recordar a nuestros padres queridos, aquellos que están con nosotros y aquellos que ya partieron. En muchos países el tercer Domingo de junio es un día para demostrar afecto, para reunirse en familia, para dar gracias, para hacer memoria… en fin, como ya dije: para celebrar. Pero, ¿qué es lo que realmente celebramos? ¿por qué un día especial para celebrar el don paternidad? Quisiera hacer unas breves reflexiones sobre lo que celebramos a partir del ejemplo de dos padres de familia modélicos: Santo Tomás Moro y el beato Louis Martin, próximo a ser canonizado junto a su esposa...

padres_9A todo ser humano le es connatural celebrar. A todos nos gusta, aunque no sepamos muy bien qué celebramos. Se acerca el día del padre, una fecha para celebrar, una fecha importante para recordar a nuestros padres queridos, aquellos que están con nosotros y aquellos que ya partieron. En muchos países el tercer Domingo de junio es un día para demostrar afecto, para reunirse en familia, para dar gracias, para hacer memoria… en fin, como ya dije: para celebrar. Pero, ¿qué es lo que realmente celebramos? ¿por qué un día especial para celebrar el don paternidad?

Quisiera hacer unas breves reflexiones sobre lo que celebramos a partir del ejemplo de dos padres de familia modélicos: Santo Tomás Moro y el beato Louis Martin, próximo a ser canonizado junto a su esposa.

[pullquote]Tomás Moro, mártir inglés de principios del siglo XVI, patrono de los políticos –y mucha falta que les hace tener un intercesor en el cielo– pero sobre todo buen cristiano como padre y esposo. Así lo recordaba San Juan Pablo II: «Fue durante toda su vida un marido y un padre cariñoso y fiel, profundamente comprometido en la educación religiosa, moral e intelectual de sus hijos. Su casa acogía yernos, nueras y nietos y estaba abierta a muchos jóvenes amigos en busca de la verdad o de la propia vocación» ((S.S. Juan Pablo II, Carta apostólica para la proclamación de santo Tomás Moro como patrono de los políticos)).[/pullquote]

Tomás Moro y su hija Margarita
Tomás Moro y su hija Margarita

Santo Tomás era muy estimado por su “integridad moral, la agudeza de su ingenio, su carácter alegre y simpático y su erudición extraordinaria”. Fueron estas convicciones, vividas en primer lugar en su familia, las que lo llevaron a recibir la gracia del martirio por defender la indisolubilidad del matrimonio. Su fe inquebrantable estuvo siempre unida a la preocupación por su familia; así lo demuestra la correspondencia que mantenía desde la prisión con su hija Margarita: «mi querida Margarita, de lo que estoy cierto es de que Dios no me abandonará sin culpa mía. Por esto, me pongo totalmente en manos de Dios con absoluta esperanza y confianza (…) Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor».

Luis Martin, mejor conocido por ser el papá de Santa Teresita de Liseux, nació en Burdeos el 22 de agosto de 1823. Criado en una familia cristiana, aprendió el oficio de relojero. En julio de 1858 se casó con Celia Guérin. De su matrimonio nacieron nueve hijos, de los cuales cuatro murieron prematuramente. Entre las hijas que sobrevivieron está Santa Teresita, que recuerda en Historia de un alma cómo sus padres educaron a sus hijas en los valores cristianos.

En 1877, tras 19 años de matrimonio, Celia muere debido a un tumor en el pecho. Luis se encontró solo para sacar adelante a su familia y se trasladó a Lisieux. Entre 1882 y 1887 entregó a tres de sus hijas a Dios, siendo el mayor sacrificio separarse de Teresa, que entró en el Carmelo a los 15 años. En Luis Martin encontramos el testimonio de un padre de familia que ante todo buscó responder a lo que Dios le pedía en las cosas más cotidianas de la vida, incluso en medio del sufrimiento por la pérdida de sus seres queridos, y que además nunca se opuso al llamado de sus hijas a la vida consagrada, por más dolorosa que la separación fuera.

