¿Quién de nosotros no ha tenido algún familiar o ser querido enfermo? La mayoría creo que podemos decir que hemos sentido el dolor de tener que ver o acompañar a alguien que sufre. Por eso mismo, Jesús se quiere hacer presente en estos momentos a través de un sacramento muy especial. ¿Conoces bien de qué se trata este regalo que es la Unción de los Enfermos?

En nuestra vida, rechazamos realidades como enfermarnos, incluso nos asalta el temor de que seamos nosotros a quienes se nos diagnostique un cáncer o cualquier otra enfermedad grave. Mucho más aún, tratamos de no imaginar cómo será el desenlace final de nuestra vida cuando tengamos que enfrentar nuestra muerte terrenal.

Estos temas tan duros no nos gusta recordarlos, incluso preferimos no pensar en ellos. Sin embargo, la vida nos enseña que no somos autosuficientes y no pocas veces, nos enfrenta a situaciones que no podemos controlar y frente a las cuales somos realmente impotentes.

Estas situaciones, nos rebelan, nos hacen cambiar nuestros propios planes y nos enfrentan a una realidad común a toda la humanidad: somos frágiles y no podemos controlar todas las variables.

Durante su vida en la tierra, Jesús demostró un cariño especial por todos aquellos que se encontraban en alguna situación de dolor o sufrimiento. Por eso curaba a los enfermos, hacía andar a los cojos, devolvía la vista a los ciegos. El Señor se compadecía de manera especial por los que sufrían en su cuerpo y en su alma y buscaba dar un alivio a esos dolores.

Por eso no es extraño que haya querido dejar un sacramento especial para enfrentar las enfermedades o sufrimientos corporales, eso es la Unción de los Enfermos.

Esta le da al cristiano una gracia especial para enfrentar las dificultades propias de una enfermedad grave o vejez. Es un regalo que ayuda al cristiano a poder sobrellevar con fortaleza y en estado de gracia un momento difícil en la vida, fortaleciéndolo en momentos delicados, como el caso de una enfermedad, una operación compleja y, en caso de mayor gravedad, como una persona con riesgo vital, prepara su cuerpo y su alma para el encuentro con Dios a través de la muerte.

Mediante el Sacramento de la Unción de los Enfermos, recibimos además una gracia muy especial, y que es poder unir nuestros sufrimientos con Cristo Sufriente, aprendiendo de Él a ser pacientes en medio de la prueba, a recibir su consuelo, su amor que hace más llevadera nuestra carga. Nos permite rendirnos ante el Señor, y confiar en que luego de nuestra muerte, Él nos resucitará a la vida eterna, y que allí en Su Casa, hay un lugar para nosotros.

 

En el Catecismo

1511 La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos:

«Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por Marcos (cf Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (St 5, 14-15).

1512 En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos practicadas con aceite bendito. En el transcurso de los siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de “Extremaunción”. A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía a su salvación.

1513 La Constitución apostólica Sacram Unctionem Infirmorum del 30 de noviembre de 1972, de conformidad con el Concilio Vaticano II estableció que, en adelante, en el rito romano, se observara lo que sigue:

«El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: Per istam sanctam unctionem et suam piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia Spiritus Sancti, ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet (“Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad”)»

1514 La Unción de los enfermos “no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez”

1515 Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.

1516 Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos. Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.

 

Citas de la Sagrada Escritura

«Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo» (Mc 6,13)

«Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración que nace de la fe salvará al enfermo, el Señor lo aliviará, y si tuviera pecados, le serán perdonados» (St 5, 13-16)

Frases del Papa Francisco acerca de la Unción de los enfermos

 

La comunidad cristiana, somos nosotros, a los cuales cada día el Señor Jesús nos confía a aquellos que están afligidos, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos continuar derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y su salvación.

El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano: por esto es tan importante la visita del sacerdote a los enfermos. Llamarlo: ‘hay un enfermo, venga, dele la unción, bendígalo’. Porque es Jesús que llega para aliviarlo, para darle fuerza, para darle esperanza, para ayudarlo. También para perdonarle los pecados. ¡Y esto es hermoso!

Pero el consuelo más grande deriva del hecho que, el que se hace presente en el Sacramento es el mismo Señor Jesús, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos, Él, y nos recuerda que ya le pertenecemos y que nada –ni siquiera el mal y la muerte– podrá nunca separarnos de Él.

Frases de Benedicto XVI acerca de la Unción de los enfermos

Cristo dispensa su salvación mediante los sacramentos y de manera muy especial, a los que sufren enfermedades o tienen una discapacidad, a través de la gracia de la Unción de los Enfermos.

Para cada uno, el sufrimiento es siempre un extraño. Su presencia nunca se puede domesticar. Por eso es difícil de soportar y, más difícil aún -como lo han hecho algunos grandes testigos de la santidad de Cristo- acogerlo como ingrediente de nuestra vocación.

Sin la ayuda del Señor, el yugo de la enfermedad y el sufrimiento es cruelmente pesado. Al recibir la Unción de los Enfermos, no queremos otro yugo que el de Cristo, fortalecidos con la promesa que nos hizo de que su yugo será suave y su carga ligera.

Frases de San Juan Pablo II acerca de la Unción de los enfermos

Se da, por consiguiente, en el sacramento de la unción una gracia de fuerza que aumenta el valor y la capacidad de resistencia del enfermo.

Esa gracia produce la curación espiritual, como el perdón de los pecados, obrada por virtud de Cristo por el sacramento mismo, si no se encuentran obstáculos en la disposición del alma, y a veces también la curación corporal. Esta última no es la finalidad esencial del sacramento, pero, cuando se produce, manifiesta la salvación que Cristo proporciona por su gran caridad y misericordia hacia todos los necesitados, que ya revelaba durante su vida terrena.

También la experiencia demuestra que el sacramento proporciona una fuerza espiritual, que transforma el ánimo del enfermo y le da alivio incluso en su situación física. Esta fuerza es útil especialmente en el momento de la muerte, porque contribuye al paso sereno al más allá.

Preguntas para profundizar acerca de la Unción de los enfermos

¿Qué es la Unción de los enfermos?

 

Es un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad

 

¿La unción de los enfermos solamente se administra a los moribundos?

 

No. La Unción de los enfermos es bueno recibirla cuando estamos en peligro de muerte por enfermedad, e incluso por vejez. También es apropiado hacerlo antes de una operación importante.

 

¿Cuántas veces se puede recibir la unción de los enfermos?

 

Cuantas veces se requiera. Señala el Catecismo de la Iglesia que, si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento.

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