Querido amiga,

En estos más de 20 años que nos conocemos bien, sé que una de las cosas que más anhelas en la vida es tener una auténtica tranquilidad, una verdadera paz interior. Es difícil dar una fórmula mágica o una única respuesta para resolver tu problema. Sé que has intentando o soñado muchas cosas, algunas han resultado y otras no, pero te conozco y te recuerdo tres cosas que te han ayudado desde que nos conocemos:

Primero, no pretendas tener una verdadera paz con pequeñas tranquilidades. Sé que a veces te pone ansiosa el futuro, el cómo te irá con el dinero o la vida profesional, que tus hijos puedan tener una “buena vida”; que no les pase nada; que se resuelva ese conflicto familiar; que tu pareja sea un poco más como tú quieres que sea; o el qué pensarán de ti. Sé que te esfuerzas con sinceridad día a día para que estos aspectos vayan mejorando o estén más equilibrados; pero recuerda que tu anhelo es infinito. Cuando conseguiste un puesto, quisiste uno mejor; cuando lograste una mejor posición económica o una mejor vida, quisiste nuevas cosas; cuando tu pareja mejoró en algo, creíste que todavía le falta mucho más. Todas esas cosas sabes que te ayudan, trabaja por ellas, pero no te olvides que no acallarán ese anhelo interior plenamente.

Segundo, no te angusties más allá de la cuenta por los problemas. Sé honesta contigo, no eres una irresponsable y quieres hacer las cosas bien, pero eso no es sinónimo de prestarle al problema una mayor atención de la que debes. No quisiera compararte y decir que tus problemas son menos complicados que los de otros, no. Cada uno tiene sus propios sufrimientos y su propia manera de sentirlos y vivirlos; pero no te quedes en ellos. Cada vez que te muerdes la cola, que encierras tu perspectiva a solo el problema y tratas de matar la esperanza, sabes que te condenas a ti misma.

Y tercero y más importante, sin el que los otros dos no se pueden realizar con totalidad, es que recuerdes que tu vida está en las manos de Dios ¿Acaso no te acuerdas cuántos planes hiciste y cómo una pequeña cosa pudo cambiarlo todo? ¿No te acuerdas todas las bendiciones que has ido recibiendo a lo largo de tu vida, donde tu esfuerzo quizás era insuficiente para obtenerlas? Es que Dios está más presente en tu día a día de lo que a veces recuerdas ¿Por qué te afanas tanto en controlar las distintas situaciones? ¿En controlar tu vida o la de los otros? ¿Por qué te angustias tanto por los problemas? Sé que son dolorosos, pero acaso, ¿no han tenido un sentido diferente y renovador cuando has confiado de verdad? ¿No han sido experiencias hondas de sentido de la vida cuando las pusiste en manos de Dios? Recuerda que el Dios que te acompaña, es infinitamente misericordioso, lleno de amor y quiere lo mejor para ti ¿Puede acaso este Dios abandonar a aquellos que intentan seguirle de corazón? Mira bien, no es que Dios no te esté acompañando, sino que muchas veces no has querido su presencia a tu lado.

Querido amiga, sé que vivir esto en el día a día no es sencillo, pero te lo recuerdo porque sé cuánto te ayuda el tenerlo presente, intentar vivirlo. Recuerda también cuánto te ayuda la oración, la misericordia y el perdón, el servicio y la caridad. Deja que te acompañen.

Me despido, sabiendo que nuestra amistad durará por años, probablemente hasta que me muera; pero, con la Gracia de Dios, espero mirar atrás al final de mis días y agradecer toda la amistad y el aprendizaje que vivimos juntos.

Nos vemos pronto.

© 2017 – José Luis Castañeda para el Centro de Estudios Católicos – CEC

 

José Luis Castañeda

José Luis Castañeda es Comunicador Social de la Pontificia Universidad Católica de Perú.

Director Ejecutivo del CEC. 10 años de experiencia laboral en distintas áreas de comunicación como radio, TV y el mundo corporativo.

Casado, dos hijos.
El nombre completo de José Luis Castañeda Andrade

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