Carlos PoloCarlos Polo Samaniego es un reconocido antropólogo peruano, director de la Oficina para América Latina del Population Research Institute desde 2001. Carlos ha jugado un papel fundamental en la lucha pro vida en Latinoamérica y parte importante de su trabajo ha sido el ayudar a que católicos que están en política, tomen el peso y dimensionen la trascendencia de sus decisiones en la vida pública.

Carlos, dada tu experiencia en los últimos años trabajando en el Population Research Institute, has podido conocer distintas iniciativas de católicos enfrentando el reto de promover una cultura en favor de la vida y la familia. A tu parecer ¿Cuál es el factor común de estos retos que los católicos estamos enfrentando?

Te agradezco la pregunta pues me da oportunidad de explicar la misión de PRI y la importancia que creemos tiene nuestro aporte al movimiento pro vida y pro familia internacional. En el PRI potenciamos los esfuerzos de profesionales y organizaciones que influyen sobre políticas públicas, reformas legales locales o instrumentos de derecho internacional o acciones judiciales. Lo hacemos porque son el campo más gravitante en la batalla actual entre la cultura de la Vida y la cultura de la muerte.

Enfrentamos un modelo de penetración cultural que nos plantea una lucha que se define cada vez más en batallas políticas y cada vez menos en debates académicos. En otras palabras: los debates que enfrentamos ya no se guían por una auténtica búsqueda de la verdad y del bien común sino muy a menudo son verdaderos conflictos de intereses donde hay partes que buscan imponerse. Como católicos es obvio que no nos toca imponer, pero sí darnos cuenta que debemos de armarnos de la astucia recomendada en el Evangelio o la influencia de la cultura de la muerte será cada vez mayor en las personas concretas y reales.

Al entender estas amenazas como conflictos de intereses, y no meros desafíos explicativos, los católicos tenemos la obligación de poner los medios adecuados a la naturaleza de los retos.

Son cada vez más quienes se dan cuenta que el problema no es únicamente que el mundo moderno no puede o no quiere comprendernos sino que tal vez usamos las herramientas erradas. Por ejemplo, frente a un proyecto de ley solamente buscamos a los mejores científicos para que sustenten nuestra posición, sin tener en cuenta que los parlamentarios tomarán la decisión luego de una ardua negociación en la que importarán mucho más las cuotas de poder que la verdad o mentira de los argumentos. Conocer esto no nos lleva a abandonar el discurso clarificador de la conciencia sino a agregar acciones específicas para movilizar voluntades a favor de nuestra propuesta. No se trata, por tanto, de cambiar totalmente nuestra misión, sino de incorporar nuevas perspectivas para entender mejor la realidad que nos toca y actuar con la mayor eficacia que nuestra condición humana nos permita. Se trata de trabajar el equilibrio de fuerzas sociales sin perder la identidad católica ni nuestra inquebrantable prédica de la Verdad que es el mismo Cristo.

Los católicos hemos ido saliendo poco a poco del ámbito público. ¿Qué actitud deberíamos tomar a inicios del tercer milenio?

Deberíamos recordar permanentemente el pedido que nos hiciera en el 2002 el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI. En la “Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”, nos decía citando a Juan Pablo II que «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común».

Yo subrayo la expresión “de ningún modo pueden abdicar” pues al parecer la gran mayoría de católicos actúan como si la política y la fe fueran excluyentes. O peor aún se rigen presas de temor por el mantra anti religioso que repite: “las creencias religiosas no tienen lugar en la política o en la vida pública”. Por supuesto no todos estamos llamados a dedicarnos a tiempo completo a la atención de asuntos públicos pero sí estamos obligados a encontrar nuestra forma de participar en el servicio al bien común.

¿Cómo debemos entender -a tu parecer- la cultura de muerte que han mencionado con insistencia los últimos Pontífices?

La cultura de la muerte se asienta en una visión social que considera la muerte de algunos seres humanos como una variable de ajuste. Se traduce en una serie de comportamientos, instituciones y hasta leyes que a su vez retroalimentan y confirman esta opción por la muerte de algunas personas y el privilegio de otros. Este elemento está presente en el aborto, el control natal, la eutanasia, la ideología de género, la reproducción asistida, etc.

