juanxxiiiHan transcurrido cincuenta años desde el 11 de abril de 1963, fecha en la que el Beato Papa Juan XXIII publicó la histórica Carta Encíclica Pacem in terris, catalogada por muchos como el más completo y profundo documento del Magisterio de la Iglesia sobre el tema de la paz.

La Encíclica del Papa Roncalli, publicada durante el quinto año de su pontificado, apareció en una coyuntura histórica muy compleja. Hacía tan solo unos meses atrás el mundo entero había estado al borde de un colapso de inimaginables consecuencias por cuenta de la crisis de los misiles en Cuba. Dicha crisis, fruto de la “guerra fría” entre Estados Unidos y la ex URSS, había puesto a la humanidad ad portas de una guerra nuclear. Sobre esto advertía el Papa: «vemos con gran dolor, cómo en las naciones económicamente desarrolladas se han estado fabricando, y se fabrican todavía, enormes armamentos, dedicando a su construcción una suma inmensa de energías espirituales y materiales» (n. 109). La sociedad entera de la época se encontró sometida a la zozobra y al constate temor de que en cualquier momento se podía desencadenar la peor guerra de la historia humana por cuenta del desarrollo y del mal uso de las armas atómicas. La denuncia de Juan XXIII era clara: «los pueblos viven bajo un perpetuo temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede desencadenarse con ímpetu horrible» (n. 111).

Vale la pena hacer memoria y recordar que en 1961, dos años antes de la promulgación de la Encíclica, el gobierno de Alemania oriental había comenzado la construcción del “muro de Berlín” que dividía no solo a la ciudad, sino también a las dos grandes potencias de la época y las cosmovisiones que éstas representaban. El Muro marcaría un hito muy importante en la ruptura entre dos maneras de ver la realidad y sería el símbolo de la cerrazón y del aislamiento al que eran sometidos las personas que vivían bajo el dominio del partido comunista.

Quizá el temor a otra guerra mundial y la consciencia del inmenso poder de destrucción de las “nuevas” armas llevó a la comunidad internacional a la convicción de que antes que las armas, debe de ser el diálogo el que ayude a solucionar los problemas entre las naciones, y así lo reconocía el Papa: «Se ha ido generalizando cada vez más en nuestros tiempos la profunda convicción de que las diferencias que eventualmente surjan entre los pueblos deben resolverse no con las armas, sino por medio de negociaciones y convenios» (n. 126). Sin embargo, es evidente que para alcanzar la paz que necesitamos y que el ser humano anhela en el fondo de su corazón, las soluciones políticas no bastan; por ello el Papa con gran clarividencia y agudeza señaló los pilares necesarios para alcanzar la verdadera paz, que se afinca no en convenios y acuerdos que por su naturaleza son cambiantes, sino en sólidos principios. El subtítulo de la Encíclica los expresa: “Sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad”.

[pullquote]El papa Juan Pablo II refiriéndose a estos pilares señalados por su predecesor comentó: «La verdad será fundamento de la paz cuando cada individuo tome consciencia rectamente, más que de los propios derechos, también de los propios deberes con los otros. La justicia edificará la paz cuando cada uno respete concretamente los derechos ajenos y se esfuerce por cumplir plenamente los mismos deberes con los demás. El amor será fermento de paz, cuando la gente sienta las necesidades de los otros como propias y comparta con ellos lo que posee, empezando por los valores del espíritu. Finalmente, la libertad alimentará la paz y la hará fructificar cuando, en la elección de los medio para alcanzarla, los individuos se guíen por la razón y asuman con valentía la responsabilidad de las propias acciones».[/pullquote]

Después de cincuenta años muchas situaciones han cambiado en el mundo, y sin embargo los retos de nuestro tiempo requieren la misma atención. Al ver nuestra realidad nos encontramos con que las palabras del Papa Juan XIII son tan actuales como ayer. Todavía anhelamos y buscamos la paz. No podemos olvidar que para que ésta no se convierta en una palabra vacía debe ser fundada en un orden basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado en la caridad y realizado en la recta libertad.

© 2013 – Juan David Velásquez Monsalve para el Centro de Estudios Católicos – CEC

 

Juan David Velásquez Monsalve

Juan David es abogado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana (Medellín, Colombia) y Teólogo de la Universidad Católica de Oriente (Rionegro – Colombia). En este momento cursa la Maestría en Filosofía en la Universidad Pontificia Bolivariana.
Se ha desempeñado como profesor universitario y escolar. Actualmente es el Director Regional del CEC en Colombia y Rector del Colegio Sagrado Corazón Montemayor.

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