Si bien el orden sacerdotal constituye un sacramento que es administrado a hombres que sirven de puentes entre Dios y los hombres, que son los sacerdotes que conocemos que celebran la misa, nos casan y nos confiesan. Es cierto también que existe un tipo diferente de sacerdocio, del que participamos todos los bautizados. ¿De qué se trata?

Cuando nos bautizamos, somos consagrados para Cristo y nos unimos íntimamente a Él, tanto, que incluso pasamos a formar parte de su cuerpo y participamos de su misión, de sacerdote, profeta y rey.

Todos, en un sentido, pasamos a ser “sacerdotes”, la Iglesia podemos decir que es un “pueblo sacerdotal” que ofrece sacrificios y ofrendas a Dios.

Este sacerdocio del cual participamos tiene consecuencias en nuestra vida que son

  1. Ofrecernos a Dios nosotros mismos
  2. Vivir nuestra fe cristiana en todos los ambientes en los cuales estamos. El mundo se hace más “santo”, es decir, se llena más de Dios, en la medida de que mi testimonio de vida cumple esa función sacerdotal de interceder para que lo divino impregne toda la realidad.
  3. Anunciar la esperanza de vida eterna que tenemos.

No nos olvidemos entonces que parte de nuestro ser cristianos es vivir este sacerdocio de Cristo, y de esa manera estamos ayudando a que este mundo esté más lleno de Dios.

En el Catecismo

871 Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo

901 Los laicos, consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, están maravillosamente llamados y preparados para producir siempre los frutos más abundantes del Espíritu. En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo (cf 1P 2, 5), que ellos ofrecen con toda piedad a Dios Padre en la celebración de la Eucaristía uniéndolos a la ofrenda del cuerpo del Señor. De esta manera, también los laicos, como adoradores que en todas partes llevan una conducta sana, consagran el mundo mismo a Dios” (LG 34; cf. LG 10).

902 De manera particular, los padres participan de la misión de santificación “impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos” (CIC, can. 835, 4).

1546 Cristo, sumo sacerdote y único mediador, ha hecho de la Iglesia “un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre” (Ap 1,6; cf. Ap 5,9-10; 1 P 2,5.9). Toda la comunidad de los creyentes es, como tal, sacerdotal. Los fieles ejercen su sacerdocio bautismal a través de su participación, cada uno según su vocación propia, en la misión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey. Por los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación los fieles son “consagrados para ser […] un sacerdocio santo” (LG 10)

1547 El sacerdocio ministerial o jerárquico de los obispos y de los presbíteros, y el sacerdocio común de todos los fieles, “aunque su diferencia es esencial y no sólo en grado, están ordenados el uno al otro; […] ambos, en efecto, participan (LG 10), cada uno a su manera, del único sacerdocio de Cristo” (LG 10). ¿En qué sentido? Mientras el sacerdocio común de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal (vida de fe, de esperanza y de caridad, vida según el Espíritu), el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos. Es uno de los medios por los cuales Cristo no cesa de construir y de conducir a su Iglesia. Por esto es transmitido mediante un sacramento propio, el sacramento del Orden.

Citas de la Sagrada Escritura

«Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de aquel que es, que era y que vendrá, y de los siete Espíritus que están delante de su trono, y de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre. ¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén» (Ap 1,6)

«y cantaban un canto nuevo, diciendo: «Tú eres digno de tomar el libro y de romper los sellos, porque has sido inmolado, y por medio de tu Sangre, has rescatado para Dios a hombres de todas las familias, lenguas, pueblos y naciones. Tú has hecho de ellos un Reino sacerdotal para nuestro Dios, y ellos reinarán sobre la tierra» /Ap 5,9-10).

Frases del Papa Francisco acerca de Iglesia, Pueblo Sacerdotal

  •      Nadie se salva solo, esto es, ni como individuo aislado ni por sus propias fuerzas. Dios nos atrae teniendo en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que supone la vida en una comunidad humana. Este pueblo que Dios se ha elegido y convocado es la Iglesia.
  •      Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, de acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre. Esto implica ser el fermento de Dios en medio de la humanidad. Quiere decir anunciar y llevar la salvación de Dios en este mundo nuestro, que a menudo se pierde, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino.
  •      La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio.

Frases de Benedicto XVI acerca de Iglesia, Pueblo Sacerdotal

  •      El sacerdocio ministerial, de hecho, como sabéis, tiene el objetivo y la misión de hacer vivir el sacerdocio de los fieles, que, en virtud del Bautismo, participan a su modo en el único sacerdocio de Cristo
  •      El Bautismo, que constituye a los hombres «hijos en el Hijo» y miembros de la Iglesia, es la raíz y la fuente de todos los demás dones carismáticos.
  •      También hay diversidad en las formas propias del ejercicio del sacerdocio común derivado del bautismo…Una de esas formas de participación en la misión de la Iglesia es la que corresponde a la familia cristiana, que, además, viene a ser especificada por ser determinada por el Sacramento del Matrimonio.

Frases de San Juan Pablo II acerca de Iglesia, Pueblo Sacerdotal

  •      En Cristo se realiza el proyecto querido por Dios desde la eternidad. Él nos ha liberado del mal y ha hecho de nosotros «un reino de sacerdotes» (Apocalipsis 5, 10). La humanidad entera está llamada a formar parte de esta comunidad de los hijos de Dios.
  •      En la liturgia de la Iglesia ya vivimos de alguna manera esta liturgia del cielo, donde la celebración es plenamente comunión y fiesta.
  •      El don del Espíritu santificador lleva a cabo en nosotros «un sacerdocio santo» que, según Pedro, nos hace capaces de «ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo» (1 P 2, 5).

Preguntas para profundizar acerca de Iglesia, Pueblo Sacerdotal

¿Por qué la Iglesia es un Pueblo Sacerdotal?

Porque participamos como Pueblo de Dios, del Único sacrificio de Cristo. Desde que recibimos el Sacramento del Bautismo, nos unimos a Cristo como Cabeza de su Cuerpo que es la Iglesia. Desde ese momento, recibimos el don del Espíritu y el llamado a participar como Iglesia, del Sacerdocio de Cristo, mediador entre Dios y los hombres.

¿Cómo podemos vivir los laicos nuestro sacerdocio común?

Uniendo nuestras vidas a la Eucaristía, haciendo de las situaciones más pequeñas y cotidianas una ofrenda de amor al Padre, por medio de Jesucristo.

¿Todos podemos ejercer la misión sacerdotal de Cristo de la misma manera?

No. Cada uno está llamado a vivir su misión sacerdotal según la propia vocación. Por ejemplo, en el caso de las familias, viven esta misión cuando se “impregna “de espíritu cristiano la vida conyugal… procurando la educación cristiana de los hijos”. Cada uno, según su profesión, estado de vida, situación particular, está llamado a hacer de su vida una ofrenda espiritual agradable al Padre.

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