Si te pidieran que en pocas palabras decir qué es un sacerdote, ¿cómo lo describirías?

¿Un hombre de negro? ¿Hace cosas relacionadas con Dios?

Sí, efectivamente. Un sacerdote se viste por lo general de negro y dedica su vida y su tiempo a las cosas de Dios, pero si pudiéramos definirlo de una manera, podríamos decir que un sacerdote es un servidor, un servidor de Dios que trabaja como instrumento y representante suyo aquí en la Tierra y un servidor del pueblo cristiano.

El Cura de Ars, patrono de los sacerdotes, le decía a sus fieles “El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para ustedes”.

El sacerdote es un hombre como cualquiera que, sintiendo el llamado de Dios, lo deja todo para dedicar su vida a Él, para poder servirlo y servir a su pueblo.

Es como un pastor que cuida a sus ovejas ¿Qué hace un pastor? Se dedica a velar por ellas, a alimentarlas, las lleva al redil para que estén seguras, etc.

De la misma manera que el pastor, el sacerdote busca cuidar de nuestra alma, que se alimente de Dios, que se mantenga cerca de Él y nos ayuda a caminar para poder llegar al cielo, esa es su misión.

Un sacerdote se dedica al servicio de Dios a través del culto, que es el amor que le entrega a Él, y al servicio de los hombres.

Un ejemplo de esto es la Misa. El sacerdote al presidirla le rinde culto de amor a Dios, pero a la vez funciona como un puente entre nosotros y Él.

En resumen, cuando nos vuelvan a preguntar, quién es un sacerdote, podríamos responder diciendo que es aquel que sirve llevando lo de los hombres a Dios y llevando a Dios a los hombres.

Ahondando un poco…

El Orden es el sacramento por el que algunos de entre los fieles quedan constituidos ministros sagrados, al ser marcados con un carácter indeleble,y así son consagrados y destinados a apacentar el pueblo de Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la persona de Cristo Cabeza las funciones de enseñar, santificar y regir.

Jesucristo es el verdadero y supremo Sacerdote de la Nueva Ley, pues sólo Él nos reconcilió con Dios por medio de su Sangre derramada en la Cruz (Hebreos 8,1; 9,15). Sin embargo, quiso Jesús que algunos hombres, escogidos por Él, participarán de la dignidad sacerdotal de modo que llevarán los frutos de la Redención a todos los demás. Con ese fin instituyó el sacerdocio de la Nueva Alianza (Lucas 22,19). A su vez los Apóstoles, inspirados por Dios, sabían que el encargo de Jesús no acabaría con ellos, y por eso transmitían el ministerio mediante el sacramento del Orden, que administraban por la imposición de las manos y la oración (Hechos 14,23-24). De este modo comunicaban a otros hombres el poder de regir, santificar y enseñar que ellos habían recibido directamente del Señor.

Es dogma de fe explícitamente definido que el sacramento del Orden sacerdotal es uno de los siete sacramentos de la Nueva Ley instituidos por Nuestro Señor Jesucristo.

Por la ordenación sagrada el sacerdote es constituido ministro de Dios y dispensador de los tesoros divinos (1 Cor 4,1). Con este sacramento recibe una serie de efectos sobrenaturales que le ayudan a cumplir su misión, siendo los principales: a) el carácter indeleble, distinto al del Bautismo y al de la Confirmación, que constituye al sujeto en sacerdote para siempre (Hebreos 5,5-6).

El sacramento del Orden aumenta la gracia santificante; otorga, además, la gracia sacramental; es decir, la ayuda sobrenatural necesaria para poder ejercer debidamente las funciones correspondientes al grado recibido.

Este sacramento consagra al que recibe, configurándolo de un modo particular con Jesucristo, y capacitándolo para actuar en la misma persona que de Cristo, cabeza del cuerpo místico de la iglesia.

El sacerdote no es. Por tanto, un delegado de la comunidad, sino un ministro y un representante de Jesucristo, de quien recibe un poder sagrado para apacentar a los demás fieles.

