Todos sabemos que, infelizmente y aunque suene duro decirlo, un bajo porcentaje de todos los que se dicen católicos, son efectivamente practicantes. “Cuando realmente sea un buen católico, entenderé mejor por qué dicen tanto que solo Dios tiene la verdadera felicidad”. Obviamente, no quiero decir que solo los católicos fervorosos pueden ser felices. Pero hay una pregunta que debiera preocuparnos a todos: ¿Por qué hay personas que son católicos “fervorosos” y no viven la felicidad que quieren?

Esta pregunta es clave. Responderla nos permite comprender por qué después de seguir el camino de Cristo, o después de determinado tiempo, desistimos en el esfuerzo que implica ser “otro Cristo”. Ser un buen cristiano, efectivamente, no es fácil. Cristo nunca nos dijo que seguirlo sería fácil. Más bien, constantemente decía, que el que quiera seguirlo, tiene que cargar con su cruz.

Entonces, ¿por qué hay cristianos que no son felices? Si se supone que seguir a Cristo es el verdadero camino que nos lleva a la vida. Nos enseña a vivir el auténtico amor. La entrega y el servicio. Personalmente, yo no seguiría este camino, aunque sepa que es un camino seguro, si no “encuentro” la felicidad. ¿Cómo es posible eso? ¿No parece algo insólito y paradójico? ¿Seguir a Cristo y no ser feliz?

En verdad, podríamos decir y reflexionar tantas cosas. Quisiera que comprendamos juntos tan solo una palabra: “hipocresía”. Es decir, proclamar “con la boca” mi vida cristina, pero vivir en desacuerdo. Si se quiere, podemos usar la palabra “incoherencia”. No se trata de ser ingenuos y creer que podemos vivir 100% de acuerdo a lo que Cristo nos enseña. Sin embargo, es posible ser un poquito más como Cristo. Conocemos nuestras limitaciones, pero igual hacemos lo que está a nuestro alcance. Ser otro Cristo significa, fundamentalmente, vivir su mismo amor. Al Padre, en el Espíritu; a su Madre, la Virgen María; y todos los hermanos humanos. Ese amor a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo, es el nuevo mandamiento de vida que nos trae el Señor Jesús. Es el camino de los Bienaventurados y los dichosos.

Por otro lado, están – discúlpenme la dureza de la expresión – los que son hipócritas, incoherentes, “sepulcros blanqueados”… si entendemos que uno de los problemas principales es el hiato (división) entre la fe y la vida, no debería costarnos mucho encontrar la explicación de por qué hay tantos  “cristianos” infelices y desconsolados. Si lo que vivimos muchas veces es: tristeza, soledad, sin sentido de la vida, vacío interior…  ¿no será que muchas veces, nos decimos cristianos, pero vivimos en la práctica como alguien alejado del Señor?

Finalmente, que quede claro que el Señor no nos engaña. Es fiel y nunca rompe su compromiso con nosotros. Si nos garantiza una felicidad inmensa, fruto de una vida llena de sentido, y en el futuro, la vida eterna, no debería haber espacio para tristezas y soledades. Lo que más quiere Dios para nosotros es amor, felicidad y una vida bien encaminada. Por ello, la “pata coja” está en nosotros. ¿No vale la pena esforzarnos un poco más por vivir coherentemente nuestra fe en el Señor? No tengamos miedo. Él no nos quita nada de importante y valioso, más bien nos da la alegría y felicidad infinita que anhelamos. ¡Arriésgate! ¿Qué podemos perder?

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista “Vive” de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

View all posts

Add comment

Deja un comentario