Hace pocos días, el caso del bebé Charlie Gard, removió el mundo. La gran mayoría ya hemos escuchado de él, se los voy a resumir brevemente. Es un niño que nació con un problema de salud y sus padres quisieron llevarlo, del Reino Unido a Estados Unidos, a un tratamiento experimental, sin embargo, los jueces del Reino Unido no permitieron la salida del niño, sino que dijeron que tenían que dejarlo morir.

Los padres emprendieron una batalla legal, para dejar que su hijo pueda ir a los Estados Unidos. Habían juntado, inclusive, todo el dinero para el tratamiento. Lastimosamente, en el proceso, todo el tiempo perdido, en esta batalla legal, que no fue mucho, Charlie, ya no tenía ninguna posibilidad de salvación. Todo el tiempo que se pudo usar en su salud, se perdió en la Corte. Finalmente, luego de ser bautizado, Charlie falleció en brazos de sus padres, para tristeza de todo el mundo.

Lo que yo quisiera comentar, en este capítulo, no es tanto el caso en sí, porque todos lo conocemos. Lo que yo quiero comentar aquí, es descubrir cuál es ese punto de partida que llevó a que unos padres que, supuestamente, tienen la patria potestad sobre un menor de edad, sobre todo un bebé, porque no llegó a cumplir un año, no puedan tomar decisiones sobre su hijo y lo tenga que hacer el Estado.

Y el punto de partida está en permitir que el Estado, comience a involucrarse en ámbitos privados de la familia. ¿Realmente, podemos llegar a un punto en que nosotros, no podemos decidir un tratamiento médico para nuestros hijos? La respuesta es clara, ya pasó.

Por eso, tenemos que estar bien atentos si vamos a permitir que, por ejemplo, como en Chile, el Estado decida o un juez decida, si nuestra hija menor de 14 años, puede o no abortar o en el Perú permitir que sea el Estado quien eduque a nuestros hijos en sexualidad.

Esas son las primeras ventanas que se abren, de ahí no nos sorprendamos que, efectivamente, si ya permitimos que el Estado se meta en esas cosas, que pueden parecer inocuas, no pueda hacerlo luego en la vida de nuestros hijos.

Reflexionemos antes de poner, si quiero o no quiero, a una decisión estatal. Veámos cuáles van a ser esas consecuencias a futuro, seamos capaces de mirar más allá, no quedarnos en el hoy, en esos pseudo derechos que pensamos que estamos defendiendo.

¿Se imaginan estar en el lugar de los padres de estos niños? No poder hacer nada, inclusive, teniendo el dinero, porque una Corte no te lo permite y al final tenemos que enterrarlo sin ninguna esperanza. Ojalá, el caso de Charlie Gard, sirva para que nosotros reflexionemos, para que el mundo reflexione y ponga pare a todas estas injerencias en la familia.

Nuestros hijos son nuestros. No permitamos que nadie, ni nada, se involucre en su vida y en su formación. Y desde acá, también, extendemos nuestras condolencias y fuerza a los papás de Charlie Gard, porque seguramente, Dios sabrá sacar de su hijo muchísimas cosas buenas para el resto de la humanidad.

 

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