Los sacerdotes ejercen los tres poderes de Cristo. Son los encargados de transmitir el mensaje del Evangelio, y de esa manera ejercen el poder de enseñar. Su poder de gobernar lo ejercen dirigiendo, orientando a los fieles a alcanzar la santidad. Así mismo son los encargados de administrar los medios de salvación los sacramentos cumpliendo así la misión de santificar. Si no hubiesen sacerdotes, no sería posible que los fieles reciban ciertos sacramentos, de ahí la necesidad de fomentar las vocaciones. De los sacerdotes depende, en gran parte, la vida sobrenatural de los fieles, pues solamente ellos pueden consagrar, al hacer presente a Cristo, y otorgar el perdón de los pecados. Aunque estas son las dos funciones más importantes de su ministerio, su participación en la administración de los sacramentos no termina ahí.

En el Catecismo

1548 En el servicio eclesial del ministro ordenado es Cristo mismo quien está presente a su Iglesia como Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, Sumo Sacerdote del sacrificio redentor, Maestro de la Verdad. Es lo que la Iglesia expresa al decir que el sacerdote, en virtud del sacramento del Orden, actúa in persona Christi Capitis:

«Es al mismo Cristo Jesús, Sacerdote, a cuya sagrada persona representa el ministro. Este, ciertamente, gracias a la consagración sacerdotal recibida se asimila al Sumo Sacerdote y goza de la facultad de actuar por el poder de Cristo mismo (a quien representa) ».

«Christus est fons totius sacerdotii: nam sacerdos legalis erat figura Ipsius, sacerdos autem novae legis in persona Ipsius operatur» (Cristo es la fuente de todo sacerdocio, pues el sacerdote de la antigua ley era figura de Él, y el sacerdote de la nueva ley actúa en representación suya).

1551 Este sacerdocio es ministerial. “Esta Función […], que el Señor confió a los pastores de su pueblo, es un verdadero servicio”. Está enteramente referido a Cristo y a los hombres. Depende totalmente de Cristo y de su sacerdocio único, y fue instituido en favor de los hombres y de la comunidad de la Iglesia. El sacramento del Orden comunica “un poder sagrado”, que no es otro que el de Cristo. El ejercicio de esta autoridad debe, por tanto, medirse según el modelo de Cristo, que por amor se hizo el último y el servidor de todos. “El Señor dijo claramente que la atención prestada a su rebaño era prueba de amor a Él”.

Citas de la Sagrada Escritura:

“No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2,20)

“Subió a un monte y llamando a los que quiso, vinieron a Él, y designó a doce para que le acompañaran y para enviarlos a predicar” (Marcos 3,13-15)

“No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15,16).

“Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones y háganlas mis discípulos, bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; y enséñenles a obedecer todo cuanto les he mandado a ustedes” (Mateo 28,19-20)

“Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”. (Lucas 22:19-20)

Frases Papa Francisco acerca de los efectos del Orden Sacerdotal:

“Al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre al anuncio con toda su persona. Cuando predica la homilía, lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración. Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser”

“El corazón del sacerdote es un corazón traspasado por el amor del Señor; por eso no se mira a sí mismo, sino que está dirigido a Dios y a los hermanos”.

“Así es también el sacerdote de Cristo: está ungido para el pueblo, no para elegir sus propios proyectos, sino para estar cerca de las personas concretas que Dios, por medio de la Iglesia, le ha confiado. Ninguno está excluido de su corazón, de su oración y de su sonrisa. Con mirada amorosa y corazón de padre, acoge, incluye, y, cuándo debe corregir, siempre es para acercar; no desprecia a nadie, sino que está dispuesto a ensuciarse las manos por todos”.

“Alegrarse. Dios se pone «muy contento» (Lc 15,5): su alegría nace del perdón, de la vida que se restaura, del hijo que vuelve a respirar el aire de casa. La alegría de Jesús, el Buen Pastor, no es una alegría para sí mismo, sino para los demás y con los demás, la verdadera alegría del amor. Esta es también la alegría del sacerdote. Él es transformado por la misericordia que, a su vez, ofrece de manera gratuita. En la oración descubre el consuelo de Dios y experimenta que nada es más fuerte que su amor. Por eso está sereno interiormente, y es feliz de ser un canal de misericordia, de acercar el hombre al corazón de Dios. Para él, la tristeza no es lo normal, sino sólo pasajera; la dureza le es ajena, porque es pastor según el corazón suave de Dios”.

