Quien tenga la bendición de visitar la Basílica de la Santa Cruz en la ciudad de Roma y se acerque con justificada devoción a venerar las reliquias del “Lignum Crucis”, llevadas ahí por Santa Helena en el año 326 d.C.,  tal vez se sorprenda cuando al salir de la habitación que las custodia se tope con una recámara más bien moderna e iluminada. En la pared del fondo verá una lápida de mármol rosado que custodia los restos de una pequeña niña llamada Antonietta Meo y se sorprenderá más aún al saber que esta pequeña romana se encuentra en proceso de ser beatificada.

El Concilio Vaticano II, particularmente en la Constitución Dogmática Lumen Gentium, ha resaltado la vocación universal de todo bautizado a la santidad. Esto ha sido confirmado especialmente por el beato Juan Pablo II, con su magisterio y también con la cantidad notable de hombres y mujeres que han sido proclamados modelos para la vida cristiana.

Una muestra singular de esta universalidad, que incluye diversidad de edades, es la Sierva de Dios ((Ver Congregatio de Causis Sanctorum, Index ac Status Causarum, Cittá del Vaticano 1999, p. 39: “Antonia MEO, v.d. “Nennolina”, puella (Roma 15 dec. 1930 – Ibid. 3 iul. 1937). Romana – Aper. proc. ord. 28 mar. 1972 et 27 ian. 1975. Prot.: 1203 – Post.: Marius Sensi.”)), Antonietta Meo, sobre quien existe una bibliografía notable. De proclamarse su canonización, con seis años y medio de edad, podría llegar a ser la niña santa no mártir más joven del santoral, quien con su breve paso por este mundo dejó una estela luminosa y modélica de vida evangélica. De este modo encuentran renovado eco las palabras proféticas atribuidas a Pío X, quien adelantó la edad en que los niños podían realizar la Primera Comunión: “Habrá santos entre los niños”.

De manera particular nos alecciona acerca del camino espiritual de la amistad con el Señor. En su vida, en su sufrimiento, en sus escritos y dictados, se hace palpable un itinerario espiritual sencillo y modélico. En ese sentido la firma con que concluía sus cartas resulta emblemática, pues fue pasando de “Antonietta” a “Antonietta y Jesús” hasta firmar en sus últimas cartas “Antonietta de Jesús”. No es sólo un lema. Se trata de una frase que resume la coronación de su corta existencia terrena.

[pullquote]Esta niña ofrece un modelo de comunión con el Señor Jesús y de una progresiva conformación con quien es la plenitud de la humanidad. Con pasitos imperceptibles esta pequeña pasó a nuestro lado como un raudo destello de sol, como uno de esos atletas que, según el Apóstol, se privan de todo para ganar la gloria anhelada ((Ver 1Cor 9,24-25)). Nennolina, como se le llama cariñosamente, es una hermanita que nos muestra que nunca se es demasiado joven para hacerse amigo del Señor ni para correr en busca del cielo prometido.[/pullquote]

Además de su intensa vida de fe, esperanza y caridad, de la que hallamos numerosos ejemplos, nos dejó el tesoro de sus escritos infantiles. La mayoría dirigidos al Señor Jesús, unos cuantos a Dios Padre, al Espíritu Santo, a la Virgen María, a algunos santos y a su familia. En ellos se revela el corazón tierno y afectuoso de una niña que poco a poco va madurando en su amistad con Jesucristo, pasando de un cariño candoroso a una progresiva y madura adhesión al Calvario signado por los rigores de su enfermedad.

No es exagerado afirmar que esta relación de amistad personal con el Señor Jesús fue el fundamento interior de su vida entera. Por el Señor, y con Él a su lado, realizaba actos de virtud, de sacrificio, de generosidad, encendía en su corazón el celo por la salvación de las personas y finalmente se ofrece como víctima de sacrificio a los pies de la Cruz. A su cortísima edad fue capaz de responder diligente y madura a los dones de la gracia que Dios le otorgaba día a día.

© 2013 – Oscar Tokumura para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 
 

Oscar Tokumura Tokumura

Óscar es Doctor en Letras por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Magister en Teología por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Es autor de "El héroe en la obra de Saint-Exupery", "Árboles y Hombres" y "Dios en tu vida cotidiana: elementos para el discernimiento".
Ha trabajado en la formación de jovenes y adultos en Perú y en Argentina. Se ha desempeñado como docente tanto a nivel escolar como universitario. Se ha especializado en la obra de Saint-Exupéry y en temas espirituales.

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