El proceso es casi siempre el mismo. Lo que antes era aceptado culturalmente como un atentado contra la vida, se empieza a disfrazar con mentiras. Se plantean argumentos ideológicos y una estrategia comunicacional para justificarlos y encubrirlos. Si se ejecuta con constancia y precisión, pronto el atentado a la vida se transforma en “derecho” y luego se busca que el Estado reconozca legalmente el supuesto nuevo “derecho” y lo financie.

Hoy los jóvenes profesionales que están entrando al mundo laboral se encuentran con retos muy distintos que los que se encontraban los jóvenes profesionales hace 60 años. ¿Qué crees que fundamental que estos jóvenes deberían considerar y tomar en cuenta?

¡Habría tanto qué decir sobre el cambio de época que estamos experimentando! Pero me limito al campo donde me desenvuelvo para decirle a los jóvenes que dediquen tiempo a entender e incorporar en sus vidas el componente político tan marcado que tiene nuestro tiempo.

Hay tres retos que nos plantea la política. Primero tomar la decisión de entrar, si no entramos son otros los que escribirán las leyes y establecerán las normas de convivencia. Segundo, entenderla para interactuar adecuadamente en función del bien común. Tercero, una vez entendida, fijarse metas propias con un planteamiento estratégico y táctico bien definidos.

Hay algunos sectores de la Iglesia que opinan que una consecuencia de la ardua lucha por la vida, es que la Iglesia ha perdido presencia en otros aspectos fundamentales de la cultura. Y proponen enfocar la evangelización de la cultura no sólo desde el aspecto pro vida, sino recuperar las propuestas artísticas, humanísticas, científicas, etc… ¿Cuál es tu postura al respecto?

Me parece que aquí hay una falsa oposición. La lucha por la vida es en el fondo y en la forma uno de los retos fundamentales de la evangelización de la cultura. En cuanto al fondo me parece que la opción pro vida es un tema transversal. Todos estamos llamados a vivirla y en el campo en donde nos desenvolvamos. Y en cuanto a la forma de hacerlo, no veo por qué no se piense que el arte, las disciplinas humanísticas o científicas sean vehículos eficaces para inocular vitalidad a la cultura actual. ¿No estamos ya cansados de tanta prensa, TV, teatro, cine, expresiones en redes sociales y hasta conversaciones que deshumanizan en lugar de aportar a la vida de las personas?

Esta falsa oposición entre opción pro vida y las disciplinas mencionadas me resulta más evidente cuando cada día más personas está siendo conscientes de esta problemática humana y la están expresando creativamente dentro y fuera de la Iglesia Católica. Le cito dos ejemplos. La serie de TV “La Ley y el Orden” ha dedicado más de un capítulo al tema del aborto en una aproximación que muchos consideran muy pro vida. El otro es de una pareja que colgó un video que resume los nueve meses de embarazo de su hija en un minuto y medio. El video, realizado con la técnica conocida como time-lapse, recibió a la fecha más de 8 millones de visitas y miles de comentarios. Algo que haría empalidecer de envidia a cualquier rock star del momento.

© 2012 – Sebastián Correa Ehlers para el Centro de Estudios Católicos – CEC

P. Sebastián Correa Ehlers

El P. Sebastián nació en Santiago de Chile en 1982. Desde muy joven se dedicó a la pintura y a la fotografía, habiendo realizado exposiciones de su trabajo en Perú y Chile. Ha publicado dos libros: "El Espíritu del Lugar. Naturaleza y arquitectura en Arequipa", estudio fotográfico sobre la arquitectura y cultura de algunos lugares del Perú; y "Suyajruna", que contiene el testimonio fotográfico y periodístico de 10 artistas populares del Perú, sobre sus orígenes, sus tradiciones, su arte y su religiosidad.
Realizó estudios de arquitectura en la Universidad de Chile, y de filosofía y teología en la facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.
En la actualidad es capellán de la Universidad Gabriela Mistral, miembro del Consejo Directivo de la Fundación CRECE CHILE y director general del Centro de Estudios Católicos CEC.

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