“Queridos sacerdotes, en la celebración eucarística encontramos cada día nuestra identidad de pastores. Cada vez podemos hacer verdaderamente nuestras las palabras de Jesús: «Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros». Este es el sentido de nuestra vida, son las palabras con las que, en cierto modo, podemos renovar cotidianamente las promesas de nuestra ordenación. Os agradezco vuestro «sí» para dar la vida unidos a Jesús: aquí está la fuente pura de nuestra alegría”.

Frases Benedicto XVI acerca de los efectos del Orden Sacerdotal:

“Ser sacerdote en la Iglesia significa entrar en esta entrega de Cristo, mediante el sacramento del Orden, y entrar con todo su ser. Jesús dio la vida por todos, pero de modo particular se consagró por aquellos que el Padre le había dado, para que fueran consagrados en la verdad, es decir, en él, y pudieran hablar y actuar en su nombre, representarlo, prolongar sus gestos salvíficos: partir el Pan de la vida y perdonar los pecados. Así, el buen Pastor dio su vida por todas las ovejas, pero la dio y la da de modo especial a aquellas que él mismo, “con afecto de predilección”, ha llamado y llama a seguirlo por el camino del servicio pastoral”.

“Aquí quiero tocar un punto que me interesa de manera particular: la oración y su relación con el servicio. Hemos visto que ser ordenado sacerdote significa entrar de modo sacramental y existencial en la oración de Cristo por los “suyos”. De ahí deriva para nosotros, los presbíteros, una vocación particular a la oración, en sentido fuertemente cristocéntrico: estamos llamados a “permanecer” en Cristo —como suele repetir el evangelista san Juan (cf. Jn 1, 35-39; 15, 4-10), y este permanecer en Cristo se realiza de modo especial en la oración. Nuestro ministerio está totalmente vinculado a este “permanecer” que equivale a orar, y de él deriva su eficacia”.

“Todas estas formas de oración, que tienen su centro en la Eucaristía, hacen que en la jornada del sacerdote, y en toda su vida, se realicen las palabras de Jesús: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas” (Jn 10, 14-15)”.

“La predicación cristiana no proclama “palabras”, sino la Palabra, y el anuncio coincide con la misma persona de Cristo, ontológicamente abierta a la relación con el Padre y obediente a su voluntad. Por tanto, un auténtico servicio a la Palabra requiere por parte del sacerdote que tienda a una abnegación profunda de sí mismo, hasta decir con el Apóstol: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”. El presbítero no puede considerarse “amo” de la palabra, sino siervo. Él no es la palabra, sino que, como proclamaba Juan el Bautista, del que celebramos precisamente hoy su nacimiento, es “voz” de la Palabra: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezar sus sendas” (Marcos 1,3)”.

“Alter Christus, el sacerdote está profundamente unido al Verbo del Padre, que encarnándose ha tomado la forma de siervo, se ha hecho siervo (Cf. Filipenses 2,5-11). El sacerdote es siervo de Cristo, en el sentido de que su existencia, configurada ontológicamente con Cristo, asume un carácter esencialmente relacional: el está en Cristo, para Cristo y con Cristo al servicio de los hombres. Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación, madurando, en esta asunción progresiva de la voluntad de Cristo, en la oración, en el está “unido de corazón” con Él. Esta es por tanto la condición imprescindible de todo anuncio, que conlleva la participación en el ofrecimiento sacramental de la Eucaristía y la obediencia dócil a la Iglesia”.

Frases San Juan Pablo II acerca de los efectos del Orden Sacerdotal :

“Por el Evangelio sabemos que Cristo llamó a sus Apóstoles “para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar” (Mc 3, 14). El don del sacerdocio nos hace partícipes del mismo ser o consagración, de la misma misión y de la misma vida de Cristo Sacerdote y Buen Pastor”.

“Por eso el sacerdote debe ser siempre “el hombre de la caridad”. “Como pastor de la grey de Cristo, él no puede olvidar que su Maestro ha llegado a dar la propia vida por amor. A la luz de este ejemplo, el sacerdote sabe que ya no es dueño de sí mismo, sino que se debe dar todo a todos, aceptando cualquier sacrificio vinculado con el Amor”.”

