Según informes de la OMS, una de cada cuatro personas sufre trastornos de conducta asociados a adicciones sin sustancias, dentro de las cuales se encuentra la tecnología1.

Según el Dr. José Ángel Arbesú, coordinador de Salud Mental de SEMERGEN, «los pacientes que padecen una adicción sin sustancia tienen semejanzas con los adictos a sustancias, ya que, en ambas existe tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia con patrones conductuales perniciosos o desadaptativos consolidados y repetitivos».2.

Ya en el DMS V, manual de referencia en psiquiatría, se incluye el juego patológico como una adicción no relacionada con consumo de sustancias, lo que va abriendo la puerta a otras situaciones o desórdenes de comportamiento que podrían estar relacionadas con un uso excesivo y dependiente de las nuevas tecnologías3.

«El uso de Internet está cada vez más difundido en el mundo globalizado en el que vivimos. Aunque esta herramienta, en un principio, nos permite hacer mejoras en nuestro día a día (recabar información, mantener el contacto a través del correo electrónico, etc.) su utilización con fines recreativos, excesiva y persistente, puede conducir a una adicción. De hecho, su importancia clínica y epidemiológica la sitúa como una de las patologías emergentes de mayor impacto en el siglo actual. La persona que sufre adicción a Internet, se caracteriza por tiempos de conexión muy prolongados con fines recreativos a lo largo de cada día, que pueden llevarle a descuidar otras áreas importantes de su vida como el trabajo, las relaciones sociales, la alimentación, el descanso, etc.»4

Cada cosa en su lugar

No se puede afirmar que la tecnología sea perjudicial para el hombre; nada más ajeno a la realidad. Pero lo que sí podemos es llamar la atención respecto al lugar que le damos a la tecnología en nuestra vida. En este sentido, es importante recordar el postulado de Aristóteles sobre las dimensiones de la actividad, las cuales deben ser ordenadas hacia el bien del ser humano. Para Aristóteles estas dimensiones son: Theoría o conocimiento, Práxis o actuar ético y Póiesis o actuar sobre los objetos. El conocimiento me lleva a descubrir la esencia de las cosas, aquello que realmente me permite conocer la realidad, conocerme a mí mismo y encontrar un sentido a mi vida. La práxis o actuar ético, me invita a buscar que mi comportamiento sea adecuado a mis principios, encaminado a buscar el bien de las personas; y finalmente la póiesis o actuar sobre los objetos, sería ese desarrollo del mundo a través de mi quehacer diario, en donde se encuentra la tecnología.

Así, si la tecnología ocupa el primer lugar en mi vida, y voy relegando mi deber ético bien sea con mi familia, en mi trabajo o con mis amigos, estoy alejándome de aquello que sustenta mi vida, incluso mi quehacer diario. Estaría rompiendo con mis principios, con aquello que descubro que es lo mejor para mí, y entonces termino volviendo mi vida corta, e incluso escapando de mí mismo a través de las redes sociales, navegar por Internet sin sentido, o invirtiendo largas horas de mi día en juegos electrónicos, con el costo de alejarme interiormente de aquellos a quienes más amo.

Creo importante que reflexionemos qué lugar le estamos dando a la tecnología en nuestras vidas. Quizás muchos no somos adictos, pero sí podemos estar perdiéndonos de muchas cosas importantes, por pasar tanto tiempo conectados en Internet en vez de conectarnos con los demás presencialmente.

1 Ver https://www.avanza-psicologia.es/adolescentes-uso-abuso-nuevas-tecnologias-redes-sociales/

2 http://www.vademecum.es/noticia-110127-1

3 http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=372036946004

4 http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=372036946004

© 2017 – Carlos Díaz Galvis para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Díaz Galvis

Carlos es el Director Editorial del Centro de Estudios Católicos CEC. En la actualidad reside en Medellín (Colombia).

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