Hace un año, cuando mi esposo y yo adoptamos a nuestra hija y la recibimos en nuestra casa, una de las primeras inquietudes que surgió en mí fue: ¿Cómo logramos crear un vínculo duradero con nuestra hija, de tal forma que se cree un lazo de amor y reconozca que nosotros somos sus padres? La pregunta resultaba un poco rara y, hasta cierto punto, inimaginable, ya que cuando un niño nace, damos por sentado que el bebé sabrá quiénes son sus padres. Pero, cuando un niño es adoptado a una edad avanzada, puede, efectivamente, surgir la interrogante de cómo desarrollar el vínculo entre padres e hijos. ¿Desde cuándo sabrá él o ella reconocer y amar a sus padres como tales?

En nuestro caso, nuestra hija llegó a nosotros con un año de edad recién cumplido y nos tocó aprender y crear conscientemente ese vínculo con ella.

Después de mucho leer e investigar, entendimos que aquel vínculo que se forma entre padres e hijos desde el nacimiento, no es otra cosa que el apego. Pero, partamos entendiendo qué es el apego y cómo se da éste entre un bebe y su madre o padre: «El apego, entre padres e hijos, son sus relaciones. La calidad de apego entre ellos se convierte en la base para todas las relaciones futuras y las creencias fundamentales. Cuando los padres nutren de afecto y muestran sensibilidad frente a las necesidades de sus bebes, los padres invitan a sus hijos a tener una relación de buena calidad. Al menos que haya algunos desafíos que lo impidan, los niños responderán naturalmente a padres sensibles, que nutren de afecto y que son confiables, formando una relación segura y confiable» (Attaching in Adoption – Deborah D. Gray).

[pullquote]La creación exitosa de ese primer apego de un bebé y sus padres, influirá en la personalidad futura y en la capacidad de confiar en los demás, y poder construir relaciones sanas, intimidad con las personas, interacción social, manejo de las emociones y aceptación personal. Y aporta, de forma especial, en la necesidad de los niños de desarrollarse en un ambiente que les brinde seguridad y significación. Otorgar a un niño una base de seguridad (amor tangible) a su vida, será la clave para un desarrollo sano a nivel cognitivo, emocional y espiritual.[/pullquote]

Nos enteramos, también, que es posible, en unos casos más y en otros menos, recuperar de alguna forma el tiempo perdido, cuando ese apego no se ha formado correctamente desde el nacimiento, y tomar algunas acciones que nos ayuden a crear ese vínculo con nuestra hija. En general, el desarrollo del apego con nuestros hijos es una tarea que la mayoría de los padres hace de una forma inconsciente, pero cuánto más podríamos hacer si conocemos más acerca de este proceso, para potenciar al máximo en nuestros hijos el desarrollo de personalidades sanas y la confianza en sí mismos y en los demás.

La creación del apego, en términos prácticos, funciona a través de repeticiones de situaciones en las que un bebé tiene una necesidad, y su padre o madre la resuelve. Por ejemplo: el niño tiene hambre. Entonces llora o hace algún ruido o gesto para pedir comida. Luego, su padre o madre le da de comer, y el niño se queda tranquilo, puesto que su necesidad ha sido respondida y resuelta. O el niño tiene sueño, entonces llora y su padre o madre lo atiende, lo consuela y le brinda confort frente a su necesidad.

La repetición de este tipo de ciclos, una y otra vez, a lo largo de los días y meses, es lo que crea el apego seguro. Y esto resulta en el desarrollo de la confianza en los demás y en uno mismo. Cuando un niño no ve sus necesidades resueltas de forma constante, aprende que no podrá confiar en los demás, que debe ser autosuficiente, que no es lo suficientemente valioso para sí mismo y los demás y que debe, él mismo, tener el control de las situaciones y no cederlo a sus padres. Por ende, no se generará una correcta relación con sus padres, y posiblemente también sea difícil desarrollar en un futuro relaciones exitosas con otras personas.

[pullquote]Es de vital importancia para padres adoptivos (y vale decir, los no adoptivos por igual), investigar y leer acerca de este proceso, ya que ayudarán inmensamente a sus hijos a establecer una conexión segura entre ellos, sin heridas afectivas, base fundamental para su desarrollo sano y positivo.[/pullquote]

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© 2015 – Karin Pérez de García para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Karin Pérez de García

Karin nació en Guayaquil, Ecuador, y es Miembro del Movimiento de Vida Cristiana, esposa y mamá. Es estudiante de Comunicación Social.

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