conversatorio2012El Centro de Estudios Católicos CEC en Medellín (Colombia) organizó el I encuentro de reflexión “Desafíos y horizontes del católico intelectual”, que se desarrolló bajo la modalidad de conversatorio conducido por el Dr. Luis Fernando Fernández, director de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana.

A continuación se presentan algunas pequeñas notas a modo de relato que buscan recoger el fructífero intercambio que se suscitó entonces.

El dialogo fue abierto por el Dr. Luis Fernando, con el recuerdo de una experiencia en Salamanca:

Alguna vez cuando estudié en Salamanca después de una clase me fui con un profesor a tomarme un café, un buen profesor que según me enteré pertenecía a un movimiento eclesial. Tomándonos ese café le hice una pregunta a ese profesor: ¿Cuál es la misión de un intelectual que profese la fe católica? La respuesta fue muy desconcertante porque él me dijo “Esa pregunta está mal planteada (a juicio de él) porque el intelectual cuando está dando clase o cuando está escribiendo (me puso el caso de Xavier Zubiri) no tiene que preocuparse por la fe, tiene que preocuparse por ser riguroso, entonces, a la hora de ejercer la profesión que sea muy profesional y a la hora de creer y celebrar que celebre y crea pero lo uno no tiene por qué comunicarse con lo otro”.

A mí esa respuesta no me satisfizo porque plantea a mi juicio una esquizofrenia muy complicada, es decir, yo, por lo menos en mi caso no soy capaz de deshacerme de mis ideas, de mis creencias, de mis convicciones, de mi acervo cultural, de mi formación a la hora de dar una clase, a la hora de escribir un artículo, a la hora de dar una conferencia, no, sigo siendo yo con todo lo que soy, con mis talentos, con mis capacidades, con mis limitaciones, con mi ignorancia, con mis ideas, con mis creencias, con todo lo que yo soy.

A esta posición siguió una breve acotación de cómo Dios nos habla en todo, no sólo lo sagrado, sino también en la naturaleza (Benedicto XVI), y de cómo el cristiano pone a Cristo en la cúspide de todo lo que hace (San Josemaría Escrivá de Balaguer).

Para entrar a hablar del intelectual, el Dr. Luis Fernando recordó como Aranguren y Marías, ambos cristianos filósofos, para hablar de quien es un intelectual, partían de quien no lo es.

Aranguren dice que no es sólo:

  • Un erudito, no es simplemente una persona que sabe muchas cosas pero no sabe qué hacer con todo ese cúmulo de datos. Al decir esto recuerdo un amigo mío que tiene una capacidad de lectura enorme, es un devorador de libros y él repite un montón de datos pero no sabe cómo conectar esos datos más allá de fechas y de citar ideas de novelistas y de biógrafos, no sabe para qué todo ese cúmulo de erudición.
  • Una persona dedicada a absorber y a transmitir conocimientos desentendido de la elevación socio-moral, no es solamente un devorador de libros simplemente por el gozo de aprender, no. Un intelectual tiene que ser una persona comprometida con la elevación socio-moral.
  • Un profesional calificado para inquirir, descubrir, publicar y enseñar. No es simplemente alguien con la licencia para enseñar. Ya sabemos lo que acontece en muchas universidades: Gente con muchos títulos, con unas hojas de vida muy abultadas pero sus vidas no refrendan esa cantidad de títulos.
  • Un miembro de un círculo de altos estudios, no basta con que posea una o varias certificaciones que lo acrediten como flamante investigador, no basta con una hoja de vida abultadísima, no basta con ser catedrático de una universidad prestigiosa o con ser columnista de un periódico de alto tiraje, se necesita mucho más, incluso, no basta con posar de intelectual, dice Aranguren, no basta con “ir disfrazado”.

Julián Marías por su parte en el artículo “El oficio del intelectual” cuestiona si todo el que se llama intelectual se da a la tarea de pensar.

Él dice que esos intelectuales que exhiben un aparato crítico incluso en varios idiomas (que no sabemos si los leen) ¿De verdad pensarán, de verdad estarán aportando algo para la elevación socio-moral del público que los lee o que los escucha? Para poner a pensar es necesario primero haber pensado y no basta con pensar, es necesario sentir y además adherir, tratar de vivir, de hacer vida eso que se piensa, entonces él hace una crítica muy seria y hoy en la época de Internet sí que cobra vigencia eso que estamos diciendo, por ejemplo la copia en las tesis en los posgrados.

Dice Marías que cuando un intelectual pierde el hábito de pensar más simula ser un intelectual, más palabras sin sustancia, sin peso y sin contenido, más investigadores sin vocación, se busca darle una talla a los criterios de certificación y acreditación pero sin vocación intelectual.

Luego de hablar de cómo estos dos españoles se aproximaban a lo que no es un intelectual, la intervención paso a responder a la pregunta ¿Qué es un intelectual? Para lo cual se señalaron diversas panorámicas complementarias:

  • Un testigo de nuestro tiempo, que tenga los pies en la tierra pero que sea capaz de tomar distancia y ser libre, poniéndose a pensar sobre lo que ocurre y se atreva a destruir el lugar común, que ponga interrogantes a lo que la gente cree. Estamos en la sociedad de la información pero no somos más críticos, somos más crédulos, el intelectual tiene que cuestionar, analizar (a=sin liz=nudo; desatar nudos).
  • Un crítico de las costumbres, de los hábitos, de los comportamientos, de todo aquello que los demás hacen porque todos lo hacen. Tiene que ser crítico de palabra y de obra siendo coherente en su vida con lo que predica. El intelectual tiene que ofrecer sensatez y prudencia en un mundo cargado de sinsentido, primero, con su propio estilo de vida.
  • “Solidario solitario” (Aranguren) Se necesitan momentos de soledad para pensar y poner en orden las ideas de modo que al encontrarse con los otros pueda pronunciar palabras cargadas de sentido. Ensimismarse para salir de sí nuevamente.
  • Un “auto excomulgado” de las vigencias y las modas. Tiene que pagar el precio de ser un disidente, de ser incomprendido pues cuando nada contra la corriente empiezan las incomprensiones, las burlas y los rechazos. Cuando se paga el precio quienes están preocupados por la verdad, por lo esencial, se acercarán por sí mismos y allí llegará el momento de enseñarles.
  • Alguien revestido de autoridad moral, que con su vida refrende aquello que enseña.
  • Es un profeta que clama en el desierto, debe permanecer firme a pesar de que en apariencia no haya respuesta. Sembrar sin esperar siempre cosechar.
  • Alguien dispuesto a superar la tentación de la acracia, la anarquía, la desobediencia. El intelectual no está más allá de la ley y el orden.
  • Alguien que se toma en serio a sí mismo y no se vende a las exigencias o reclamos de otros. Más bien tiene que despertar a quienes están dormidos.
  • Aquel que está continuamente aprendiendo. Quien cree que sabe todo y no ignora nada no es un verdadero intelectual.
  • Es alguien dispuesto a dialogar, a conversar, a discutir. Es una persona disciplinada, trabajadora, reflexiva y constante.

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Centro de Estudios Católicos

El Centro de Estudios Católicos CEC nace en 1969 en Lima (Perú), como una iniciativa de un grupo de jóvenes universitarios.

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