“Este aspecto esencial del sacerdote tiene valor permanente. Por el hecho de ser signo del Buen Pastor, para prolongar su palabra, su sacrificio, su acción salvífica, es una llamada a vivir en sintonía con el sentir y el actuar de Cristo. Por esto, la espiritualidad específica del sacerdote es “la ascesis propia del pastor de almas”. Sólo así será un “instrumento vivo de Cristo Sacerdote””.

“Toda la vida del sacerdote ha de ser un testimonio de cómo amaba el Buen Pastor, el cual vivió pobre para manifestar que se daba a sí mismo; fue obediente a los planes salvíficos del Padre porque no se pertenecía a sí mismo; fue casto porque quiso compartir esponsalmente nuestra existencia para hacer de toda la humanidad una familia de hermanos y una ofrenda a Dios”.

“El don del sacerdocio se vive en una intensa comunión eclesial: “Lo que os mando es que os améis los unos a los otros”. (Jn 15, 17) La unidad que Jesús quiere para toda su Iglesia, y de modo particular para los sacerdotes, está basada en el mandato del amor, como reflejo de la unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por esto el Señor pide intensamente al Padre un claro testimonio de unidad en sus discípulos: “Que sean uno como nosotros somos: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado” (Jn 17, 22-23)”.

Preguntas para profundizar :

¿Qué es el Orden Sacerdotal?

El Orden Sacerdotal es el sacramento por el que algunos fieles son constituidos ministros sagrados.

¿Por qué este sacramento se llama Orden?

Este sacramento se llama orden porque comprende varios grados subordinados entre sí.

¿Cuál es el oficio principal de los sacerdotes?

El oficio principal de los sacerdotes es celebrar el Santo Sacrificio de la Misa.

¿Cuáles son las otras principales funciones de los sacerdotes?

Las otras principales funciones de los sacerdotes son:

  • Perdonar los pecados en la Confesión.
  • Administrar los demás sacramentos.
  • Predicar la palabra de Dios.
  • Dirigir a los fieles en las cosas que se refieran a Dios.

¿Cómo se administra el sacramento del Orden?

El sacramento del Orden se administra mediante la imposición de manos del obispo junto con la oración consagratoria.

¿Son necesarios los sacerdotes?

Los sacerdotes son necesarios e insustituibles, pues sin ellos no existiría la Iglesia tal como la fundó Jesucristo. Por eso todos los cristianos debemos colaborar en el fomento y formación de las vocaciones sacerdotales.

Bibliografía:

http://www.iglesia.org/santos/item/624-el-sacerdocio-mucho-m%C3%A1s-que-un-servicio

https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2009/documents/hf_ben-xvi_hom_20090503_ordinazioni-sacerdotali.html

https://www.aciprensa.com/sacerdocio/sacerdocio.htm

http://es.catholic.net/op/articulos/60457/cat/196/24-sacramentos-al-servicio-de-la-comunidad-matrimonio-y-orden-sacerdotal.html

http://es.catholic.net/op/articulos/8491/cat/195/el-sacerdocio.html

http://es.catholic.net/op/articulos/10337/cat/741/el-sacerdote-es.html

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c3a6_sp.html

https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-misa-del-jubileo-de-los-sacerdotes-96967/

http://caminocatolico.org/home/papa-francisco/12448-papa-francisco-en-homilia-en-santa-marta-para-los-sacerdotes-jesus-debe-ser-como-el-primer-amor-que-no-se-olvida

http://es.radiovaticana.va/news/2017/04/13/homilia_papa_francisco_-_jueves_santo_-_misa_crismal_-_13_04/1305419

https://www.aciprensa.com/recursos/el-orden-sacerdotal-3966/

http://es.catholic.net/op/articulos/64639/orden-sacerdotal.html

http://www.evangelizafuerte.mx/2010/06/el-sacramento-orden-sacerdotal-definicion-contexto-y-sacrmentalidad/

https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/homilies/1990/documents/hf_jp-ii_hom_19900509_durango.html

 

© 2017 – Centro de Estudios Católicos – CEC

Departamento Editorial del CEC

El Departamento Editorial del CEC tiene a su cargo la gestión del programa de publicaciones, la organización de los sistemas de evaluación de originales, la corrección de manuscritos (impresos o electrónicos) y la dirección del proceso de producción en todos los niveles de trabajo. El Departamento Editorial está a cargo del Director Editorial y su equipo de trabajo.

View all posts

Add comment

Deja un comentario