Familia Martin Guerin
Familia Martin Guerin

Una de sus principales virtudes que llevaron a Louis a ser un ejemplo de padre y esposo es la de haber cultivado la vida de oración en familia, particularmente con sus pequeñas hijas. Así lo recordaba Santa Teresita: «subíamos para rezar juntas, y la minúscula reina estaba sola junto a su rey: sólo tenía que mirarlo para saber cómo rezan los santos… Al final desfilábamos todas, por orden de edad, a dar las buenas noches a papá y recibir un beso».

Hoy en día vivimos en medio de una cultura que nos empuja hacia el individualismo egoísta, a ver a los hijos no como un don sino como un derecho. Seamos honestos, la paternidad actualmente no tiene mucho “ranking”. Casos lamentables hay por doquier: padres que abandonan a sus hijos, matrimonios que se rompen sin importan el bienestar de los menores, una cultura que está cerrada a la vida. Además de las dificultades que nos presenta la “anti-cultura”, todos aquellos que han decido formar una familia saben bien que no se viene al mundo con el “manual de cómo ser buen padre” bajo el brazo. Por eso el ejemplo de estos dos santos es una luz que brilla en medio del mundo y su paternidad rectamente vivida nos enseña principalmente dos cosas:

[pullquote]Por un lado, la paternidad implica ante todo ser modelo y custodio. Un buen padre se hace responsable de los hijos que ha traído al mundo; por eso debe ser, ante todo, modelo de virtudes, debe moldear a sus hijos con su testimonio en el hogar, en el trabajo y en la relación con su esposa y sus prójimos. Además, un buen padre debe ser custodio del don que son sus hijos. Por eso hace todo para protegerlos, para que no les falta nada, según sus posibilidades. Un padre que es custodio –nos dice el Papa Francisco– «sabe esperar y sabe perdonar, desde lo profundo del corazón. Ciertamente, sabe también corregir con firmeza: no es un padre débil, que se rinde. El padre que sabe corregir sin descorazonar es el mismo que sabe proteger sin ahorrarse nada (…) los hijos necesitan encontrar un padre que les espera cuando vuelven de sus fracasos» ((S.S. Francisco, Audiencia 4 de febrero de 2015)).[/pullquote]

Por otro lado, pensar en la paternidad nos lleva a confirmar un hecho innegable de todo ser humano: ¡Todos somos hijos!, todos hemos sido engendrados, «y esto nos lleva siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado solos, sino que la hemos recibido. El gran don de la vida, es el primer regalo que hemos recibido. A veces corremos el peligro de vivir olvidándonos de esto, como si nosotros fuéramos los dueños de nuestra existencia, y sin embargo somos radicalmente dependientes» ((S.S. Francisco, Audiencia 18 de marzo de 2015))).

La paternidad de nuestros papás se les ha concedido como un don de lo alto y nos muestra una verdad fundamental: Dios es también es Padre, y no cualquier padre, sino uno cuyo corazón está pleno de bondad para con sus hijos, un corazón del que reboza la vida.

Así como tenemos el ejemplo de grandes santos y de personas conocidas por su virtud, también hay muchos padres “anónimos” que se esfuerzan cotidianamente por educar a sus hijos, en medio de sus fragilidades y de las dificultades de la vida, se esmeran por dar lo mejor a sus hijos, por formarlos, porque no les falte alimento, educación y vestido, pero sobre todo para que nos les falte la seguridad, la confianza y el cariño que sólo un padre puede dar a sus hijos y que nos conduce a un Amor mayor. Para todos ellos: ¡Feliz día del Padre!

© 2015 – Mijailo Bokan Garay para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Mijailo Bokan Garay

Mijailo nació en el Perú en 1982. Es teólogo, graduado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Actualmente es Director de Investigación del Centro de Estudios Católicos (CEC) y Encargado de Estudios del Centro de Formación Nuestra Señora de Guadalupe.

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