Theo_van_Doesburg_Dadamatinée¿Qué es arte y qué no? ¿Debería el arte tener sentido? ¿Hasta dónde debería llegar la libertad del artista? ¿Romper con un estilo o cánones artísticos significa necesariamente efectuar una ruptura con la realidad? ¿De dónde brota el arte? Es importante reflexionar sobre estas preguntas iluminados por la luz de la fe para saber aproximarnos a tantas manifestaciones artísticas que se dan en nuestro actual entorno cultural. Estos cuestionamientos han originado diversos ensayos de respuestas en la historia; uno de ellos fue el “Dadaísmo”.

El dadaísmo es un movimiento cultural y artístico que surgió en 1916 en Zúrich (Suiza). Fue propuesto por Hugo Ball, escritor de los primeros textos dadaístas; posteriormente, se unió el rumano Tristán Tzara que llegaría a ser el emblema del Dadaísmo. El Dadaísmo se manifiesta contra la belleza eterna, contra la eternidad de los principios, contra las leyes de la lógica y contra lo universal en general. Propugna, en cambio, la desenfrenada libertad del individuo, la espontaneidad, lo inmediato, actual y aleatorio, la contradicción, el caos contra el orden y la imperfección contra la perfección. La estética dadaísta niega la razón, el sentido, la construcción del consciente. Sus formas expresivas son el gesto, el escándalo, la provocación. Aunque el origen de la palabra “Dada” es discutido, de acuerdo con la versión de Tzara y Ball, la palabra surge de la casualidad. Abriendo las páginas de un diccionario francés el primer término señalado fue “dada”, que quiere decir: “Caballo de Madera”.

El siguiente poema pretende expresar que el verdadero arte no pasa por el absurdo o la nada, sino que, por el contrario, brota de la experiencia de asombro y con la realidad y del encuentro con el sentido, aquel sobre el cual no hay otro sentido y por el cual todo fue hecho, la Palabra. En consecuencia, en el arte literario, las palabras deben luchar por expresar lo inefable y así cristalizar aquel misterio que sustenta a la belleza, la armonía y el sentido de la existencia.

Caballo de Madera

¡Hola caballo! ¿De verdad?
¿En serio estás ahí?
Tengo algo que decirte.
Da, da pena verte quieto
y tus músculos sin calor,
y tu mirada muerta, congelada,
en fin, tus cuatro patas en tierra,
me haces sentir un poco Tristán.

¿Sabes qué dicen ellos de ti?
Que si quieren no te dan de comer,
que si quieren ya no estarías,
a ellos lo mismo les da, da.
Creen que si arrugo este papel,
donde te hablo y te menciono,
te irías a no sé dónde, tal vez
a dónde no les da, da la vista,
pero aún no te hace su decisión.

¡Caballo de madera! ¡Atento!
Quieren matar tus instintos,
tus carreras, tus galopes y tus distancias,
no les interesas, no creen en ti,
no vieron tus ojos, no saben que estás,
no les da, da el corazón.

¡Quieto! Shhhhhhhhhh.
¡Se han volteado caballo!
Ya no ven, ya no oyen,
se han ido a hablablablar muy lejos,
nos han dejado solos y reales,
así que a la cuenta de tres caballo,
uno, dos y tres…tres, tres:
¡Arre, arre, arre!
¡Libertad madera!

¡Que emoción caballo!
No porque te fuiste
ni por el fuego de tu trote
sino por la palabra.
¡Ella te ha resucitado!
Tal vez fue el dos, no sé,
y no solo un bla, bla, bla.
¡La palabra, la Palabra,
que en lo absurdo de tu nada
un sentido te da, da!

 

© 2014 – Franco Lanata para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Franco Lanata

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