En un ambiente competitivo que exige especialización y eficiencia, existe el riesgo de “funcionalizar” la organización, generando atomización, rutina o sinsentido en medio de nuestras labores. La cosificación del ser humano y el utilitarismo podrían llevar a “estandarizar” las tareas o funciones del personal, buscando que el trabajador se adapte como una pieza de un engranaje en una maquinaria. Si bien las técnicas o los sistemas son necesarios, estos no pueden desplazar a la persona como centro de la organización.

En un ambiente competitivo que exige especialización y eficiencia, existe el riesgo de “funcionalizar” la organización, generando atomización, rutina o sinsentido en medio de nuestras labores. La cosificación del ser humano y el utilitarismo podrían llevar a “estandarizar” las tareas o funciones del personal, buscando que el trabajador se adapte como una pieza de un engranaje en una maquinaria. Si bien las técnicas o los sistemas son necesarios, estos no pueden desplazar a la persona como centro de la organización.

Algunas formas en las que se puede lograr esto es enriqueciendo la visión del puesto de trabajo. Cada miembro de la institución, sea cual fuere el cargo que desempeñe, debe ser invitado a enriquecer sus labores y ponerle su propio sello, sin reducir su rol al simple cumplimiento de tareas realizadas para cumplir o no ser sancionado, siguiendo incluso patrones externos incoherentes con los principios o valores de la persona.

El sistema de evaluación en las organizaciones, por lo tanto, deben medir no solo el cumplimiento de las metas, sino cómo se llega a dichos objetivos, incluyendo aspectos cualitativos como los principios y estilos de liderazgo que logren la involucración de todo el equipo de trabajo en un ambiente de libertad y cooperación.

Las responsabilidades de cada persona o área deben integrarse con los diversos departamentos de la organización, de tal forma que se tenga una visión holística, y un trabajo integrado propiciando la interrelación y objetivos comunes entre todos sus miembros.

[pullquote]El reto consiste en generar las condiciones apropiadas para que la persona responda a sus necesidades fundamentales y a su vez le permita aportar significativamente a las necesidades de la empresa. Esto requiere un cambio de paradigmas cuya mirada esté centrada en aspectos esenciales de la dignidad humana tales como la libertad, capacidad de iniciativa, deseo de dejar huella en la vida de los demás. Desde esta óptica se deben estructurar todos los sistemas, procesos y dinámicas organizativas promoviendo la iniciativa y compromiso del trabajador, invitado desde el trabajo que realiza a desplegarse desde lo más profundo de su ser en un camino que lo vaya perfeccionando integralmente.[/pullquote]

© 2015 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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