Hace mucho que no grababa un video y como ahora se viene la Semana Santa, me pareció interesante compartirles algo.

Estuve pensando en algo que creo que a veces se me olvida, y es que yo me considero una mujer de fe (y gracias a Dios lo sigo haciendo) en gran parte porque estuve acompañada. Sí, muchas veces he oído a gente que dice vivir su fe a “su manera” e incluso “solos” pero creo que se están perdiendo de un montón de cosas que vale la pena vivir sí o sí. Les voy a dar algunas razones de ello:

1. La diferencia. Es rico cuando en un mismo grupo hay personas con historia, experiencia, pensamientos, sentimientos y formas de ser diferentes. Dios se manifiesta ahí, en ese vivir y en ese ser del otro y me ha hablado directamente a mí en todo eso.

2. El compartir la vida para hacerla oración. Poder compartir todo lo que me pasa, lo bueno y lo malo y que me ayuden a ver a Dios en cada detalle que vivo, no tiene precio.

3. La acogida. Cuando uno tiene un iluminador diálogo con Dios, una rico encuentro con un hermano, una experiencia de fe es rico poder compartirlo con personas que creen lo mismo que tú. Y no se trata de segregación, sino de tener ese espacio en donde hablan tu idioma y entienden tu propio código. Y siempre hay opiniones, correcciones fraternas, diferencias, pero siempre sin juicio, con respeto y libertad. Incluso me han ayudado a quitarme las culpas, a verme con misericordia, a reconocerme amada por Dios y volverme a mirar con amor.

4. Una familia elegida. Las amistades que nacen con Dios de la mano tienen un tinte profundo. Es como que Él estuviera siempre juntando las manos con su amor y dándote certezas de esa amistad y ese amor se siente a través del cariño continuo que esas personas te entregan. Yo me siento amada por mi comunidad y me he sentido amada por todas las comunidades a las que he pertenecido y sé que puedo volver a ese colchón y caer en él cuántas veces quiera.

5. La ayuda en el discernimiento. Si bien el discernimiento siempre ha sido personal, mejora profundamente cuando no es individual. Los otros te permiten ver cosas que uno no ve muchas veces. Cuando uno está metido en un problema o tiene que tomar una decisión ayuda muchísimo hablar con otros que te saquen de la confusión, porque Dios habla, pero no siempre uno quiere escuchar.

Si vives tu fe en comunidad seguramente tienes muchas más razones. ¡Experimenta tu fe en comunidad a concho! Descubrirás que en el otro hay mucho de Dios que conocer.

 

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